(y II) La raíz y los vientos: Un concepto de Patria por Rodolfo Arévalo Macri. Diplomático Ex embajador de España

Rodolfo Arévalo Macri. Diplomático Ex embajador de España
Rodolfo Arévalo Macri. Diplomático Ex embajador de España

 

Mi padre, Rodolfo Arévalo Macrí, que falleció en el año 2003 a la edad de setenta y ocho años, había escrito este artículo ( tercera de ABC, creo que a caballo entre el setenta y seis y los primeros ochenta del pasado siglo ). Acababa de volver de su Embajada en Zaire, Congo francés, Ruanda y Burundi, lugares en los que estuvo cinco años. Ya entonces se ponía nuevamente en tela de juicio la unidad de España como algo común a todos los Españoles. Y empezaba de nuevo el Pim, pam, pum, que tantas veces generó desastres en nuestra piel de toro. Este rincón para publicar que me cede en su revista mi gran amigo Manuel Artero, se llamó desde el principio LA RAÍZ Y LOS VIENTOS en homenaje a mi padre, que como veréis era una persona muy culta y de gran valor humano. Hoy me atrevo a rescatar del olvido estas líneas.

 

(y II) La raíz y los vientos: Un concepto de Patria por Rodolfo Arévalo Macri

Diplomático. Ex embajador de España

 

 

Único punto fijo, como, aparentemente, la nave, inmóvil en el centro de la amplia circunferencia del horizonte cierto, una familia casi nuclear: abuela, madre, padre y hermanos reunidos por el azar del Levante y del Poniente, en el Mare Nostrum, el más humano de todos los mares. ¿Quién era yo, qué era yo, de dónde y para quién?

 

 

“Una patria hecha de historias ingenuas y misteriosas, evocadoras de algo lejano, y, por tanto, ardientemente deseada como la amada de aquel trovador provenzal”

 

Detalle de la portada de 'De la primavera al paraíso', de Jaume Vallcorba.
Una patria hecha de historias ingenuas y misteriosas,, y, por tanto, ardientemente deseada como la amada de aquel trovador provenzal. Detalle de la portada de ‘De la primavera al paraíso’, de Jaume Vallcorba.

 

Mi patria – como la palabra bien lo dice – fue mi padre y, desde el inicio de mi tiempo, una palabra en su boca, una palabra clara y extraña a un tiempo como un cristal de roca de forma insólita, con sus aes sonoras y su eñe jugosa y desconcertante: España. Yo era hijo de un cónsul de España. Sí, mi patria fue, en su origen, puro Verbo sin encarnar. Una patria hecha de historias ingenuas y misteriosas, evocadoras de algo lejano, y, por tanto, ardientemente deseada como la amada de aquel trovador provenzal: “Amor de terra londhana per vos tots lo cor mi dol”. Palabras del padre, creadoras como mi fe, pues mi patria fue la de la fe unamuniana, la que no solo cree sino que al mismo tiempo crea. Una patria de resonancias paulinas, “pneumática”, puro espíritu.

 

 

Tuve que ir buscando, afanosamente, lector hermano, la sangre, el hueso, el tuétano, donde encarnar el verbo. Buscar, mi raíz más fuerte y más honda. Pero mis gentilicios se perdían en el anonimato de la intrahistoria. Los Arévalo, los Villegas, Los Castillas, se entremezclaban con los Schmidt y los Macris, sin escudos, sin blasones, sin casas solariegas ni antiguos pergaminos. Mi patria chica solo pudo ser la grande, inmensa como el espíritu, hecha pacientemente con minúsculos retazos de geografía, de historia y de poesía. ¡Qué suave y sugestivo, para mi fantasía moza, elegir a mi libérrimo antojo, un rincón para nacer en tierra española: “un patio de Sevilla donde florece el limonero”, Alcalá de los Gazules, “ pola banda de lestrove o pola banda de Laiño”, la luminosa niebla, Arcos de la fronteriza, un pueblo castellano con “corral de muertos”, Calatañazor, Arenys de Mar (¿eran sus arenas de oro?) o Benifairó de Valldigna entre Montes y Azahares, que todos me parecían, en mis ensueños, dignos para abrir los ojos a la luz de una España hasta entonces sólo fugazmente entrevista. Y así, con esta fé, con estas ilusiones y fantasías, con esta patria transmitida por la palabra, me entregué al servicio de toda ella, cierta y verdadera, para que no se me disolviera otra vez entre las manos.

 

 

Durante años siguió fluyendo el río y siguieron soplando mis vientos sin descanso pero, entonces, ya no me importaba. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, mis humores se me vuelven un tanto acibarados. Un demonio taimado y negador pone dudas a mi fé y socava, con su lengua bífida, los cimientos de mi hermoso palacio hecho de sólidos cristales y emociones. El pensamiento se me vuelve agnóstico y mis palabras rezuman doloroso escepticismo, tornan a inundarme – siempre el río – las inquietudes del pasado niño. Mi corriente vital fluye de nuevo ensombrecida, Ante mis ojos, otra vez, la luna mudante y el agua huidiza. ¿ Quién soy yo, qué soy yo, de dónde y para quién? Ayúdame tú, lector amigo y compatriota, en mi nueva y vieja singladura. Cualquiera que sea tu pueblo, tu comarca o tu región préstame un trozo de ellos, con generosa caridad, para poder enraizar como antes y no me culpes si, mientras tanto, me encierro en un círculo vacío de nostalgias olvidos y negaciones.

 

 

Mira, no sé como finalizar esta confidencia que te hago. Perdona si mi prosa se me va desencantando y se me va envolviendo, bruscamente, en un tejido hecho de banalidad y prosaísmo, casi con vulgar ironía. Así pues, en estos últimos tiempos, cuando un extranjero me pregunta en qué lugar de España he nacido, le desgrano, como una computadora, fría e impasible, todo cuanto a ti te he confesado y ahora me parece galimatías sin sentido. Si quien me pregunta es, como tú, un compatriota, le contesto vagamente, que del norte, esbozando una sonrisa amarga y si aduce, un tanto sorprendido, que mi habla trasluce, por lo menos, ciertos dejes andaluces, procuro hacerme finamente el suevo y me pongo a disertar largamente sobre el tiempo como el más digno hijo de la más rubia Albión. 

Share on Facebook0Tweet about this on TwitterShare on Google+0Pin on Pinterest0Email this to someone
Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de la novela “El Bosque de Euxido” publicado en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

Un comentario sobre “(y II) La raíz y los vientos: Un concepto de Patria por Rodolfo Arévalo Macri. Diplomático Ex embajador de España

  • Maria Belèn.
    el 27 junio 2017 a las 12:53
    Permalink

    Una historia muy interesante y emotiva. Transmite admiración y reconocimiento, dos grandes sentimientos hacia un padre.

    Respuesta

Deja un comentario