
«No cabe duda de que si no fuera por lo dramático que puede ser el futuro que nos deja, los siete años del sanchismo serían todo un circo»
En la línea de ese “Panen et circenses” de la sátira de Juvenal, que el Nuevo Orden Mundial (NOM) impone en el mundo y del que España es alumno aventajado en las últimas décadas, y especialmente en los últimos años, no cabe duda de que si no fuera por lo dramático que puede ser el futuro que nos deja, los siete años del sanchismo serían todo un circo. Un circo que, en este último año y medio, se nos ha presentado nada menos que con cinco pistas: la del fiscal general del Estado, la del caso Koldo-Ábalos-Cerdán… –la banda del Peugeot–, la de la amada Begoña Gómez, la del hermanísimo David el ubicuo y la envolvente del Partido Sanchista, antes Socialista, poco Obrero y nada Español, salvo en lo que a su nacimiento madrileño se refiere.
La primera de las pistas se cerraba el jueves, a falta de la cortina final que nos deje la sentencia, que trataba de adelantar el presimiente en la entrevista que concedía el domingo a su portavoz mediático en papel El País: “El fiscal general es inocente”, que levantaba ampollas en la Asociación Profesional e Independiente de Fiscales (APIF), que ha dicho al respecto que «se ha inmiscuido en la función de juzgar», y lo acusaba de «presionar, deslegitimar y usurpar las funciones de los tribunales». Algo que no va a alterar en absoluto al que desde hace años demostró que no sabe lo que es el escrúpulo, ni personal ni profesional ni político. Nada que ver con lo que respondía sobre lo mismo la ministra de Defensa, Margarita Robles: “Como jurista y como persona, hay que dejar que los tribunales trabajen y todo el mundo tiene derecha a la presunción de inocencia y yo confío plenamente en lo que dicte la Sala Segunda del Tribunal Supremo”, que no entiendo cómo ha desperdiciado su mejor o peor trayectoria como magistrada del Supremo, para ponerse al servicio de semejante personaje.

Con este preámbulo, se reanudaba el martes el juicio iniciado la semana pasada, que tuvo entonces, quizás, como momento estelar, la declaración de la fiscal jefe de Madrid, Almudena Lastra, con la repetición de esa pregunta a su superior jerárquico: “¿Lo has filtrado tú?”, y una respuesta del juzgado que, más que un indicio profundo, se puede considerar una prueba de su más que posible culpabilidad: “Eso ahora no importa…”. Además, desmintió a García Ortiz sobre el borrado de mensajes: “Yo no tengo obligación de borrar nada», añadiendo que si borraba algo era por razones de “capacidad” no de “seguridad”.
Y también declaró el martes en el Supremo Eugenio Ribón, decano del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid (ICAM), que había sido el primero en querellarse contra la fiscalía por vulnerar el derecho de defensa ejercido por un abogado colegiado. Y dijo esto: “Uno de los puntos clave fue precisamente la transcripción literal del contenido de los correos y el señalamiento de hora, minuto y todos los detalles. En definitiva, si se quisiera desmentir algún tipo de información, no era preciso revelar el contenido literal de aquellos correos que formaban parte del halo más estricto de confidencialidad que pueden mantener un abogado y un fiscal”. Y dijo además que la propia nota de prensa que García Ortiz dictó ya incurría en revelación de secretos, al recoger conversaciones literales, absolutamente confidenciales, entre abogado y fiscalía, con vistas a alcanzar un acuerdo, por lo que vulneró el derecho de defensa de un particular, que en democracia es sagrado, porque “sin confidencialidad, es imposible una defensa libre, y sin abogados libres, no hay justicia”, al tiempo que reconocía que en el ICAM nunca se había vivido una ruptura semejante del derecho de defensa. Ha vaticinado que la sentencia llegará antes de Navidad a pesar de la complejidad y dijo después que “Durante el juicio ha quedado probado que hay elementos para condenar al fiscal general del Estado. Estamos ante lo que los juristas llamamos la doctrina de la prueba indiciaria, cuando hay un cúmulo concurrente de circunstancias que apuntan efectivamente a la autoría. En nuestro caso hay un hecho determinante, no olvidemos que en el día en que se abre la causa penal contra el fiscal general del Estado, ese día se borra toda la información de sus dispositivos”.
No fue menos determinante el testimonio del teniente coronel de la UCO, Antonio Balas, que hace gala del lema de la Guardia Civil, “El honor es mi divisa”, que Pedro Sánchez no parece conocer, y al que la Fontanera Leire Díez quería fuera de combate: «Durante todo el proceso, lo que se ve es un dominio, a todos los niveles, del fiscal general del Estado. El fiscal general del Estado tiene una serie de colaboradores, pero lo que se ve aquí es el dominio y la jerarquía, no solamente dentro de la fiscalía general del Estado sino en los diferentes niveles, a nivel autonómico y a nivel provincial. Es una cuestión evidente, se ve, es desde la fiscalía general donde se marca, quien dice y quien mueve esa nota de prensa y cuándo se va a dar».

En su interrogatorio del miércoles, ya sin toga y en el banquillo, García Ortiz no contestó a las acusaciones y decidió responder sólo a sus abogados, la propia fiscalía y la abogacía del “establo” de Sánchez, que no del Estado. Aludió al “honor de la fiscalía”, ese que ha mancillado hasta la deshonra, y recurrió a una cursilería, seguramente, inventada al efecto: «Una persona, a la que no conocía, me ha dicho una frase que me ha gustado mucho y dice, la verdad no se filtra, la verdad se defiende. Y creo que es un poco el resumen de esto que ha pasado aquí”. Merece destacar el turno de la fiscal de Sala, dependiente del juzgado, y la “dureza” empleada con su jefe en el interrogatorio: “Señor García Ortiz ¿ha hecho usted llegar a personas ajenas a la Fiscalía el célebre correo de 2 de febrero de 2024?”, que obtuvo la contundente y “convincente” respuesta del acusado: “No, no lo he hecho llegar”. Y como le debió parecer poco, se superó con una segunda pregunta, más “dura” si cabe: “Señor García Ortiz ¿se ratifica usted en la declaración que prestó ante el instructor, perdón –no sé a qué vino ese “perdón”. Tal vez por si el jefe se sentía acorralado ante la “agresividad” de su subordinada–, el día 29 de enero de 2025? A lo que el interrogado respondía: “Sí, me ratifico”. Y, dándose por satisfecha, tras el deber (con su jefe) cumplido , remató: “Ninguna pregunta más”.
Como era previsible, en los informes finales las partes ratificaron sus posiciones. El abogado de Alberto González Amador insistió en que hay pruebas más que suficientes para condenar a García Ortiz, lamentando que a su defendido se le impusiera una sentencia popular y que la fiscalía lo haya convertido en instrumento para el ataque a la principal rival política del que los manda, haciéndose una pregunta autocontestada: “¿Qué consecuencias ha tenido esto para don Alberto González Amador? Que te marquen y te conviertan en moneda política del Gobierno de España, bajo el relato institucional del ministerio fiscal de confesión y culpabilidad, arrasa con tu derecho a la intimidad y a tu protección de datos y arrasa en el procedimiento penal al que va referido ese relato, la presunción de inocencia, que es el reverso de la culpabilidad”. Por su parte, la abogacía del Estado y la fiscalía mantuvieron, una vez más, la inocencia de su defendido, e insistieron en que no hay ninguna prueba para responsabilizarle de la filtración del correo entre el abogado de la pareja de Ayuso y el fiscal del caso, al que sacó súbitamente el acusado del partido de Champions que presenciaba. Insistía también el letrado José Ignacio Ocio en la nulidad del registro por parte de la UCO de la fiscalía general, el 30 de octubre del año pasado y en que no había ninguna prueba contra García Ortiz, que “es inocente de todas las acusaciones”, asegurando que “nunca recibió ninguna orden de Moncloa”, y se explayaba diciendo que “No se ha practicado prueba de cargo para afirmar, y esto lo digo con toda la rotundidad, que el señor fiscal general del Estado haya recibido ni una sola instrucción por parte de presidencia de gobierno, hasta aquí podíamos llegar”. Al mismo tiempo, responsabilizaba de la filtración al propio González Amador, al enviar la fotografía del correo al jefe de gabinete de Isabel Díaz Ayuso, Miguel Ángel Rodríguez, y dijo también que la fiscal superior de Madrid, Almudena Lastra, tuvo acceso al mail antes que García Ortiz y la Fiscalía, por lo que no hubo delito porque el secreto ya había sido revelado en medios de comunicación.

Y en el séptimo día, el presidente del Tribunal concluyó con la protocolaria frase de “El juicio ha terminado, visto para sentencia”. Y ahora es el turno de deliberación de los siete miembros de la Sala del Supremo, en espera de una sentencia que, conociendo la composición de dicha Sala, no será unánime a la hora de decidir si el todavía fiscal general de Sánchez cometió o no un delito de revelación de secretos y, en su caso, qué pena le imponen al que las diferentes acusaciones piden entre tres y seis años de cárcel y la inhabilitación correspondiente. Aunque, en caso condenatorio, siempre quedará el “…stitucional” de Cándido Conde “Podrido”, como último servicio antes de su retiro, y la magnanimidad del indulto de su designador, que contará con la sumisa firma del que juró, dos veces, “…guardar y hacer guardar la Constitución”, que reza su artículo 61.1.
Y mientras esta “pista” del circo sanchista se cerraba, algunos de los “payasos” –dicho sea con todo el respeto a los clowns profesionales– continuaban sus actuaciones en las pistas/tramas que citaba al comienzo de mi reflexión, que nos irán dando tema abundante.
Por otra parte, volvíamos a asistir al consabido pleno de control a la oposición, que resumió muy bien Alberto Núñez Feijoo cuando subió a la tribuna del Congreso: “Señorías ha terminado el líder de la oposición al Partido Popular y ahora me toca a mí”. Esta vez, se convocaba para hablar de las cumbres internacionales, de la corrupción y otras cosillas menores, después del órdago de JUNTS dando por terminada la relación con el gobierno del trilero de la Moncloa, con el “S’acabat” de su portavoz, Miriam Nogueras, que le decía: “Suba el volumen del pinganillo, señor Sánchez, y escúcheme, porque le voy a decir cosas que seguramente los suyos no le han explicado o que usted no ha entendido: esta relación se acabó”. Pero ese final de relación parece que duró poco, porque JUNTS salvo al día siguiente de una nueva derrota al desgobierno, cuando se abstuvo de votar a favor de la propuesta del PP de prolongar la vida de las centrales nucleares, aunque lo justificó a su manera: “Si alguien piensa que, porque una enmienda del PP no haya prosperado, es una victoria, pues más grande será la derrota”. Y es que, aunque el presimiente volvía a presumir de gobierno limpio: “Este gobierno es el más limpio (se trabucó, pese a su habilidad para mentir) de la historia de la democracia, junto con el gobierno del presidente Rodríguez Zapatero. Desde el cambio de gobierno en el año 2018, en España ya no hay una corrupción sistémica en las instituciones”, sigue sin querer ver la inviabilidad de su empecinamiento en no querer admitir la realidad de su situación. Lo decía sin ruborizarse siquiera el que es presidente, secretario general, marido, hermano y número UNO del circo de cinco pistas que citaba al principio. Y ya, hasta la portavoz de su socio de gobierno se le ponía farruca en la tribuna, aunque a esta sí se atrevió a responderle: “En todo caso, es mala estrategia. Permítame un consejo, es mala estrategia la que están siguiendo, señoría. Esto de parecer que no están en el gobierno, pero estando en el gobierno, no está bien, ya le digo yo que no está bien”. Sólo le faltaba esto al Gobierno de corrupción, digo, de coalición.
Y así terminó una semana de huevos… de gallina. Primero por la carestía a causa de la famosa gripe aviar y por otra por el lanzamiento que sufrió otro presunto de nuestra España de los últimos años, el tal Luis Rubiales, que tampoco entenderé nunca cómo pudo llegar, con semejante bagaje, a la presidencia de la Federación Española de Fútbol, otro de los productores del “Pan y circo”, fútbol, en este caso, que todo sirve para distraer al personal.
Y los Reyes de vuelta a España tras su viaje a China, después de hacerle el juego a la pareja diabólica Zapatero-Sánchez, donde Felipe VI ha destacado el papel del gigante asiático: “El diálogo sobre cómo afrontar los grandes retos globales, la voz y el compromiso de China, tienen y tendrán una enorme importancia”, ganándose la “simpatía” de Xi Jinping, que ha calificado al como un buen amigo del pueblo chino y ha expresado su voluntad de seguir construyendo una mayor alianza. Sin comentarios.

