Un ministro en Teruel. Por Diego Pardos 

Ábalos en La Puebla de Valverde (Diario de Teruel)

«El conductor dio negativo en alcoholemia. Sólo se le pudo sacar que el transporte que llevaba era de un servicio público»

José Luis Ábalos Meco, flamante secretario de Organización del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana del Gobierno de España estaba inquieto en su despacho de los Nuevos Ministerios de Madrid. Allí, cerca de la pétrea presencia de sus correligionarios Indalecio Prieto y Francisco Largo Caballero “el Lenin Español”, sentía el peso del cargo y su responsabilidad ante la historia. Su secretaria particular intentaba cerrar la agenda para setiembre en tierras aragonesas. El día 16 era importante asistir al aniversario del Heraldo de Aragón con la presencia de Sus Majestades los Reyes. Pero ese mismo día a las diez había que presentar en la subdelegación del Gobierno en Teruel el Plan de Creación de Centros de Competencias Digitales y el Centro para la Gestión y Mantenimiento de Infraestructuras “Cloud” de Renfe, en el marco del Plan de Deslocalización de los Recursos del Ministerio de Transportes y etcétera. La noche anterior tendría que estar en La Puebla de Valverde para supervisar las obras ferroviarias de la línea Zaragoza-Teruel-Sagunto-Valencia. A don José Luis, que es de Torrente, le hacía especial ilusión la mejora de ese trazado que comunicaría las estaciones de Delicias y de Joaquín Sorolla con gran facilidad, contribuyendo así a estrechar los lazos entre las dos regiones. Era imperativo, pues, hacer noche en la hermosa ciudad de los Amantes. 

 

Tras un penoso viaje por carretera, agravado al ser el acto a las diez p.m., debido a la particularidad de las obras, tuvo lugar la cita con las autoridades y medios de comunicación. Allí estaban el presidente de la Comunidad Autónoma, señor Lambán y la señora doña Pilar Alegría Continente, delegada a la sazón del Gobierno en Aragón. También la subordinada del ministro y presidente de Adif, doña Isabel Pardo de Vera. Nada impidió que la crisis del Covid obligara a los presentes a protegerse con las famosas mascarillas, que tan pingües beneficios produjeron (sanitariamente hablando, se entiende) y a extremar las distancias de seguridad: lo fundamental era el servicio público que se ofrecía y del que serían testigos los periodistas. 

 

El ministro, en mitad del acto, se preocupó especialmente por las traviesas, y consultó tal extremo con su asesor don Koldo. No se sabe si éste entendió bien la pregunta pues respondió que ya habían sido trasladadas en furgoneta, cuando lo habitual es utilizar camiones. El cambio de traviesas, ya deterioradas, era en efecto fundamental para el buen uso del tránsito. De ahí el interés del titular de Transportes. 

 

Esa misma tarde, en previsión de que tan importante visita pernoctara, junto a su equipo, en el Parador Nacional de Turismo, el director de la cadena pública hotelera y destacado miembro del Partido Socialista, señor Oscar López, había telefoneado desde Madrid en persona a la dirección del establecimiento y se dispuso lo adecuado para agasajar al ministro. Por ejemplo: se había hecho acopio del mejor jamón serrano de la zona y de una especialidad local como son los “suspiros de amante”, un dulce delicado que sirvió para la ocasión la pastelería Muñoz. Acabada la rueda de prensa era ya la hora de cenar y del merecido descanso. Los grupos se dispersaban; cada cual volvía a sus domicilios o seguía viaje; otros apuraban el tiempo para pedir los consabidos favores políticos. El señor Ábalos, tan caballeroso, ofreció sendas habitaciones a la señora Alegría y a doña Isabel, para que tuvieran dónde dormir, pero ellas se excusaron, dicen que la segunda a consecuencia de una jaqueca y doña Pilar con el pretexto de volver a su domicilio de Zaragoza, aunque hubiera de madrugar para el acto de la mañana siguiente a las diez. 

Obra del artista lucense Chencho Pardo Valdés. Teruel. Detalle del Parador. 2002

El Parador se encuentra a las afueras de Teruel, en un lugar apartado de la ciudad, ideal para viajeros que deseen la tranquilidad y el silencio. Más aislado desde que se terminó la Autovía Mudéjar, ya nadie tiene siquiera la tentación de curiosear. Está construido en ese estilo como de palacio medieval que tanto gusta a los extranjeros que nos visitan y también al lehendakari cuando se reúne vis-à-vis con el Molt Honorable para hablar en español entre ellos y conspirar. A fin de que los gastos no fueran onerosos para las arcas del Estado se habían reservado varias habitaciones sencillas (una con dos camas para los hermanos García) y no se utilizaría el comedor. En su lugar, un picoteo frío se iba a servir en los porches acristalados, que hacen de cafetería, con alguna cerveza y refresco, además de infusiones. Era preciso dar ejemplo y evitar la “deslocalización de los recursos” del contribuyente. 

 

Pero una sorpresa agradable esperaba al convoy ministerial. En la misma puerta se encontraba aparcada una discreta furgoneta de la que habían descendido un grupo de jóvenes vestidas elegantemente. Pese a la hora intempestiva, la alcaldesa de Teruel, señora Buj, tuvo el detalle de contratar un cuarteto de cuerda del Conservatorio Profesional de Música. Pese a ser adversaria política, doña Emma, conocedora de sus gustos, quería dejar la fama de la ciudad en lo más alto ofreciendo a don José Luis un pequeño concierto para amenizar el ágape. Y agradecer al señor ministro la mejora de las infraestructuras y de las traviesas. 

 

Qué decir de aquella memorable velada. Entrevistado con discreción el personal de servicio, confesaron haber detectado un cierto mal humor entre tan notables clientes. Lo achacaron al lógico cansancio que toda carga pública provoca y a los disparatados horarios de la jornada. La noche fue apacible y silenciosa, como si todo el hotel hubiera estado ocupado por jubilados suizos. Las chicas guardaron sus violines, la viola y el chelo tras ser discretamente aplaudidas y volvieron a sus casas. En el exterior, cantaban los grillos y fumaban los policías. 

 

Mientras tanto, en la carretera nacional 234, a la altura del desvío de la Fuente Cerrada, un control de la Guardia Civil de Tráfico había parado un furgón sospechoso. Una docena de ciudadanas brasileñas viajaban en su interior. No todas llevaban su documentación en regla. Las gestiones duraron varias horas y fue preciso conducirlas a la comandancia de la Benemérita en La Fonfresca. El conductor dio negativo en alcoholemia. Sólo se le pudo sacar que el transporte que llevaba era de un “servicio público”. 

 

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020). Escribo, algunas veces, en el Diario de Teruel.

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