
«Nuestro maquiavélico y narcisista psicópata –ya saben eso de la Triada oscura–, esta vez en su versión showman, se alargó con su perorata hasta el hastío de millones de españoles»
Empiezo por decir que nunca entendí para qué sirven realmente las comisiones de investigación en Congreso y Senado, más allá del objetivo político del partido que las propone, que, generalmente, no acaban en nada salvo en los consabidos “y tú, más”, con los que los investigados responden generalmente a los investigadores, cuando responden, casi nunca a lo que se les pregunta. Y la historia se repetía el jueves.
No tuve la paciencia de ver las cinco tediosas horas en las que el presimiente trató –y en buena parte, consiguió– de tomar el pelo a más de media España, pero sí seguí la primera interpelación, la de la senadora de UPN, María Caballero –después volveré sobre ello– que fue suficiente para confirmar lo que se preveía, el compareciente no iba a decir nada, más allá de intentar aburrirnos con sus monólogos leídos.

Nada que ver con aquellas “Cinco horas con Mario” que escribió Miguel Delibes en 1966 y que la gran actriz Lola Herrera llevó por toda España durante más de cuarenta años. Y mientras ésta última resumía de manera magistral, en algo menos de hora y media, un monólogo con su marido recién muerto súbitamente, que se hacía corto, nuestro maquiavélico y narcisista psicópata –ya saben eso de la Triada oscura–, esta vez en su versión showman, se alargaba con su perorata hasta el hastío de millones de españoles que vemos como la gran España que recibimos de nuestros padres y abuelos agoniza lentamente. Para algunos, desde hace veintiún años, con la nefasta llegada de José Luis Rodríguez Zapatero, para los que somos menos comprensivos y más mayores, desde hace casi cincuenta, gracias a una Constitución demasiado abierta e interpretable en cuestiones fundamentales y que unos y otros no se preocuparon de limitar esas interpretaciones, hasta permitir que se consumara ese monstruo autonómico que nos devora y una nefasta ley electoral permisiva de alianzas contra natura con y entre partidos con escasa representatividad, para fines de intereses partidistas y nunca pensando en el verdadero interés general del pueblo español supuestamente representado.
No cabe duda de que el doctor Plagio cum Fraude se había preparado muy bien su comparecencia y llegó dispuesto por todos los medios a intentar llevarse la comisión a su terreno, en lo que es especialista, y, sin hacer caso a lo que se le preguntaba, leía lo que le parecía, tuviese que ver o no con la pregunta. Se ve que le sirvieron los cerca de cuatrocientos asesores personales que dirige de los casi mil que pululan por Moncloa y que entre ellos cuenta con tres guionistas de cine y dos directores de escena. No quiso enterarse en ningún momento de que la comisión no era una sesión del pleno del Congreso en el que no tiene límite de tiempo y siempre cierra él las réplicas y, como decía, leía lo que llevaba preparado hasta terminar lo que quería, pese a las preguntas cruzadas de los senadores, que parecían no importarle mucho.
También se vio que debió ir bien aleccionado por sus asesores jurídicos ante la advertencia que le dejaba días antes al respecto, desde Zaragoza, el presidente del PP, Alberto Núñez Feijoo: «Vamos a ver qué pasa, aunque habría que advertirle de que si miente incurrirá en un delito. Yo le digo que escoja bien, aunque, si miente, irá al juzgado y si dice la verdad, también». Y en esa línea, la mayoría de sus respuestas fueron haciéndose el sueco para no caer en un posible falso testimonio que le complicara aún más el oscuro horizonte judicial que ya tiene: 18, “No me consta”; 11, “No lo sé”; 7, “No tengo constancia”; 6, “No recuerdo”; 5, “Lo desconozco”; 3, “No sabría decirle” y 2, “No tengo conocimiento”.

Y tampoco conviene olvidar que alguna influencia debe haberle transmitido su director del gabinete de Presidencia, Diego Rubio, que tituló su tesis doctoral en la Universidad de Oxford como The Ethics of Deception (La ética del engaño), en la que trataba el secretismo y la desinformación, que no cabe duda forman parte fundamental de la línea comunicativa del Gobierno. Y tampoco parece baladí a la hora de entender la tendencia a la agresividad del Loro Park de la Moncloa que uno de los fichajes de ese jefe de gabinete como asesor de su departamento haya sido el excolaborador del Grupo PRISA y agitador mediático Idafe Martín.
No tengo la menor duda de que también forma parte de su mentira permanente una de las cosas que más destacaron en la comparecencia del nuevo Houdini de la política para contribuir a su escapismo, las tan agitadas como aparentemente inútiles gafas Christian Dior que manejaba como elemento de distracción y apoyo, más que de lectura, tenían los cristales sin graduación. Lo digo porque estuvo mucho más tiempo leyendo sin ellas que con ellas y, en particular, leyó sin gafas su perorata final de más de cinco minutos, con la que consiguió también en esta ocasión cerrar la sesión con su discurso casi ilimitado en el que fundamentalmente se dedicó a atacar al PP, como había hecho en no pocas no respuestas anteriores.

Lo mismo que más que presuntamente mintió cuando dijo que “no sabía que Delcy estaba sancionada por Europa” y que tenía prohibido pisar suelo europeo o cuando dijo que no cesó a José Luis Ábalos en julio de 2021 porque le llegaran informes de sus vicios y de su manejo sospechoso del dinero, sino porque quería dar un nuevo impulso a su gabinete tras la pandemia que fue en 2020. Y cuando dijo que no fue él quien colocó a Ábalos como número dos por Valencia en la lista electoral de 2023. El mismo Ábalos al que se refirió así con algún que otro titubeo cuando le preguntaron si conocía sus “aficiones”: “Yo, en el caso de José Luis Ábalos, pues, efectivamente, fue una persona de mi máxima confianza política, es así, era una persona elocuente, una persona articulada, una persona que, efectivamente, pues, políticamente, es una persona sólida, pues nada tenía que ver con sus circunstancias, sus hábitos y su cotidianidad, que yo desde luego desconocía”.

No se refirió así respecto de Koldo García, del que dijo que apenas tuvo trato y que “La relación que yo tenía con Koldo García era absolutamente anecdótica, él era al final el asesor o una persona de colaboración –como si no supiera qué era– de José Luis Ábalos, con lo cual, en fin, no recuerdo en cuántas ocasiones pude hablar con él pero yo le puedo garantizar que han sido las mínimas posibles”. Ya veremos qué opina de este desprecio “EL último aizcolari socialista, un titán contra los desahucios” que “Pamplona nos descubrió a uno de los gigantes de la militancia en estas tierras navarras” con un «socialismo de raíz, así es Koldo, un inagotable aizcolari contra las injusticias, un ejemplo para la militancia», como se refería a él que había hablado con él “las mínimas ocasiones posibles”, después de haber sido el celoso guardián de los avales de las primarias en las que el desconocedor de todos sus compañeros del Peugeot, y de algunos más, llegó a la Secretaría General de la PSOE: “El día de la entrega era el 4 de mayo. Las dos noches anteriores, Koldo, un miembro de la candidatura, se quedó a dormir en la oficina para custodiarlos…”.
También hay que destacar la memoria selectiva que demostró ante la comisión durante toda la comparecencia, además de su falta de respeto al calificarla como “Comisión de difamación”, “Comisión Inquisitorial” o “circo”, como hizo en más de una ocasión. Así como su repulsivo sentido del humor que hizo estallar en alguna ocasión el aplauso de sus palmeros, como cuando la antes citada senadora de UPN, María Caballero, hija de Tomás Caballero, víctima de ETA, le preguntaba por los que viajaban en el Peugeot: «Mire, a mí me acompañaron miles y miles de compañeros y compañeras», a lo que la atónita senadora le espetaba: Pero en el coche no caben tantos… Quiero decir, en el Peugeot, ¿cuántos iban? Y ahí salió el chulo que lleva dentro: “Me está preguntando usted que cuántos iban en el Peugeot, señoría… (soltando una risotada), depende del día”, que terminó con una sonora carcajada (Jajajaja) ampliada por sus fieles sanchistas. Aunque no tuvo más remedio que reconocer su cobro en efectivo alguna vez: “Estoy convencido de que en alguna ocasión he podido liquidar gastos, siempre con factura, es lo que se ha dicho por parte de otros responsables, como secretario general del Partido Socialista” (sic). No sé si tampoco se acordará de aquello que dijo también cuando censuraba la posible corrupción de algunos miembros del Partido Popular, respecto a que ni un minuto duraría un corrupto en el partido socialista de Pedro Sánchez: “Quien se enriquece aprovechando un cargo público verá como todos sus bienes y derechos se destinan precisamente a devolver el dinero que ilícitamente ha obtenido, es decir, no es solamente que el corrupto la pague, por los hechos delictivos que haya cometido, sino que también lo pague, con su patrimonio, con sus bienes y con los derechos que ilícitamente haya obtenido en su caso”. No van a dar abasto…

Posiblemente, la advertencia del senador de Junts, Eduardo Pujol, pudo ser la que le hiciera más mella: “Después de escucharle, nos queda muy claro que hoy aquí, en los últimos años, pues usted se ha comportado, tiene tendencia a ser o un Houdini o un trilero, cosa que no le ayuda ni a usted ni a la política, presidente. Ser poco serio, la verdad es que no te lleva a prisión, es cierto, pero te condena a perder apoyos y a vivir en la debilidad parlamentaria más absoluta, y si no tiempo al tiempo”. Por cierto, que la militancia de ese partido, el 87% del 66% que acudió a la votación, ratificó la decisión de Carlos Puigdemont y su ejecutiva de romper con el gobierno.
Pero como decía al principio, mi sensación de estas comisiones de investigación es que no sirven de mucho y, en concreto, el papel del Senado, que sigo sin entender también su consideración de Cámara Alta creo que es manifiestamente mejorable y, en mi opinión, una gran cantidad de españoles nos cuestionamos su utilidad y no tenemos duda de que su desaparición no sólo no se notaría, sino que supondría un importante ahorro de gasto público bastante inútil, si tenemos en cuenta el costo para el Presupuesto de los doscientos sesenta y seis senadores, no sé cuántos asesores, funcionarios, edificios, instalaciones y medios y demás prebendas. Claro, que algo parecido se puede decir de la Cámara Baja –ésta, cada día más acorde con el término– que podría reducirse a la vigésima parte o menos, si tenemos en cuenta que nuestros supuestos “representantes” votan al dictado de sus líderes, pero este es otro tema que no toca aquí.

En definitiva, y visto que no se puede esperar mucho del resultado de esta y otras tantas comisiones de investigación, que investigan poco, ya que la evidente responsabilidad política, que sería lo único esperable, está claro que no la asumen nuestros políticos. Así que habrá que esperar a que se vaya cerrando el círculo judicial, que parece que avanza con la ayuda de los numerosos informes de la UCO, que acaba de enviar al Supremo otro más, que parece que deja mal parado a otro ministro socialista, Ángel Víctor Torres que debe seguir soñando con las mascarillas y alguna que otra cosilla. Y ya veremos también si el amigo Ábalos sigue callando o acaba por llegar a un acuerdo con la fiscalía anticorrupción en esa especie de “UCO o Trato”, parafraseando lo que estos días deja esa insufrible fiesta de Halloween que los EE. UU. importaron de Irlanda y nos han devuelto a Europa corregida y aumentada.
Y roguemos por los fieles difuntos (D. e. P.).

