España en coma constitucional. Por Javier Ygartua

España en coma constitucional.

«Tras la concentración en Colón, una reflexión amarga: la España constitucional ya no existe. El viejo pacto se ha roto: toca construir una nueva España»

Miles de personas se manifestaron este fin de semana en Madrid en defensa de la España constitucional y en contra de las políticas de Pedro Sánchez.

Una concentración llena de dignidad y patriotismo… pero que deja una amarga reflexión: ¿de verdad sirve de algo? ¿Qué queda hoy de aquella España del 78?

Nada más acabar esta concentración, todo sigue exactamente igual que antes: la España constitucional sigue igual, el poder sigue exactamente como estaba…

Yo tengo una sensación melancólica de la España que conocí y defendí a costa de jugarme la vida frente a ETA. Tengo una sensación de tristeza y desolación por ver que esa banda terrorista ha asesinado a tanta gente y nos ha jodido la vida a tantos para que ahora —podríamos decir— estén cogobernando España y destruyéndola con la complacencia de este Gobierno. Lo de este fin de semana me ha dejado una sensación agridulce —y que no se me moleste nadie por decir esto.

Y ha sido así porque, sabiendo que la gente que se concentró este sábado en Colón lo hizo con sus mejores intenciones —son grandes patriotas—, si todos los españoles fueran como ellos, este país sería una gozada. Y, además, lo que dicen es la puñetera realidad. ¡Olé por ellos, claro que sí!

El problema de raíz —y por lo que tengo esta sensación agridulce— es que lo que nos ha llevado a esta situación horrible ha sido precisamente la España constitucional.

La España constitucional es la que ha parido a Sánchez, al igual que el régimen de Franco parió a Adolfo Suárez y al Rey. Pero si ustedes me preguntan qué hay que hacer, la verdad es que no sabría qué responderles. Si lo supiera y me dejaran, me dedicaría a la política —cosa que ni me dejan ni sabría cómo moverme en ella.

Sólo me dedico a comentar la actualidad en diferentes programas y en La Paseata, porque así lo quiere mi director, Manuel Artero. Pero lo que sí tengo claro es que mirar con melancolía lo que un día fue España y pensar que hay que volver a aquello es, para mí, un inmenso error, ya que —aunque nos duela— no va a volver.

La España constitucional ha muerto, queridos lectores.

Lo que hay que hacer es refundar la España constitucional, democrática, claro que sí. Lo que hoy se llama “España constitucional” es ya un muerto viviente, más muerto que vivo. Y a los muertos no se les revive, sino que se les da una sagrada sepultura.

Y en esa refundación de la España constitucional es necesaria gente como la que el sábado estuvo en Colón. Eso sí lo tengo claro. Y digo esto de que hay que hacer una nueva España constitucional porque los separatistas son hijos de la España del 78.

El Gobierno sabotea a España.

El Gobierno de Sánchez impide que se exploten sus riquezas naturales y engaña a los ciudadanos para justificar decisiones sin fundamento técnico. También en esto busca la división social, que es uno de sus pilares fundamentales. Pedro Sánchez no gobierna: declama. Declama desde el púlpito de la Moncloa como un Nerón con fotocopiadora.

Ha convertido España en un reality show institucional, donde la política se resume en ego, plasma y propaganda.

El hombre que llegó prometiendo regeneración ha terminado cercado, no ya por la oposición, sino por su propio espejo, que le devuelve cada mañana el rostro de un superviviente del naufragio moral.

En economía, Sánchez pasará a la historia como el hombre que dilapidó los fondos europeos entre palabrería y favores autonómicos. La deuda pública se ha desbocado como un caballo loco en un corral de subsidios. El país vive de prestado, como un adolescente al que le han dado una tarjeta de crédito sin límite.

La inflación late todavía en el carrito del supermercado, y los jóvenes no se emancipan: se exilian. Y luego está Puigdemont, ese convidado de piedra que ha pasado de prófugo a Príncipe de Waterloo. Porque —recuerden— el 20 % de nuestra pasta es para Cataluña.

Y es que, nunca en la historia de España, un presidente había arrojado tanta dignidad nacional por el sumidero del tacticismo.

La amnistía no es un gesto político: es un cheque en blanco firmado con el sudor de la Constitución. Una Constitución —la del 78— que, en mi opinión, como ya trasladé aquí, está más muerta que viva.

Por siete votos, Sánchez se ha tragado no ya las líneas rojas de la democracia, sino su propio discurso, sus propias promesas, y se ha llevado consigo la España que antes conocíamos.

Y, para dar más credibilidad a por qué digo esto con mucha pena en el corazón: la España del 78 se apagó de verdad. España se apagó literalmente, y Sánchez ni parpadeó. Nos recitó como en pandemia, pero crecido: dos charlas seguidas porque no encontraba 15 gigavatios.

El reciente corte de luz, que dejó al país sin suministro eléctrico, no fue sólo un fallo técnico: fue el retrato en negativo de un país gestionado a base de amiguismo. Y mientras tanto, la historia nos espera. La historia, que no perdona, que no olvida, que siempre acaba dictando sentencia.

Ya lo dijo el canciller alemán Otto von Bismarck, que pronunció estas palabras sobre España:
«Estoy firmemente convencido de que España es el país más fuerte del mundo. Siglo tras siglo intentando autodestruirse… sin éxito».

Echemos democráticamente a Sánchez. No confiemos nuestro futuro en estos políticos serviles (en esta afirmación salvo en gran parte a Vox). Hagamos, los ciudadanos junto a la sociedad civil, esa refundación de España.

No dejemos en manos de nadie lo que es nuestro futuro.

España resurgirá si trabajamos en ello.

¡Viva España!

Javier Ygartua Ybarra

Ex interesado en la política, siempre interesado en el deporte, ahora prácticamente en forma. Madridista ante todo, futbolero y fan de la Selección Española. Hala Madrid y nada más.

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