
«No sé si el gran mentiroso y la catedrática de la nada aprendieron, conocieron e interiorizaron estas sencillas ideas, o lo más triste si ni siquiera las conocieron»
Me siento orgulloso de haber hecho un bachillerato serio y de nivel. Tristemente creo que se parece poco a lo que se imparte hoy día a los jóvenes de esa edad.
Mi Google de aquellos tiempos eran dos enciclopedias de mi padre, la Espasa y la Durban, en las que a veces encontraba cosas tan interesantes que perdía el hilo de lo que iba a buscar.
Tengo fresca aquella sentencia que me enseñaron del famoso jurisconsulto hispano romano Ulpiano, para definir el concepto de Justicia, que no es otro que ‘dar a cada cual lo suyo’, lo que es lo mismo «Ius suum cuique tribuere». Frase hoy tan alejada de la vida pública de nuestros políticos enfangados en la miseria de la corrupción como lo está el Sol de la Tierra pero que nos abrasa cada vez más.
Ese «Ius suum cuique tribuere», que como se ha dicho es ‘dar a cada uno lo suyo’ es un precepto fundamental del Derecho Romano que establece la necesidad de dar a cada persona lo que le corresponde. Esta idea implica reconocer y atribuir a cada individuo su derecho y lo que le corresponde por ley o por mérito.
Es uno de los principios básicos de lo que entendemos por Justicia y se considera un principio universal del Derecho.
La frase completa de Ulpiano es «Iustitia est constans et perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi», lo que significa ‘La justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno su derecho’, frase que de forma cristalina define el concepto de Justicia.
Queda referido de forma práctica en la distribución justa de bienes y recursos, o a reconocer los derechos y deberes de cada persona dentro de una comunidad, algo que aunque se espera así sea en la actualidad, no es otra cosa que papel mojado caído sobre el suelo de una hedionda porquera en la que hozan nuestros gobernantes.
El concepto parte de un conjunto de preceptos legales básicos más amplio del Derecho, conocido como «Tria praecepta iuris», tan prostituidos hoy, que también incluyen ‘vivir honestamente’, es decir «honeste vivere» y ‘no hacer daño a nadie’, que en latín es «alterum non laedere».
No sé si el gran mentiroso y la catedrática de la nada aprendieron, conocieron e interiorizaron estas sencillas ideas, o lo más triste si ni siquiera las conocieron, lo cierto es que en su carrera hacía el abismo al que conducen a España lo hacen pisoteando con saña la Justicia, ellos, sus corifeos, aplaudidores, y la corte de asesores herrados errantes, que yerran de un lado a otro, dedicados a esparcir estiércol sobre estiércol sin apenas tiempo para ocultar los nuevos agujeros de corrupción que casi a diario aparecen ante nuestros cada vez menos sorprendidos ojos.

