
«¿A qué juegan los trileros del PSOE? Pues parece que están utilizando las acusaciones de racismo como cortina de humo para desviar la atención de su giro belicista»
El reciente acuerdo firmado entre el PSOE y Junts sobre el reparto de MENAS ha generado un intenso debate político, evidenciando las tensiones entre el nacionalismo local y el nacionalismo nacional, así como las coincidencias ideológicas entre fuerzas aparentemente dispares como el PNV, Junts, el PP y Vox. Este pacto, que beneficia notablemente a las Vascongadas y Cataluña, gobernadas por partidos conservadores con fuertes raíces nacionalistas como el PNV y Junts, encuentra una sorprendente similitud con la nueva postura del PP en la Comunidad Valenciana, alineado con Vox. Aunque con matices, todos estos actores comparten una misma familia ideológica basada en la defensa de los intereses locales frente a imposiciones centralizadas, lo que pone de manifiesto una convergencia pragmática en torno a la soberanía regional y el rechazo a cargar con responsabilidades percibidas como desproporcionadas, o lo que es lo mismo; hablo del “simplismo trumpista” que tantas veces he defendido.

El acuerdo entre el PSOE y Junts establece un reparto que favorece los intereses de las derechas catalana y vasca, como sabemos y confiando en las cifras aportadas por Junts, argumentando –igual que hace el PNV–, un esfuerzo previo en la acogida y una capacidad limitada. Esta distribución no solo responde a cálculos demográficos o logísticos, sumado a los resultados de su ingeniería social, sino que refleja el peso político de los nacionalismos locales en la negociación con el Gobierno central. Junts y el PNV –defensores conservadores de la identidad regional–, han logrado imponer sus condiciones, priorizando sus intereses personales, las de partido, y en última instancia –como es normal– la protección de sus territorios frente a lo que consideran una política migratoria descontrolada.
Paralelamente, en la Comunidad Valenciana, el PP ha adoptado una postura similar tras pactar con Vox para aprobar los presupuestos autonómicos. Este acuerdo incluye el rechazo a recibir más MENAS si el Gobierno central no garantiza una financiación adecuada, una posición que coincide con el discurso de Vox sobre la necesidad de preservar los recursos locales y evitar una «invasión migratoria”. Aunque el PP tradicionalmente ha defendido un nacionalismo español de corte más centralista, su giro en Valencia evidencia una adaptación al contexto regional, alineándose con el nacionalismo local que Vox ha sabido capitalizar. Esta convergencia no es casual: tanto el PP como Vox, al igual que Junts y el PNV, comparten una visión conservadora que pone el bienestar de «los suyos« por encima de solidaridades abstractas impuestas desde Moncloa.
El nacionalismo local de Junts y el PNV, centrado en la defensa de Cataluña y Vascongadas como entidades diferenciadas, encuentra un paralelismo en la postura del PP valenciano y Vox, que abogan por proteger los intereses de las comunidades que gobiernan frente a lo que perciben como una carga injusta. Mientras Junts y el PNV lo hacen desde una perspectiva identitaria, el PP y Vox lo plantean desde un discurso de orden y resistencia al sectario centralismo progresista del PSOE. Sin embargo, el resultado es el mismo: una negativa a asumir responsabilidades que comprometan sus proyectos políticos o la estabilidad de sus regiones. Este rechazo une a estos partidos en una misma familia ideológica conservadora, donde la soberanía –ya sea nacional o regional– prevalece sobre el cosmopolitismo o la solidaridad interterritorial.
Criticar este acuerdo desde una óptica progresista es sencillo, pero obviaría la coherencia interna de estas posturas. El PNV y Junts, al igual que el PP y Vox en Valencia, defienden un principio básico del conservadurismo: la prioridad de lo propio frente a lo ajeno. Los matices entre el nacionalismo local y el nacionalismo nacional no diluyen esta afinidad esencial. En un contexto de creciente polarización, este pacto evidencia que, más allá de las etiquetas, la política española sigue girando en torno a la lucha por el control de los recursos y la identidad, ya sea en clave regional o estatal.

Mientras tanto, ¿a qué juega el PSOE? Pues en mi opinión parece que están utilizando las acusaciones de racismo como cortina de humo para desviar la atención de su giro belicista. El acuerdo con Junts, que reduce la carga de MENAS en Cataluña mientras otras regiones asumen más, ha sido tildado de racista por sectores progresistas y nacionalistas. Sin embargo, este debate podría estar sirviendo al PSOE para ocultar su respaldo al incremento del gasto armamentístico, alineándose con una postura más militarista en el contexto internacional. Mientras las críticas políticas, intelectuales y periodísticas se centran en la distribución de menores, el Gobierno avanza en su apoyo a políticas de defensa que implican mayor inversión en armamento, una decisión que choca con su tradicional discurso pacifista. Así, el PSOE transforma una crisis migratoria en una distracción estratégica, esquivando el escrutinio sobre su nueva agenda bélica.
Qué, ¿Cómo se quedan? Ya lo dice José Mota, “las gallinas que entran por las que salen”. A veces hasta yo mismo me sorprendo, y quedaría todavía por analizar la posición del PP de Madrid exactamente igual a la del valenciano pero sacando de la ecuación a VOX gracias a que “mi Isabelita”, tiene mayoría absoluta, pero bueno, eso es harina de otro costal que abordaremos mañana si se puede o nos deja la actualidad “pedrista”.
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Feliz día de San Martín de Dumio.
Españazuela a 20 de marzo de 2025.

