(I) China y la legión perdida. Por José Crespo

China está de moda, pero… ¿qué tiene que ver esta frase con lo que viene a continuación?, pues que hace dos mil, o incluso mucho antes, años oriente y occidente no estaban tan distantes a pesar de no contar con coches, trenes ni aviones, sólo con las propias piernas y ese gran amigo del hombre que hizo que su mirada, su perspectiva del mundo cambiara por completo, el caballo.

«La legión perdida podría tener mucho que ver con un hecho ocurrido en el siglo primero de nuestra era y que enlaza a Roma con la misma desconocida y enigmática China»

La legión perdida de Craso.

La legión perdida de Craso, o simplemente la legión perdida, es el nombre con que se conoce a una hipotética legión romana compuesta por parte de los cerca de 10.000 legionarios hechos prisioneros tras la batalla de Carras por los partos en el año 53 a. C. Esta legión, «perdida» para los historiadores romanos, reaparecería supuestamente en las crónicas chinas en el año 36 a C.

 

Los partos, en latín Parthi, fueron un pueblo que fundó en el siglo III a. C. un imperio en el territorio de lo que hoy en día es Irán. La región de Partia quedaba al noreste de Irán conocido sobre todo por haber sido la base política y cultural de las dinastías arsácidas por las que el Imperio arsácida es entonces conocido también como el Imperio parto. El nombre latino Parthia deriva del antiguo persa Parthava o Partawa, que era la designación que los partos se daban a sí mismos en su idioma y que significaba «de los partos».

 

Durante la época de la magistratura del agitado triunvirato de Julio César, Pompeyo y Craso, éste último se hizo cargo de la campaña contra los partos y avanzó por la actual Turquía al frente de un imponente ejército de 42.000 soldados, articulados en siete legiones, 4.000 arqueros y 4.000 jinetes galos, volumen que les hizo creer que serían capaces de escarmentar a la temida caballería parta, cuerpo principal del ejército enemigo. Pero los romanos fueron derrotados en Carras, en la actual Harrán en Turquía, por el ejército parto, siendo humillado el ejército más poderoso del mundo de entonces. Los partos dieron muerte al triunviro Craso e hicieron prisioneros a más de 10.000 soldados.

Imperio parto

La Batalla también conocida como de Carrhae, fue un impresionante enfrentamiento militar acaecido en el año 53 a. C. en territorio de la Gran Armenia, entre el ejército romano mandado por Marco Licinio Craso, gobernador de Siria, y el ejército parto al mando del Spahbod Surena. Esta fue una de las derrotas más severas que sufrió la República romana.

 

Craso era un miembro del Primer Triunvirato y uno de los hombres más ricos de Roma deseoso de gloria militar y riqueza que prometía una campaña exitosa contra Persia, decidió invadirla sin consentimiento oficial del Senado romano con algo más de 39.000 hombres. Tras rechazar la oferta de auxilio del rey de Armenia Artavasdes II marchó directamente por Mesopotamia.

Avance de Craso

Cerca de Carras se produjo el enfrentamiento en el que Surena a pesar de su amplia inferioridad numérica rodeó a la fuerza romana y la destruyo casi por completo. Craso murió cuando las negociaciones se tornaron violentas, su muerte significó el final del Primer Triunvirato y la futura guerra civil romana protagonizada entre Cayo Julio César y Cneo Pompeyo Magno.

 

La guerra con Partia fue consecuencia de los acuerdos que buscaban el mutuo beneficio para los miembros del triunvirato formado por Craso, Pompeyo y César. En marzo y abril del 56 a. C. se celebraron en Rávena y Luca, en la provincia cesariana de la Galia Cisalpina reuniones para reafirmar la alianza lograda cuatro años antes. Se acordó que reunirían los partidarios y recursos para lograr la prolongación de la comandancia de César en las Galias y la elección conjunta de Pompeyo y Craso en el consulado. 

Arqueros partos rodeando a las fuerzas romanas, lanzando sus dardos sobre la marcha.

Los medios para esto fueron los tradicionales, mando militar, ocupar puestos políticos con sus aliados y promover leyes que los beneficiaran. Durante las elecciones usaron el soborno, clientelismo y la presión de un millar de soldados traídos por Publio Licinio Craso desde la Galia. Sus esfuerzos obtuvieron éxito y la legislación aprobada por Gayo Trebonio en el 55 a. C. (Trebonia Lex) otorgó gobiernos proconsulares de cinco años para César en la Galia y los dos cónsules salientes, Hispania para Pompeyo y Siria para Craso, con la evidencia intención de ir a la guerra con los partos. 

 

El rico Craso era un hombre de sesenta años y con impedimentos auditivos cuando se embarcó en su campaña militar. 

Un ejército de jinetes derrotó a Craso

Plutarco dice que la avaricia y falta de popularidad fueron los motivos de la guerra pero el historiador Erich Gruen dice que era para enriquecer el erario público ya que su riqueza personal era más que suficiente. Otros historiadores modernos sostienen que fue la rivalidad con sus aliados, Craso no tenía gran popularidad como comandante militar, su carrera fue eclipsada por Pompeyo y por las recientes y exitosas campañas de César. Sin embargo, Craso había derrotado a Espartaco en la batalla del Río Silario y fue el factor clave en la victoria contra los populares en la batalla de la Puerta Colina. Recuerda Plutarco que César, quien estaba en la Galia, apoyo los planes de Craso. Otro factor de llevar a cabo la guerra era que se esperaba que fuera una campaña militar relativamente fácil, en la línea de anteriores victorias pues anteriormente las legiones romanas habían aplastado las fuerzas de los reinos de Ponto y Armenia. 

 

Cicerón sostiene, sin embargo, otra razón: las ambiciones del joven y talentoso Publio Craso, quien ya había luchado en la Guerra de las Galias. Esperaba a su regreso ser recompensado con condecoraciones y cargos para iniciar su propia carrera política. Para el historiador romano la batalla no solo fue un desastre militar para Roma o un final desafortunado para Marco Licinio sino que un final demasiado prematuro para el prometedor Publio.

 

Algunas autoridades y notables se opusieron a la guerra, Cicerón la llamo nulla causa, sin justificación, ya que los partos tenían un acuerdo de paz con Roma. El tribuno de la plebe Gayo Ateyo Capitón se opuso energéticamente llegando a llevar a cabo una execración pública contra el ex-cónsul por partir.

 

A pesar de las protestas y presagios horribles, Craso dejó Roma el 14 de noviembre de 54 a. C. Publio Craso llevó consigo a sus jinetes que se mantuvieron fieles a él hasta el fin.

La lluvia de flechas fue incesante sobre los legionarios

Preparación de la campaña

Craso llegó a Siria a finales del 55 a. C. y emplea de inmediato sus riquezas para levantar un gran ejército. Reunió un ejército de siete legiones (35.000 legionarios), 4.000 auxiliares y 4.000 jinetes, incluyendo los mil galos. Pronto contó con el apoyo del rey armenio Artavasdes II que le aporto 6.000 jinetes. 

 

Poco después el rey le aconsejo avanzar por su reino y por eso le aportaría 16.000 jinetes y 30.000 infantes. Pero Craso cometió el error arrogante de rechazar la oferta, seguramente para no tener que compartir el botín de su campaña con el monarca, y marchó directamente a Mesopotamia, infringiendo con ellos también un grave perjuicio posterior al rey de Armenia.

Catafractas partos

En respuesta a esta ofensiva el rey Orodes II de Partia dividió sus ejércitos y envió la mayoría de sus tropas a castigar a Artavasdes II mientras que dejó solo a 10.000 hombres al mando de Surena guarneciendo Mesopotamia, el monarca esperaba que la fuerza inferior de su general sería incapaz de detener a Craso y le dio la única misión de retardarlo.

 

Craso recibió la ayuda del cacique árabe Ariamnes, quien ya había apoyado a Pompeyo en sus campañas orientales, como guía y con un contingente de 6.000 jinetes. Craso confió en Ariamnes pero este era leal a los partos y le propuso que debía atacarlos afirmando que estaban desorganizados y debilitados.

 

Finalmente condujo a las legiones por los lugares más inhóspitos y desoladas del desierto, lejos de cualquier fuente de agua. El general romano recibió entonces una carta de Artavasdes quien le informo que el principal ejército romano estaba en Armenia y necesitaba su ayuda. Craso lo ignoró y siguió su marcha hasta las inmediaciones de ciudad de Carras donde se encontró al ejército de Surena. 

La batalla

Tras ser informado de la presencia del ejército parto, Craso perdió los nervios. Su general, Casio, le recomendó desplegar el ejército al estilo tradicional romano, con la infantería en el centro y la caballería en los flancos. 

 

Aunque inicialmente estuvo de acuerdo, Craso terminó por formar un cuadrado con cada lado formado por doce cohortes. Esta era la formación usual en caso de ser desbordado, pero quedaba sin movilidad. Las fuerzas romanas avanzaron hasta un arroyo. Sus lugartenientes aconsejaron a Craso hacer un campamento y atacar a la mañana siguiente, con el fin de dar a sus hombres la oportunidad de descansar. Publio, sin embargo, estaba deseoso por entrar en combate y convenció a su padre para que iniciara la batalla. 

Miniatura de una crónica medieval en la que se representa a un arquero a caballo turco otomano poniendo en práctica el disparo parto.

Los partos optaron por la acción sicológica, tratando de intimidar a los romanos en primer lugar con el empleo de un gran número de tambores redoblando al mismo tiempo para tratar de asustar a sus rivales, haciéndoles creer que eran muchos más de los que realmente eran. A continuación al llegar a la vista de las legiones dejaron caer sus telas para que se vieran sus brillantes armaduras.

 

Surena que inicialmente había planeado romper las líneas romanas con sus catafractas, rápidamente se dio cuenta de la inutilidad de la medida por lo que lanzó a sus arqueros a caballo para que envolvieran la formación romana en cuadro disparando sus arcos sin detenerse. La densidad de tropas romanas y lo apretado de su formación garantizó que cada flecha diera en un objetivo; gracias a sus arcos compuestos cada flecha llevaba suficiente fuerza para penetrar la armadura y, en parte, los escudos romanos. 

Formación en tortuga y recreación. Dibujo de un bajorrelieve de la Columna de Marco Aurelio extraído de la Enciclopedia Meyers.

Los legionarios estaban bien protegidos por sus largos escudos (scutum), pero éstos no podían cubrir todo el cuerpo. Por lo tanto, la mayoría de las heridas no fueron letales, ya que alcanzaron a las extremidades. Los romanos contraatacaron varias veces contra sus enemigos, pero estos retrocedían disparando flechas sin detenerse, táctica conocida como disparo parto. Los legionarios formaron entonces un testudo para resistir las flechas, pero restringía su capacidad de combate cuerpo a cuerpo, lo que era aprovechado por los catafractas para cargar contra distintos grupos, rompiendo las líneas romanas en distintos puntos y causándoles muchas bajas. Cuando los romanos abandonaban dicha formación los catafractas huían y los jinetes ligeros volvían a usar sus arcos.

 

Craso mantenía la esperanza de que los partos terminaran agotando sus flechas, pero Surena había previsto esta contingencia y había llevado un millar de camellos cargados de dardos para reabastecer a los arqueros. Ante esta situación, el general romano envió a su hijo Publio con sus jinetes galos a ahuyentar a los partos, pero los arqueros a caballo se retiraron simulando una retirada, envolviéndoles y disparándoles. Tras sufrir importantes bajas los catafractos les atacaron. Los arqueros a caballo rodearon a los galos y les cortaron la retirada, resultandos masacrados.

 

Craso, sin conocer la pérdida de su hijo ordenó el avance general para rescatarlo, pero entonces vio la cabeza de Publio en la punta de una lanza. Entonces los arqueros a caballo empezaron a rodear a la infantería romana disparándoles desde todas las direcciones mientras los catafractos cargaban contra los grupos de legionarios desorganizados y aislados. El ataque de los jinetes no cesó hasta la noche. El triunviro, desconcertado por la pérdida de su hijo, ordenó la retirada a la ciudad de Carras dejando tras de sí 4.000 heridos que fueron masacrados o capturados por los partos al amanecer. 

Desarrollo de la batalla

Al día siguiente Surena envió un mensaje a los romanos ofreciéndose a negociar con Craso, proponiendo una tregua, permitiendo a las tropas romanas retirarse a Siria a salvo a cambio de que Roma renunciara a avanzar más allá del río Éufrates. Craso era reacio a reunirse con los partos, pero sus tropas amenazaron con amotinarse si no lo hacía. Durante la reunión un parto tiró de las riendas del caballo de Craso, lo que inicio una discusión que pronto se tornó violenta y acabó con la muerte del mismo triunviro y los generales que le acompañaban. Después de eso los partos, supuestamente, vertieron oro en la garganta de Craso como símbolo de burla de su avaricia conocida.

 

Los legionarios que estaban en Carras intentaron huir. Ariamnes prometió guiarlos por el camino a Siria, pero Casio, con 500 jinetes y 5.000 infantes, desconfió de él y siguió su propio camino hacia Siria. Los que confiaron en Ariamnes fueron conducidos a una nueva trampa donde los rodearon los partos y fueron muertos o capturados. 

 

Plutarco indica la magnitud del desastre con 20.000 muertos y 10.000 prisioneros. Las perdidas partas son desconocidas, pero es muy probable de que fueran mínimas comparativamente. Los romanos supervivientes llegaron en pequeños grupos a Siria por su cuenta. A partir de este momento el destino de los prisioneros es incierto por lo que pasó a denominarse la Legión perdida.

 

Mientras tanto Orodes invadió Armenia y la sometió, pero al serle imposible asediar las ciudades enemigas decidió negociar la paz con Artavasdes II y lo forzó a entregarle una de sus hermanas, a la que casó con su hijo Pacoro I de Partia. La cabeza y la mano de Craso fueron enviadas al rey parto. Se cuenta que Orodes II estaba viendo una obra teatral en la que uno de los actores fingía tener en sus manos una cabeza humana cuando el mensajero lanzó al escenario la cabeza de Craso, diciéndoles que mejor usaran aquella. 

 

El destino de Surena no fue mejor que el de Craso, su victoria provocó los celos de su rey, quien decidió ordenar su asesinato para deshacerse de un posible rival. 

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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