El Pacto de Calamocha. Por Diego Pardos

El Pacto de Calamocha

«En su emisora local recordó su primera colaboración en las Navidades de 2013 donde se fraguó el llamado “Pacto de Calamocha” con Miguel Ángel Rodríguez»

Hombre, por lo visto uno ya no puede ir a pasar un fin de semana con vistas al Guadarrama. No hay Parador de Turismo en el Guadarrama, que yo sepa, y si optamos por un chalé que más parece una dacha soviética que un palacio, los opinadores de la “batucada mental” (expresión que le robo a doña Rebeca Argudo) se ponen de los nervios y afilan los colmillos porque por fin han dado con la piedra de toque, han descubierto el talón de Aquiles, el tendón de Aquiles y la tortuga de Aquiles.

Pues resulta que doña Isabel Díaz Ayuso tuvo la ocurrencia de dormir un par de noches en una casa adquirida recientemente por la Comunidad de Madrid y ubicada en un paraje fresco y hermoso del municipio de Rascafría. No lo hiciera, en mala hora tuvo esa ocurrencia. Ni siquiera sus explicaciones calmaron a la fiera y encima han servido de cachondeo. Porque confesó haber cenado en el pueblo y haber pagado de su bolsillo; haber comprado en el Covirán y encima ir cargada de táper para que su estancia no fuera excesivamente gravosa para los bolsillos del contribuyente. ¿Cuál es el problema, entonces?

El problema es que doña Isabel Natividad se mete mucho con nuestro presidente del Gobierno porque dispone de tres palacios públicos para sus vacaciones (Quintos de Mora, Las Marismillas y La Mareta), lugares tan sencillos y baratos que no tienen servicio de táper ni cuentan en los alrededores siquiera con tiendas del Covirán. (¿Cómo harán para comprar una manzana y su botella de agua las compañías de la Benemérita que protegen y velan por el descanso presidencial?) El problema de la señora Ayuso es que tiene envidia de quien dispone y usa de varios aviones Falcon y helicópteros Puma para sus desplazamientos a los lugares de holganza. Y para no ser menos se escapa a Rascafría, a menos de hora y media de Madrid en automóvil, para ver ciervos y jabalís y corzos y liebres, como quien se va a La Granja de San Ildefonso, provincia de Segovia.

Algún lector puede tener la sensación de que esta columna defiende a la presidente de la región de Madrid y así es en parte, aunque ello enfade a más de uno. Si hemos de fiarnos de los navegadores que indican la ruta de un viaje, es posible llegar desde la plaza de Chamberí a la urbanización del Valle del Paular saliendo de Madrid hacia Colmenar Viejo y pasando (¡ay!) por Soto del Real. Para el regreso se puede tomar la carretera de Navacerrada, a la vera del puente del Perdón (no caiga en el error doña Isabel) sobre el río Lozoya y siguiendo por Becerril avanzar hasta Las Rozas, dejando bien atrás Galapagar, lugar célebre antaño por ser el pueblo del diestro José Tomás y actualmente famoso por por su seguridad, pues hasta en las puertas de los chalés se establece la Guardia Civil noche y día. Total, que ya estamos de nuevo en Chamberí, el calor es sofocante, se ha olvidado ya el frescor de la Sierra, y cuando vamos a entrar en el portal de la casa nos aborda un comando informativo micrófono en ristre, mandado por María Durán, vecina también a la sazón de Chamberí.

Que le ha dado por viajar lo pone de manifiesto este mes de julio tan aragonés, donde se le ha visto en Calamocha, Cariñena y Zaragoza. Donde, en un acto organizado por el Heraldo de Aragón elogió de manera afectuosa la capital de la comarca del Jiloca: “Calamocha es un pueblo que me encanta, siempre que pueda volveré”. Además hay Covirán, añado yo. En su emisora local participó, llenando el programa del director de Radio Calamocha, José Luis Campos, recordando su primera colaboración en esas Navidades de 2013 donde se fraguó el llamado “Pacto de Calamocha” con Miguel Ángel Rodríguez. También es casualidad que el día elegido fuera el viernes 18 de julio, San Federico. Y estuvo cenando. ¿Lo haría en el exitoso y ya veterano restorán del primo de Carlos Arguiñano? ¿Iría acompañada de la senadora y alcaldesa de Teruel doña María Emma Buj, con la que tanto me meto desde estas páginas?

De izquierda a derecha en la foto: Joaquín Juste, presidente de la Diputación Provincial de Teruel, Emma Buj, alcaldesa de Teruel, Isabel Díaz Ayuso, José Luis Campos, director de Radio Calamocha y Miguel Ángel Rodríguez. Al fondo el Monumento a los Danzantes.

Lástima que el viaje por las tierras de Aragón fuera posterior al de Rascafría. Porque la señora Ayuso podría haber comprado un delicioso jamón de Teruel, y acompañado de un vino recio de Cariñena, su fin de semana en el chalé de Rascafría hubiera sido más alegre, sin táper, que es invento de urgencia aunque muy práctico. Es de suponer que por carretera pasaran por Molina de Aragón, donde antaño contrajo matrimonio civil Norma Duval con José Frade. Y luego llegarían hasta Monreal del Campo. Allí se hacen unas conservas de campeonato y unas morcillas con piñones muy buenas. Doña Isabel Natividad, que en las fotos se la ve en camiseta (del grupo zaragozano Héroes del Silencio) y pantalón corto a causa quizá del calor o del requiebro, acaso no sabe que pisaba el llamado “triángulo del frío”. Cuyos vértices serían Calamocha, Molina, y yo insistiría en que el tercero fuera Used, de modo que así tendríamos dentro de él a las tres provincias. Y, parafraseando a su prosélito Jiménez Losantos, “en el invierno te espero, maña”.

 

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020). Escribo, algunas veces, en el Diario de Teruel.

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