Conversaciones en el andamio: la experiencia del fracaso. Por Francisco Gómez Valencia

La experiencia del fracaso.

«Urge que se despierten, abandonen toda esperanza y de paso se aparten porque de lo contrario, los apartaremos»

Casi todos los «los héroes de la flotilla» han regresado ya y por eso me he permitido investigar sobre el pensamiento oriental entendiendo por esto, aquello que proviene de sus tres grandes puntos neurálgicos es decir, China, India y el Islam.

Profundizando en este último, ya que es el que nos toca más de cerca, he leído bastante para tratar de entender a aquellos que siendo occidentales defienden a los orientales, es decir, traicionan su cultura. 

Los de más allí están tan alejados de nuestra cultura y de nuestras costumbres, que hacen muy complicado la coexistencia de ambos mundos en uno sin necesidad de levantar muros para protegernos. Sinceramente después de haber asistido estupefacto a la fantástica travesía desde su origen hasta el desenlace, llegó a la conclusión de que son conscientes de que cuanto más avanzan más miden su impotencia y esta los obsesiona y los devora, sin embargo, reconozco que pese a la experiencia del fracaso continuo y la frustración insalvable ante la imposibilidad de que su objetivo llegara a buen puerto, hay que reconocerles el valor que han tenido pues previamente sabían que iban a ser derrotados y sin embargo, salieron a disfrutar de la experiencia.

Me resultó gracioso como algunos grabaron vídeos despidiéndose de sus seres queridos así como diciendo «no temo a la muerte» en fin, a primera vista parecen una solemne y absoluta estupidez teniendo en cuenta que no iba a haber conflicto y de haberlo, sería provocado por ellos. 

Dijeron que iban a morir…

De hecho, la performance no iba a generar ningún malentendido en la mayoría social es decir, llegar a la verdad de las cosas implica en sí mismo aceptar previamente el desenlace que todos hemos visto y conocíamos de antemano, por lo tanto, el único temor al que podían enfrentarse era a su propia resistencia, incluso diría yo que a la de su propio cuerpo ya que el único dolor posible que podrían sentir era el de su fracaso.

Imagino que el objetivo de la flotilla debía responder a una necesidad, una obsesión íntima, una urgencia interior, aunque parece que lo que más les ha asustado, ha sido la reacción de los demás es decir, la absoluta indiferencia porque no ha habido violencia, no ha habido agitación, solamente lo que ha existido es el verdadero miedo a la soledad, la soledad del que sabe que lo que acaba de hacer no conduce a nada salvo acrecentar emociones las cuales, sin lugar a duda serán desterradas por el silencio y el olvido siendo estos, la mejor escapatoria para ellos.

No hay que llegar a ningún engaño, los que han formado la flotilla viven en el imperio de lo igual y por eso son la mar de felices, comen en restaurantes idénticos a los que no comparten sus ideas, recorren las mismas tiendas o incluso mejores y mientras tanto de sus bocas, no hacen más que salir expresiones tan sencillas de pronunciar como «violencia» u «odio». Me pregunto a qué aspiran pues solo están obsesionados en destacar en la sociedad exhibicionista de la que forman parte y, en la que lo más importante es escenificar la existencia de uno mismo y por eso hicieron los vídeos.

Está claro que ellos consideran que lo importante es lo que se dice y aunque es verdad que no hay humo sin fuego, hay fuegos que arden durante mucho tiempo en las ascuas sin que salga humo pero claro, cuando uno trata de vender humo en base a unas ascuas que no van a ser apagadas gracias a su histriónico activismo, este no hace sino incrementar en sus filas el desasosiego y el miedo generado por la atracción hacia ellos, aunque para eso necesitarían ser necesarios demostrando cierta austeridad, pero les gana la frivolidad.

Entre las sombras y la luz que desprenden, la humildad pierde frente a su ambición. Su afán por darse a conocer supera el dar a conocer el problema por lo tanto, caen en la tentación de vender su vida interior replegándose por completo al objetivo final que era mostrar la causa y esta es, que les ofenden las puertas, las fronteras, las paredes que odian, estar cercados dentro de esos muros, en los que han vivido siempre y anhelan controlar.

El Islam deriva de una cultura en la que saben a ciencia cierta que todo está destinado a la destrucción. Para ellos, la vida es efímera igual que lo es la concepción de la vida para los progresistas. Lo efímero lo consideran moderno. Me da la sensación que ven en la cultura árabe cierto aire de nomadismo, una forma de vivir al día. Una vida peliculera en la que predominan paisajes maravillosos de arena y viento. Escribía Ibn Jaldún allá por el siglo XIV, que «los árabes se pasan la vida viajando y que al estar constantemente desplazándose vive en lo opuesto a lo que hacemos los occidentales donde predomina la vida sedentaria», aunque reconoce que «esa vida sedentaria produce civilización». Para los musulmanes las piedras solo sirven como un punto de apoyo para sus marmitas, o la madera solo les sirve para hacer palos y estacas para sus vainas y, si entramos de hecho en la cultura marroquí, ellos atribuyen un lugar principal a la fortuna. «Los accidentes se deben aceptar con humildad». Esta afirmación es fruto de algunos pensadores marroquíes y a pesar de lo que dice Occidente, según ellos, esto no significa que la sociedad o la cultura marroquí se base en la resignación o el fatalismo, puesto que ellos también creen que son una sociedad digna y con amplitud de miras.

Leo que suele ser bastante normal en Marruecos usar la cita «ya está el muerto, lo hemos llorado y ahora, hay que vivir, es la voluntad de Dios». El profeta Mohammed decía que «esta tierra sirve para que los hombres habiten en ella como extraños estando solo de paso pues para los musulmanes, la vida aquí en la tierra solo es vanidad». Ellos creen que «viven a merced de Dios y su dignidad como creyentes se basa en la resignación», entonces… ¿por qué quieren formar parte de Occidente, si aquí el hombre moderno solamente sabe hacer trampas? 

Nuestra cultura se niega a mirar a la muerte de frente, y fingimos que todo va a durar y qué hay que trabajar para que los lugares sean eternos. Por eso nuestra sociedad adora el principio de la precaución, perseguimos el riesgo cero, odiamos el azar pues quebranta nuestros sueños, nos gusta controlarlo todo, qué casualidad, como a los integrantes de la flotilla.

Escuchando y leyendo muchos testimonios de inmigrantes –especialmente marroquíes –la mayoría dice que «no les duele la nostalgia de su país, le duelen sus muertos». De hecho para ellos «los muertos no están muertos, solo desaparecerán realmente cuando desaparezca la última persona que los conoció». Sabias palabras…

Sin embargo sus relatos son como todos, falsos, porque contar un relato es descender lentamente a los infiernos. Nada de lo que cuente un relato es verdad porque quienes vivieron esos acontecimientos seguramente no estarán de acuerdo con la versión oficial, pues la oficialidad es fría y es estrictamente aséptica. Seguramente lo más fácil es decir que quien hace un relato se equivoca, o que se lo inventa, o que no ocurrieron así las cosas y realmente, caer en la batalla del relato es una cuestión zafia pues, ¿qué conseguimos resultando de resolver estos enigmas si al final estos agujeros negros son infinitos?

Corregir la memoria genera rabia, inventar mundos paralelos es injusto puesto que no se puede reparar la injusticia del que vive peor. De hecho los personajes son presos de la imagen que tenemos de ellos, escribir sobre ellos sin comprenderlos no implica rechazar la realidad, sino tratar de comprender a los supuestamente humillados en el intento.

Cuanto más avanzo más me adentro en su sufrimiento pero no podemos enfermar de pena ni hacer nuestras sus pesadillas, puesto que jamás nos curaremos de esas. De hecho, si tuviéramos que elegir entre sobrevivir o hacer caso al relato, desde luego prefiero mil veces sobrevivir porque sin relatos no se sufre y no haciéndolos, se vive mejor.

Volviendo a los progres de la flotilla: alardean de estar con las minorías pero realmente lo que demuestran es que lo único que les gusta, son los musulmanes más occidentalizados, sus colegas, justo esos mismos que cuando llegan al país de destino en cierto modo lo sienten como suyo inicialmente, de hecho les gustaría ser aceptados aunque para ello se reivindican como extranjeros y a la vez, odian que los autóctonos los veamos como lo que son, extranjeros. 

Seguramente cualquier español asegurará que un musulmán es por naturaleza misógino y violento. Si preguntamos a un ciudadano marroquí residente en España, probablemente, si es del gusto de los progresistas además de defender que en su país solo existe la dulzura y la tolerancia, probablemente también defenderán lo contrario e insistirán en las misoginia y la violencia que los corroe, porque son resultado de sus actos. Lo triste es que la gente más educada no acostumbra a traspasar ilegalmente las fronteras ergo, no son talento.

Siendo realistas, todos debemos reconocer que es lógico que cuando llegan a nuestro país se sientan desorientados y en cierto modo, decepcionados porque no encuentran inmediatamente lo que buscaban es más, es que es precisamente cuando llegan cuando toman conciencia realmente de sus diferencias y comprenden verdaderamente, que pertenecen a otra cultura. 

La valentía que implica salir de su país, es lo que a los progresistas más les gusta, ideas como el laicismo, la universalidad en fin, que le resultan exóticos y echan la culpa a la ideología colonial para promover el enfrentamiento contra aquellos que defendemos, que «este país no es suyo» y que ellos, «viven en nuestro país» pero es que ellos, creen –y me refiero a los musulmanes –que «aquellos que no lo son no irán al paraíso» y aunque es verdad que en sus propios países reina  la intolerancia, allí el conservadurismo y el fanatismo se desarrolla igual que en Occidente, por lo tanto… ¿es que acaso esto no lo ven los progresistas?

Los defienden y admiran porque se han atrevido a moverse, a rebelarse, a cruzar sus límites, o a cruzar el barrio cuando lo normal sería no sobrepasar los márgenes y estos, los márgenes, no son solo físicos, por eso ellos consideran que no están obligados a nada.

Para los musulmanes si no te puedes largar de dónde te encuentras, significa que estás en el lado de los débiles. De hecho los jóvenes marroquíes sueñan con otros mundos, y están dispuestos a morir para llegar a ellos. Quedarse en su país significa verse obligados a la inmovilidad y esa idea romántica a los progresistas, les encanta porque «el deseo de Occidente» es cierto.

El ego de «Barbie Gaza».

Millones de personas afortunadamente están condenadas a no salir de su país, pero para un progresista cuya finalidad en su vida es  ejercer de abogado de pobres, les vienen como anillo al dedo. ¡Cómo no van a defender que no se queden impedidos y encerrados! Curioso, ellos que están en contra de cualquier prohibición ya que les encanta la anarquía bajo su supervisión, son presos de su ego. 

En fin que no me alargo más; encontrar otro mundo donde inventarse y ser ellos mismos está muy bien pero, que haya una parte de Occidente obsesionada en querer que le sigamos en su objetivo vital, perdónenme pero va a ser que no, urge que se despierten, abandonen toda esperanza y de paso se aparten porque de lo contrario, los apartaremos.

Feliz día de Nuestra Señora del Rosario.  

Españazuela a 7 de octubre de 2025 

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

Artículos recomendados

Deja un comentario