
«No existe ni un ápice de democracia en sus actos, cualquier nombramiento se caracteriza por la “dedocracia”, es decir, por el autoritarismo»
Dice la Real Academia Española de la lengua que un dictador es aquella persona que se arroga o recibe todos los poderes políticos y, apoyada en la fuerza, los ejerce sin limitación jurídica.
Pues excepto lo de “apoyarse en la fuerza”, entendiendo esa fuerza como militar o similar, que iremos viendo, todo lo demás concurre en este, más que probable, dictador. Pero para determinar a ciencia cierta esta cuestión, analicemos sus actos, sus acciones y decisiones políticas, para tener una noción más clara de su, al menos, peculiar forma despótica de gobernar. Por ejemplo, una de sus peculiaridades son sus “cambios de parecer” o para ser correctos con el lenguaje, sus patológicas mentiras y bulos, pues por la mañana dice una cosa y al albur de los acontecimientos, esa misma tarde “cambia de opinión” para decir lo contrario; como dijo en una entrevista en TV: «Eso no es mentir, es cambiar de opinión o rectificar». Y es que miente en el parlamento; más grave si cabe porque es donde reside la soberanía nacional, miente ante los medios, miente en las campañas electorales, miente en la Moncloa, en el Senado, miente a los votantes del PSOE, miente a todos los españoles: todo en él es una enorme mentira.
Pero también se significa por su desprecio a la ley, a las instituciones, sobre todo al parlamento, donde nunca se ha sometido al control parlamentario, pues jamás contesta de forma coherente y directa a las preguntas de la oposición en el control al gobierno cada semana; ¿o quizás habría que decir, sesión de control a la oposición, para ser más exactos? O el desprecio que demuestra y manifiesta hacia los jueces —Que no son de “su cuerda”, por supuesto—, acentuado en los últimos tiempos como consecuencia de los últimos acontecimientos que rodean tanto a su entorno familiar, como al PSOE. Por cierto, utilizando a la Abogacía General del Estado para interponer querellas contra los mismos jueces que les investigan. Querellas que ninguna ha sido admitida a trámite.
Además, aprueba decretos leyes o proyectos de ley con subterfugios y engaños para implicar a la oposición y que voten sus ya “habilitantes” leyes, haciendo cómplices a todos de sus desmanes en el congreso de los diputados. Y desgraciadamente está inventándose nuevas leyes inconstitucionales, como la ley de amnistía, que perdona los delitos gravísimos de unos criminales condenados en sentencia firme. O por qué no nombrar los innumerables casos judicializados que, o prescriben en el tiempo o de buenas a primeras aparece un “defecto de forma”, un “fuera de plazo” o cualquier subterfugio para anular, prescribir o dejar sin efecto un proceso judicial que afecta a algún gerifalte del PSOE.
Algunos expertos en psiquiatría y psicología observan ciertos comportamientos o rasgos psicopáticos en la figura de Sánchez, simplemente con observar sus actos o decisiones. Quizás sea por su narcisismo, por su despotismo o por su odio a media humanidad, que se refleja en su rostro demacrado por, seguramente, haber vendido tantas veces su alma al maligno por intereses espurios o creerse estar por encima del bien y del mal o, peor aún, creerse ser el “mesías” del PSOE. En mi opinión, creo que quiere emular a uno de sus ídolos de juventud, Largo Caballero. O quizás quiera seguir los pasos de Pablo Iglesias Posse, fundador del PSOE. Aquel que, en la sesión del 7 de julio de 1910, afirmó que, «antes que permitir el regreso a la presidencia de Antonio Maura, estarían dispuestos a llegar hasta el atentado personal».
Todos estos comportamientos encajarían en esa patología, pero yo no soy psicólogo o psiquiatra, que sean ellos y la historia los que lo determinen, yo me limitaré a verlo y analizarlo desde el punto de vista político, del puesto relevante que ocupa y lo que representa para una nación.
Si además de todo lo anterior, analizamos cómo “asaltó” la presidencia del gobierno, cómo se ha ido apoderando de todos los poderes del estado; desde la mayoría en el parlamento, con un «frente popular» peor aún que aquel de infausto recuerdo, todos ellos enemigos de la libertad, de la democracia y hasta de la propia civilización; pasando por la Abogacía General Estado o la Fiscalía General Estado, estando investigado su máxima autoridad por revelación de secretos, el Tribunal de Cuentas, Correos o Renfe, por nombrar algunos, y acabando por el C.G.P.J. y el Tribunal Constitucional de Conde Pumpido. No existe ni un ápice de democracia en sus actos, cualquier nombramiento se caracteriza por la “dedocracia”, es decir, por el autoritarismo, pues ha nombrado con ese método a todos y cada uno de sus cargos de confianza. A todos ellos les nombró por su propio interés y para recibir algo a cambio o para pagar favores, por supuesto, sin criterio, sin preparación, sin voluntad, sin decencia, sólo obedecerán al “amado líder” al más puro estilo bolivariano. Aplaudirán como focas de circo. Se romperán las manos ovacionando todas sus patrañas y embustes como si de una algarada de adolescentes se tratara, como bien vemos en el parlamento, que más que un parlamento parece el club de la comedia. A todos ellos, España les importa un soberano comino, tan solo les importa que su “paladín”, de “cuarta regional” esté el máximo tiempo posible en el poder, así “la gran teta del estado” les proveerá con buenos sueldos a costa del contribuyente. Y por supuesto, sacar partido a los privilegios de los cargos en la administración para, desde esa atalaya, tener influencias y poder para robarnos como si no hubiera un mañana a través de una corrupción sistémica que afecta a casi todas las instituciones del estado.
Todo ello es tan repugnante, al margen de la imagen que proyectamos al mundo, que no se puede entender la idiocia y estulticia que rodea a quienes siguen votando al PSOE, Porque Pedro Sánchez no es sólo el presidente del gobierno, sino que es también el secretario general de ese partido, y lo ejerce con “manu militare”, pues este se ha convertido en una “mafia” de colocación donde se compran las voluntades, los votos y hasta a las personas, que se dejan corromper por intereses espurios y repugnantes.
El sagrado derecho al sufragio universal es libre, igualitario, directo y secreto, jamás se tendría que “prostituir” o vender mediante cualquier ardid, dádiva, remuneración, regalo, promesa o favor, de ser así, se adulteraría el espíritu de dicho sufragio, pues “el mercadeo” en una supuesta elección de cualquier cargo público, tiene que estar inspirado en el bien común, en la prosperidad de una nación y el incorruptible acto de expresar la voluntad popular que representa tan importante cometido y, jamás, en intereses ilegítimos de unos bastardos que utilizan la política para alcanzar el poder, como son la mayoría de los representantes políticos de la actualidad.
Sinceramente, soy de los que piensan que habría que hacer una especie de test psicológico antes de votar en cualquier democracia liberal. Es más, todos los ciudadanos con derecho a voto, tendrían que comprometerse a no votar para “vender” o “prostituir” su voto y recibir algún favor a cambio; llámese un puesto en la administración o algún carguito en cualquier centro oficial. Nada que ver con aquellos quienes opositan y con su esfuerzo y dedicación aprueban alguna de las oposiciones del estado, nunca por enchufismo, como pasa en la actualidad donde muchos votan más pensando en la paguita prometida que en el interés de España, es decir, de todos.
Esto desde luego no es una democracia, nunca lo fue, por eso Sánchez está llegando tan lejos dentro de la ilegalidad con el más absoluto desprecio a la ley. Más bien es una partitocracia oligárquica y corrupta, o más bien criminal, que desde el principio se planificó para acometer el mayor latrocinio de la historia y repartirse el poder entre los dos principales partidos de esta oligarquía: el PSOE y el PP. Esto solo lo pueden hacer aquellos que, mediante el presunto fraude y el engaño electoral, pasándose la LOREG por el forro de […], se van alternando en el poder y dando entrada, según sus necesidades, al resto de partidos que solo buscan, a la sombra de ese poder, las “migajas” del mismo en forma de ingentes cantidades de dinero público, leyes inconstitucionales de amnistía, “cupo” catalán y, si es menester, un referéndum de autodeterminación en Cataluña…después en Vascongadas, Baleares, Canarias o Galicia. Si esto no es querer destruir España, que venga Dios y lo vea. Todo gracias a Sánchez. Esto será lo que diga la historia de este autócrata.
Pero si alguien cree que esta banda que nos gobierna se rendirá ante la ley, ante la justicia y ante quienes la imparten, están muy equivocados, harán caso omiso y acusarán a esos jueces de “perseguir a la izquierda” y, como plañideras “se rasgarán las vestiduras” acusando a todos esos jueces de atacar a la democracia, que, por supuesto, ellos representan a las mil maravillas.
Estamos viviendo una esquizofrenia colectiva, donde los lacayos de Sánchez; vicepresidentes, ministros, viceministros y ministrillos, a parte, toda la rehala que le acompaña y toda su patulea infecta, saliendo a los medios a proclamar su inocencia, a decir que; “el PSOE abomina de la corrupción”; “el PSOE persigue a los corruptos”; “el PSOE colabora con la justicia etc.”. Pero toda esa verborrea es tan falsa como su propia inocencia ante tanto crimen y delito, pues el PSOE sí que es fango. Un fango pestilente e irrespirable en cualquier país civilizado que aprecie la ley, la justicia y la libertad.
Por lo que, por todo lo expresado y a tenor de los acontecimientos, hechos innegables, su propias contradicciones y mentiras, sus falsedades, traiciones y sus acciones y comportamientos diarios, podemos colegir que, efectivamente Sánchez es un dictador que desde que llegó al poder, de la mano de su alter ego ZP, su intención fue apoderarse de todos los poderes del estado para instaurar una dictadura, privándonos de todos los derechos constitucionales y destruyendo todo lo que nuestros ancestros llevan construyendo desde tiempos inmemoriales.
De poder utilizar una imaginaria máquina del tiempo, ahora sería oportuno poder contrastar con aquel Canciller del Reich Alemán, Otto Von Bismarck, pues a él se le atribuye la famosa frase sobre el poderío español: «España es el país más fuerte del mundo: los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido». Hasta aquí, posiblemente tuviera razón aquel canciller, pero seguro que, en estos momentos, de haber conocido a este tirano y de ser suya dicha frase, seguro que hoy la cambiaría por… «España es el país más fuerte del mundo […], hasta que llegó Pedro Sánchez, el personaje más siniestro y despreciable de la historia, de la nación que un día fue la más poderosa, invencible e indestructible». Ya veremos a ver si dicha frase perdurará o es borrada de los anales de la historia porque los españoles no fueron capaces de impedirlo.
Y si los españoles no impedimos que este dictador prosiga con su agenda para destruir lo poco que queda de esta partitocracia moribunda, éste intentará a toda consta subyugarnos y controlar nuestros destinos como ciudadanos libres e iguales y acabará de convertir a España en la dictadura con la que muchos soñaron en los tiempos aciagos de la 2ª república y que, gracias a Dios, Franco lo impidió ganando la última guerra civil española, pues muchos de ellos se empeñan en llevarnos a aquel escenario de miseria, sangre y muerte. Dios no lo quiera.
