
«Cualquier español que viaje a la mítica Mali debe conocer que aquel territorio está sembrado de topónimos españoles desde el siglo XVI»
Releyendo algún artículo mío retorno a la desconocida África por lo que extraigo algunos párrafos del trabajo que intencionadamente publiqué bajo el sugerente título «Los últimos visigodos. Los negros que fueron blancos».
No me considero ni mucho menos especialista en el Sahel, aunque algún compañero así me ha considerado, más fruto de la amistad que de otra cosa. Lo que sí es cierto es que Francia se arroga a los primeros visitantes y viajeros cuando no es así.
Se dice que en el siglo XIX Gordon Laing fue el primer en llegar a Tombuctú y que el primero que volvió para contarlo fue el francés Rene Caillé, que había salido prácticamente al mismo tiempo, aunque siguiendo otra ruta, pero en realidad debemos viajar en el tiempo mucho más atrás hasta nuestra ciudad de Almería.
Cualquier español que viaje a la mítica Mali debe conocer que aquel territorio está sembrado de topónimos españoles desde el siglo XVI y que allí se conservan documentos de nuestra historia y que sus celosos guardianes, los menos, se han preocupado de mantener la lengua de sus antepasados españoles, y además en su lenguaje diario yacen cientos de palabras castellanas y aragonesas.
En 1590 se produce un importante acontecimiento que condicionaría todo el futuro de la Curva del Níger. El cristiano renegado Yuder Pachá, Diego de Guevara, conquistó todo el territorio al frente de un ejército compuesto en su mayoría por moriscos españoles al servicio del sultán norteafricano Ahmad al-Mansur, también llamado «el Victorioso», sultán de la dinastía saadí que gobernó desde 1578 hasta su muerte en 1603 y conocido por su victoria en la Batalla de Alcazarquivir.

La lengua oficial de la expedición era el castellano y algunas de sus expresiones pasaron a formar parte del lenguaje coloquial de Tombuctú. Los integrantes de esa expedición fueron bautizados como «arma». Sus descendientes siguen siendo hoy día denominados por ese apelativo.
El origen de la denominación es claramente militar y deriva de la voz «al arma» de donde deriva ‘alarma’, que es precisamente el grito o voz militar que se lanzaba cuando eran sorprendidos por el enemigo e indicaba que los arcabuceros debían inmediatamente tomar las armas.
Yuder o Yauder Pachá fue un soldado y explorador nacido como Diego de Guevara en Cuevas de Almanzora, Almería, a mediados del siglo XVI y muerto en Marraquech en 1605. «Pachá» es la referencia al cargo de pachá o bajá que ejerció en Tombuctú. Yuder era de una familia morisca que huyó hacia tierras castellanas y levantinas tras el levantamiento morisco de las Alpujarras (1568-1571), asentándose luego en Cuevas de Almanzora.
Una incursión turca en el valle del río Almanzora capturó a unos trescientos muchachos, entre los que se encontraba Yuder, siendo llevados ante el sultán Abd al-Malik en Marraquech, próspera capital que acogió a pueblos enteros de moriscos exiliados como los de Órgiva o Tabernas.
Despreciado como todos los llegados al Magreb desde Europa, poco a poco fue avanzando en el escalafón social llegando a sobresalir en la batalla de los Tres Reyes, Alcazarquivir, en 1578, donde murieron los sultanes Al Malek, Al Muttawakil, así como el rey portugués Don Sebastián. Luego sería nombrado caíd de Marraquech.
Esta victoria reafirmó la hegemonía saadita y permitió al nuevo sultán, Ahmed al-Mansur, acometer un viejo sueño: crear un gran imperio en el África occidental, conquistando el imperio Songhay, la mayor agrupación política conocida en el occidente africano. Al Mansur puso al frente de esta empresa a Yuder Pachá; la historia narra que en octubre de 1590, un ejército hablando el castellano, compuesto de 4.000 granadinos, 500 europeos, 60 cristianos, 1.500 caballeros árabes y 1.000 auxiliares con 8.000 camellos llevando las provisiones y el material de guerra salieron de Marraquech y atravesaron el desierto… incluidos 4 cañones andalusíes.
La conquista hacia el sur se frenó por los pantanos ubicados en lo que hoy es Burkina Faso y, tras sufrir muchas bajas, decidieron regresar a Tombuctú, donde se instalaron. Con la llegada a Tombuctú de los «Arma» se estableció allí una insólita comunidad andalusí, de costumbres y lengua castellana, que mantuvo su poder hasta 1737 y preeminencia socio-cultural hasta la primera mitad del XIX, cuando fueron conquistados por la etnia peule. No obstante, los «arma» continuaron desempeñando un relevante papel en la política regional y participaron activamente en los procesos de independencia de Mali.
Hoy ‘los últimos visigodos’ recuerdan al conquistador que fundó su dinastía, el almeriense Yuder Pachá, y aún hoy se aferran a su origen andaluz, utilizan palabras raras castellanas con el mismo significado con el que las conocemos nosotros como alcaide, alfalfa, alfombra, alpargata, albornoz (albornos), ámbar, bakora (es el fruto de la higuera, que madura por San Juan), bonet, dacsa (maíz en valenciano), garrafa, intelligentsia, net, sabata, sabó, saya, má (aún hoy es una costumbre valenciana decir a los niños pequeños sedientos: «Vols má?», ¿Quieres agua?, en la orilla del lago Faguibin se encuentra el poblado Arma de Ras el-Má, literalmente A ras del agua, habitado por las familias Abad y Tormoz, y entre las mujeres arma, abunda el apelativo cariñoso español Nena, Nana, y en algunos otros casos el de Enana).
Estas curiosidades y otras más publicaré in extenso en La Paseata.

