(IV) Cronografías. Los niños. Por Diego Pardos

Los niños.

«Unos niños pequeños, una pelota, un arco y unas flechas. ¿Es que no hay razones para tener algo de esperanza?»

La pared era blanca en su totalidad. Tiene ahora como una línea de horizonte, irregular, que añora esa pintura ya desprendida: es la portería del mercado de abastos.

A los niños la pelota les llega casi por las rodillas, pero la patean incansables contra el muro. Juegan sin escándalo ni brutalidad. De repente uno de ellos cae. Apenas llora, y no es difícil adivinar la rodilla raspada bajo el pantalón corto.
Por eso la madre se levanta de la terraza donde toma café, y el juego sigue, como yo sigo la evolución de los tres futbolistas. La plaza es grande; la tarde es de cuento; no hay coches ni peligro y uno piensa en la felicidad que ha encontrado regalada en esta escena como de otra época.
De pronto aparece una niña, también con su pantalón corto y su polo. Es más alta que ellos y lleva un arco de juguete con flechas de ventosa. Que pasa de unas a otras manos mientras el balón sigue rodando.
Unos niños pequeños, una pelota, un arco y unas flechas. ¿Es que no hay razones para tener algo de esperanza?

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020). Escribo, algunas veces, en el Diario de Teruel.

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