Francisco, Descanse en Paz y encuentre tanta como sembró en la izquierda. Por Antonio de la Torre 

Francisco, Descanse en Paz y encuentre tanta como sembró en la izquierda.

«No soy de los que aplaudo ese blanqueamiento que el mundo ateo y la izquierda se arrogan aludiendo al mejor Papa de la historia»

Acabado el pontificado del Papa Francisco, quiero compartir algunas de las opiniones que me han llegado y que en líneas generales comparto, porque no soy de los que aplaudo ese blanqueamiento que el mundo ateo y la izquierda se arrogan aludiendo al “mejor Papa de la historia”, seguimiento que, por sí solo ya pone en cuestión su papado. Me llegaba hace unos días un mensaje anónimo por WhatsApp que complemento con algunas notas: 

«Con la muerte del Papa Francisco, se cierra una etapa profundamente controvertida en la historia reciente de la Iglesia católica. Jorge Mario Bergoglio pasará a la historia como el primer Papa jesuita y el primero en nacer en Hispanoamérica, pero también como el Pontífice que introdujo un giro ideológico sin precedentes en el Vaticano, tensionando hasta el límite los equilibrios doctrinales de una institución bimilenaria. Su pontificado estuvo marcado por una inclinación política claramente alineada con la izquierda global. Desde su respaldo abierto a la Agenda 2030 de la ONU hasta su discurso sobre la migración o el cambio climático, Francisco convirtió la Sede de Pedro en una tribuna desde la cual se promovieron causas más propias de foros internacionales que del magisterio eclesial. Esta deriva activista, celebrada por el progresismo mundial, fue vista por no pocos católicos como una traición a la misión espiritual de la Iglesia.

El Papa que quiso ser “de los pobres” se convirtió en símbolo de una retórica que, más allá de sus intenciones, no logró frenar la creciente secularización ni mejorar sustancialmente la situación de los más necesitados. Su estilo, informal y populista, rompió con los protocolos ancestrales que durante siglos dotaron al papado de un aura de autoridad y respeto. Los gestos simbólicos –desde el culto a la Pachamama hasta las homilías improvisadas– generaron confusión doctrinal y alimentaron un clima de ambigüedad teológica sin precedentes.

Internamente, Francisco impulsó una reconfiguración del poder en el Vaticano que marginó a figuras sólidas por su fidelidad doctrinal –como el arzobispo Carlo Maria Viganò exnuncio papal en EE. UU., para dar paso a perfiles afines pero carentes de peso intelectual y moral. Bajo su mandato, el criterio de lealtad ideológica pareció primar sobre el de santidad y competencia. El caso de España es ilustrativo: su apuesta por el cardenal Omella, cercano al poder político –y con evidente deriva nacionalista, añado–, y por Monseñor Argüello, con pasado militante y simpatías izquierdistas, fue interpretada por muchos como un intento de congraciarse con el Gobierno, a costa de sacrificar la independencia pastoral». Baste como ejemplo el sentimiento, próximo a la lágrima, del ministro tres en uno, Félix Bolaños: «Francisco ha dedicado su vida a los débiles, a los que no tienen nada y a los que lo necesitan todo. Ha sido un papa que se ha caracterizado por su lucha contra la desigualdad, las injusticias, por su combate contra el cambio climático y por su preocupación por todos los que están en las periferias«.

Argüello tras Santiago Carrillo.

«El Sínodo de la Sinodalidad, su proyecto estrella, simboliza la crisis de identidad eclesial que él mismo alentó. Bajo la apariencia de apertura y diálogo, se ha incubado una dinámica que diluye el papel del magisterio y pone en entredicho el principio mismo de autoridad. En lugar de guiar al rebaño, el pastor parece dispuesto a seguirlo, aun si ello conduce al abismo del relativismo o, peor aún, a un cisma anunciado para el 2028, fecha en la que este proceso concluirá oficialmente.

Tampoco pasó desapercibida su actitud frente a los cristianos perseguidos, que rara vez merecieron una defensa rotunda. Prefirió enfocar su discurso en los refugiados –particularmente musulmanes– que en denunciar las atrocidades cometidas por regímenes islamistas contra miles de cristianos en Medio Oriente y África. Como jefe del Estado Vaticano, exigió a otros países una política de puertas abiertas, sin que su propia administración diese ejemplo».

Ciertamente, lo he visto más inclinado hacia la periferia de los que llegan en cayuco, en su mayoría acercados a una distancia prudencial de la costa en barcos de la Open Society de George Soros que de los terroristas del Boko Haram que denunciaba Luis Antequera en su magnífico libro Cristianofobia –que recomiendo–, que no sé si llegó a manos del Papa que se enterraba este sábado. 

«Su relación con el Papa emérito –mal llamado así en mi opinión–, Benedicto XVI, fue gélida, en el mejor de los casos. Muchos vieron en ello una metáfora de su desdén por la tradición, por la doctrina sólida, por la teología bien cimentada. Francisco eligió el camino de la ruptura, dejando tras de sí una Iglesia más dividida, más ideologizada y, quizás, más irrelevante en un mundo que necesita certezas más que gestos.

El Papa argentino ha muerto. Pero su legado, lejos de estar claro, será objeto de un profundo debate durante décadas. Para muchos fieles, el hombre que debilitó –Steffano Fontana el alma misma de la Iglesia» 

No menos interesante es esta otra reflexión que con las iniciales E. B. y una banderita de España recibía desde un grupo de amigos, también por WhatsApp:

«Ayer comenté en mis grupos de WhatsApp, ante la avalancha de opiniones negativas recibidas acerca del Papa recién muerto, que prefería no hablar sobre el Papa Francisco después de su muerte. Que ya lo había hecho en profundidad en vida de él. Que sólo la infame Izquierda lucha contra los muertos, como hace este infecto Gobierno comunista y su cobarde presidente Sánchez contra Franco, cincuenta años después de su muerte. Pero también dije que no iba a unirme ni a callar ante el presumible blanqueamiento de su figura que ya ha comenzado. Pues bien, ante el coro de elegías a la muerte de Francisco Bergoglio y el generalizado intento de lavado de su imagen por parte de la Izquierda atea, siento que debo pronunciarme al respecto.

Si bien es cierto que sus predecesores en el trono de San Pedro, Benedicto XVI y antes, aún más, San Juan Pablo II, pusieron el listón muy alto, el Papa Bergoglio no solo no ha estado a su altura, sino que, en mi opinión, ha sido nefasto para la Iglesia. Ha ejercido su pontificado más como un líder comunista que como un guía espiritual». Recuerdo cuando dijo algo así como que “El comunismo es lo más parecido al cristianismo”, que me hubiera gustado preguntarle si se refería al comunismo que dejó más de cien millones de muertos y tiene a varios países en la miseria y la ruina.

Llegó al papado en circunstancias muy extrañas tras la renuncia de Benedicto XVI (el primer Papa que renunciaba en seis siglos. Antes lo hizo Gregorio XII en 1415 como consecuencia del Cisma de Occidente, cuando había dos Papas rivales). Su predecesor, el cultísimo alemán Ratzinger, vivió aún diez años más tras su precipitada renuncia, nunca bien explicada. ¿Fue por motivos de salud o edad? ¿O fue forzada? ¿Se debió a la enorme influencia de la llamada mafia lavanda? ¿Tuvo algo que ver la masonería infiltrada en la Iglesia Católica? –me remito al enlace anterior del arzobispo Viganò– ¿Hubo “tongo” en su elección, como asegura el periodista católico Antonio Socci, violando las normas de la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis? Según este periodista, el Papa argentino no fue elegido en la quinta votación, anulada por la aparición de una papeleta de más, sino en la sexta, sembrando dudas sobre el cónclave que otorgó el papado a Francisco. También el sacerdote Ramón Guidetti sostiene el fraude de su elección, motivo por el cual fue excomulgado. 

Ya sea legítima o no su elección, el papado que acabó ayer del primer Papa americano y jesuita, no solo no estuvo a la altura de sus antecesores, sino que, desde mi punto de vista, ha sido nefasto. La situación de la Iglesia no es mejor ahora que hace doce años. Al contrario: Francisco ha creado una enorme confusión doctrinal. Muchos católicos hoy no saben si deben adorar a Dios o al planeta Tierra y su sagrado clima que no debemos contribuir a modificar. Si deben poner la otra mejilla tras recibir una bofetada o dar un puñetazo a los que insultaran a la madre de Bergoglio (en el contexto de aquellas declaraciones del Papa, al profeta Mahoma, justificando el terrorismo yihadista).

Jorge Bergoglio siempre se ha pronunciado con extraordinaria dureza contra el capitalismo, demostrando su absoluto desconocimiento también sobre la Historia y los fundamentos de la Economía. Trató de culpar de la pobreza, durante todo su pontificado, a los que más han hecho por evitarla: la libertad económica y empresarial. Además, decía con frecuencia que la pobreza no para de crecer, cuando los datos económicos, que, por supuesto, están al alcance del Vaticano, indican justo lo contrario. En gran medida gracias a la Economía capitalista. Donde sí crece la pobreza constantemente, es en sus admirados países comunistas a los que siempre apoyó, como Cuba, Venezuela, Nicaragua o Bolivia. Y es que lo peor del Papa Francisco, además de su desvarío teológico, doctrinal y moral, además de haber subvertido a la curia vaticana, haberse rendido frente a la homosexualidad y a las conductas que lastran los valores tradicionales del catolicismo, es haber ejercido de líder comunista, defensor del Grupo de Puebla, del cambio climático y el Wokismo. Ha tirado por tierra toda la impagable labor del Papa Karol Wojtyla contra el comunismo, que ayudó a acabar con las dictaduras de Europa del Este y todo el bagaje moral adquirido por la Iglesia durante su pontificado.

Además, siempre trató fatal la imagen de España, apoyando la Leyenda Negra y el revisionismo indigenista –llegó a decir Si voy a Santiago, voy a Santiago; pero no a España”–. Y se permitió humillarnos a todos los españoles pidiendo perdón en nuestro nombre a los americanos por el genocidio cometido durante la Conquista, demostrando su sectarismo y su desconocimiento de la Historia, así como su ingratitud hacia el país que más ha defendido SIEMPRE, a lo largo de toda la Historia, la religión y la Iglesia católica. Además de ser cabeza visible de la Iglesia Católica, Bergoglio era Jefe del Estado Vaticano, y cometió al hacer esas declaraciones un gravísimo error diplomático. Del mismo modo que no movió un dedo (tampoco lo hizo la Conferencia Episcopal Española, cortada por el mismo patrón), para impedir la profanación de la tumba de Franco y después la desacralización y destrucción del Valle de los Caídos y la expulsión de los padres benedictinos –veremos cómo acaba esto cuando se cede ante determinados personajes que mienten siempre y a todos–. 

Tiene además el difunto Papa un pasado muy oscuro, al que me referí públicamente en Radio Inter sin recibir demandas de la Conferencia Episcopal ni de nadie. En su Argentina natal, el exarzobispo de Buenos Aires fue un activo colaborador de la dictadura militar genocida, delatando y entregando sacerdotes tercermundistas, algunos jesuitas como él, o siendo cómplice del robo de bebés por los represores argentinos. ¡Menudo bagaje para dar lecciones morales y ser el representante de Dios en la Tierra! 

Milei y el Socialismo.

Como por su continuo compadreo con los regímenes más nauseabundos del mundo, como su viaje a Cuba a entrevistarse con Fidel Castro y rendirle pleitesía en su propia casa, cuando éste ya no ejercía ningún cargo público, habiendo cedido los instrumentos de matar a su hermano Raúl. El Papa Francisco ha mantenido siempre las mejores relaciones imaginables con los sátrapas al frente de dictaduras comunistas y corruptos liberticidas como Cristina Fernández de Kichner. Ha apoyado sistemáticamente a la dictadura bolivariana y a la nicaragüense, se ha compinchado con la dictadura comunista china y se ha posicionado más del bando de Rusia que del de Ucrania desde que fue invadida por Putin, el asesino ex director de la KGB rusa. Incluso se ha puesto más del lado de los terroristas de Hamás que de Israel, a pesar de que los yihadistas han expulsado a todos los cristianos de Gaza. Tampoco olvidemos aquel ignominioso regalo que recibió de manos de Evo Morales, sobre el que pesan gravísimas acusaciones: un crucifijo con Jesucristo en una cruz formada por la hoz y el martillo comunistas. 

Solo con ver quiénes dan públicamente sus condolencias por la muerte de Bergoglio y lamentan profundamente su pérdida (Sánchez, Bolaños y el resto de la mafia gubernamental española, además de todos los representantes de narcodictaduras izquierdistas mundiales, como Maduro, etc.), podemos hacernos una idea de lo que representaba el difunto Papa y de qué lado estaba. No se puede creer en Dios y en el comunismo al mismo tiempo. Ni servir a ambos a la vez, y se acaba siempre sirviendo al segundo. Eso es lo que la Historia y Bergoglio nos han enseñado una vez más. De no ser como es la Iglesia Católica, con dos milenios a sus espaldas, y con una capacidad de resistencia inigualable, el pontificado que acabó ayer podría haberla dejado tocada de muerte. Esperemos que del próximo cónclave salga elegido Papa un cardenal muy diferente a lo que ha sido Jorge Bergoglio».

Se abre ahora el paréntesis obligado para que se reúna el cónclave cardenalicio para la elección del nuevo Papa, en el que no faltan las quinielas, que apuntan a una continuidad, teniendo en cuenta que ciento ocho de los ciento treinta y seis cardenales que elegirán al sucesor de San Pedro han sido creados por el fallecido, pero la aparición del cardenal camarlengo, Kevin Farrell, con ornamentos del tiempo de Benedicto XVI tal vez suponga un punto de esperanza y no esté todo perdido. Que el Espíritu Santo ilumine a sus eminencias reverendísimas.

Fuengirola, 26 de abril de 2025

 

 

Antonio de la Torre

Aficionado a la política, decepcionado con mi corta experiencia en ese mundo, y preocupado con la situación de "España, S. A.". Modesto tertuliano y articulista de opinión. Comparto inquietudes y propuestas, tratando de ayudar a crear opinión para mejorar el pervertido sistema político que nos ningunea.

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