Católicos romanos y católicos ortodoxos: Una separación que dura demasiado. Por José Crespo

El gran Cisma de 1054

«Ante el panorama de enemigos que acosan a la Cristiandad… ¿no es momento para la reconciliación y reunificación?»

¿Por qué ocurrió el gran Cisma de 1054 entre la Iglesia Católica Romana y la Iglesia Católica Ortodoxa? 

En realidad detrás del Cisma de 1054 no hubo solo teología pues hubo luchas de poder, políticas y dos formas distintas de entender el mundo. Tenemos en ese momento una Roma sin imperio y Constantinopla con emperador… a lo que se añade una tensión que se venía alimentando y creciendo desde hacía siglos por lo que, para entender la historia de la Iglesia, hay que entender sus rupturas.

Normalmente se dice que esa ruptura obedece a cuestiones teológicas, pero en realidad es consecuencia de aspectos y razones políticas relacionadas con el poder y realmente eso es una gran pena si mencionamos, recordamos y sabemos lo que predicó Jesucristo.

Sabemos que el Imperio Romano de Occidente cae en el año 476 y el Imperio Romano de Oriente cae tras la pérdida de Constantinopla aquel día triste de finales de mayo de 1453, sin la ayuda de sus hermanos de Occidente. Ello implicó que el Papa vino a desarrollar un poder político, como árbitro internacional entre príncipes cristianos, que en Oriente los Patriarcas no tuvieron pues en Oriente los Patriarcas estaban bajo la tutela del emperador romano de Oriente que ejercía tanto un poder religioso como un poder político, lo que se conoce como ‘cesaropapismo’.

El cesaropapismo fue un sistema político donde el gobernante secular, es decir el «César», ejercía un control supremo sobre la Iglesia, fusionando el poder temporal estatal y el espiritual religioso, como se aprecia claramente en la estructura del Imperio Bizantino donde el emperador no solo gobernaba el estado sino que también intervenía en dogmas, nombraba obispos y dirigía asuntos eclesiásticos, considerándose representante de Dios en la Tierra. Este sistema, que implicaba la subordinación de los clérigos al poder político, se originó en la antigüedad tardorromana y bizantina, y se contrapone a la teocracia donde la Iglesia domina al Estado.

A la altura temporal del siglo XI tenemos una pentarquía.

Tenemos en el escenario al Patriarca de Roma, al de Antioquía, el de Jerusalén, el de Alejandría y el de Constantinopla. Los principales enfrentamientos, como podemos imaginar, se dieron entre el Patriarca de Roma, el papa, y el Patriarca de Constantinopla por disputas políticas y de poder. Para ello señalemos fechas claves en una línea de tiempo, primeramente fijémonos en los períodos 726-787 y 814-843, momento en el que en Oriente sucede el ‘conflicto iconoclasta’ que trajo consigo una profunda crisis religiosa, política y cultural en el Imperio Bizantino durante los siglos VIII y IX, donde los iconoclastas, destructores de imágenes, lucharon contra los iconódulos, adoradores de iconos o mejor dicho veneradores pues la adoración es solo para Dios, por el uso y veneración de las imágenes sagradas, culminando en la destrucción de iconos, tensiones con Roma y una definición doctrinal que reafirmó su uso, finalizando con el «Triunfo de la Ortodoxia» en 843.  Los iconoclastas orientales fueron fuertemente influidos por sus vecinos musulmanes, pues si nos fijamos en la crisis iconoclasta fue precisamente contemporánea con la expansión inicial del islamismo. Autoridades y seguidores de la corriente iconoclasta prohibieron los iconos, argumentando que eran ídolos y que representar a Cristo era imposible debido a su naturaleza divina inseparable de la humana.  Entre los defensores de los iconos, encontramos a San Juan Damasceno, que los definía como lo que son, no como objetos de adoración sino como vehículos de la divinidad y parte esencial de la Fe, en absoluto como ídolos.

La segunda fecha importante a considerar es el año 800 cuando el Papa, árbitro político en Occidente, corona a Carlomagno como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico lo cual terminaría generando una más que lógica tensión con Constantinopla dado que el Imperio Romano de oriente mantenía la vigencia y continuidad histórica sintiéndose y siendo los auténticos herederos de Roma.

La coronación de Carlomagno como emperador por el Papa León III en el año 800 fue un acto político trascendental que estableció el Sacro Imperio Romano Germánico, selló una alianza fundamental entre el poder papal y el terrenal, legitimó la autoridad de Carlomagno como protector de la Iglesia, y redefinió la identidad de la Europa Occidental cristiana, aunque también sembró la futura tensión sobre quién ostentaba la autoridad suprema, el Papa o el Emperador. 

Otra fecha a considerar en el año 1014 cuando el papa Benedicto VIII establece la ‘cláusula del Filioque’, una adición en latín al Credo niceno-constantinopolitano que afirma que el Espíritu Santo procede «del Padre y del Hijo» (del latín filioque), en contraste con el texto original griego que solo decía «del Padre». Esta inserción, hecha por Occidente para combatir y atraer a la conversión al arrianismo, causó una gran controversia y es un factor clave en el Gran Cisma entre las Iglesias Católica, Occidental, y Ortodoxa, Oriental, que difieren en la procesión del Espíritu Santo y en la autoridad para cambiar el Credo.

Icono del Concilio de Nicea. Aparece el texto original del Símbolo Niceno-Constantinopolitano en griego.

El Credo resultó como fruto de un Concilio Ecuménico de Nicea del año 325 d.C. que fue el primer concilio ecuménico de la Iglesia cristiana, convocado por el emperador Constantino para resolver la controversia sobre la naturaleza de Jesucristo (Arrianismo) y establecer la unidad doctrinal, resultando en el Credo Niceno, que afirma la divinidad de Cristo, y fijó la fecha de la Pascua, siendo fundamental para la fe cristiana. El Credo de Nicea es la declaración fundamental de la Fe Cristiana, formulada en el Concilio de Nicea para defender la divinidad de Cristo contra el arrianismo, afirmando que Jesús es «Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no hecho, consustancial (de la misma sustancia) con el Padre», definiendo así la Trinidad y estableciendo la base para la doctrina cristiana sobre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Filioque, que se traduce como «y del Hijo», es una cláusula insertada por la teología cristiana en la versión latina del símbolo niceno-constantinopolitano del Concilio de Constantinopla I del año 381. No está presente en el texto original griego, en el que simplemente se lee que el Espíritu Santo procede «del Padre».

Se considera que la ‘cláusula Filioque’ fue insertada en la versión latina del credo niceno-constantinopolitano durante el III Concilio de Toledo en 589 y que se extendió espontáneamente​ por todo el pueblo franco. En el siglo IX, el papa León III aceptó la doctrina del origen del Espíritu Santo del Padre y del Hijo, aunque se opuso a la adopción de la ‘cláusula Filioque’. Sin embargo, en 1014 en Roma, se adoptó el canto del credo con Filioque en la celebración de la Santa Misa.

Cuando Roma añadió la cláusula los Patriarcas lógicamente clamaron diciendo que si esto ha de ser modificado debe serlo mediante un concilio ecuménico no de forma unilateral a través del Papa, tal como resultó.

La siguiente fecha a resaltar es el año 1054 cuando los legados papales viajan a Constantinopla, que eran cardenales y obispos enviados por el Papa para representar a la Santa Sede en asuntos importantes, como concilios o disputas, destacando figuras clave en ese momento crítico de 1054 el cardenal Humberto de Silva Candida y el esfuerzo unionista representado con el Cardenal Colonna organizando el Patriarcado Latino, aunque también había representantes menores o «apocrisiarios» en épocas bizantinas, como los que gestionaban la relación con el Imperio. Los legados papales trajeron consigo la demanda de supremacía papal, negaron el título de «patriarca ecuménico» a Miguel Cerulario y, tras la negativa de este, depositaron una bula de excomunión en el altar de Santa Sofía el 16 de julio, marcando un acto simbólico clave del Cisma de Oriente que fracturó la Cristiandad entre Roma y Constantinopla.

Mapa de la Cuarta Cruzada

Se produjo una excomunión recíproca, aunque ahí no se rompe el vínculo definitivamente que termina de fracturarse en el año 1204 con la Cuarta Cruzada, cuando los cruzados entran en Constantinopla, saquean la ciudad, profanan las iglesias, roban las reliquias e imponen un emperador latino. Desde ese punto los ortodoxos dejaron de considerar hermanos y amigos a los cristianos de occidente que pasaron a ser enemigos hasta el Concilio de Florencia en el año 1438.  En Ferrara, las Iglesias latina y bizantina intentaron llegar a un acuerdo respecto a sus diferencias doctrinales y poner fin al cisma que las separaba. La delegación bizantina incluyó a José II, patriarca de Constantinopla, veinte metropolitanos y al emperador bizantino Juan VIII Paleólogo. El concilio fue trasladado a Florencia el 10 de enero de 1439 y concluyó en 1443 tras negociarse una unión con la Iglesia ortodoxa. Esta reconciliación tras el Gran Cisma fue fugaz, pero constituyó un éxito político para el papado.

Mapa de la frontera religiosa tras la ruptura

En el mencionado año de 1054 se produce la ruptura, gran Cisma entre la Iglesia Católica Apostólica y Romana y la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa. Aunque hemos hecho un repaso de las causas políticas lógicamente relacionadas con el ejercicio del poder hagamos un breve repaso de las causas teológicas.

La principal causa tiene que ver con el cambio que realiza la Iglesia Católica Romana al Credo Niceno Constantinopolitano que hemos mencionado anteriormente y que es la adición unilateral del ‘Filioque’, cláusula en la que se afirma que el Espíritu Santo procede tanto del Padre como del Hijo. 

Filioque

Para los ortodoxos el Espíritu Santo procede únicamente del Padre y decir que procede del Hijo representa una herejía, problema que solo puede solucionarse con un nuevo concilio ecuménico. Roma aplicó directa y unilateralmente el ‘Filioque’ y ello nos conduce al segundo punto de confrontación pues mientras existía aquella Pentarquía que hemos explicado en un mapa… Alejandría, Jerusalén, Antioquía, Constantinopla y Roma, se decía que el Patriarca de Roma ejercía una mayor autoridad por ser el sucesor en la Silla de San Pedro a quien Jesús dio la llave del Reino de los Cielos… tú eres Pedro y sobre ti edificaré mi Iglesia.

Algo que no era visto de la misma manera por el resto de patriarcas y así entran de lleno las disputas políticas planteadas anteriormente.

La siguiente disputa teológica tiene que ver con la Eucaristía pues mientras la Iglesia Romana utiliza pan sin levadura siguiendo la tradición judía, la Iglesia Ortodoxa lo utiliza con levadura simbolizando la vida resucitada de Cristo, algo que nos puede conducir a una conclusión de considerarlo una disputa absurda, pero en realidad no lo fue.

La otra gran disputa teológica tuvo y tiene que ver con el uso de las imágenes que el la Iglesia ortodoxa son todas bidimensionales mientras que desde Roma se aceptó en que fueran tridimensionales.  

La Iglesia Ortodoxa se centra en iconos planos como pinturas y mosaicos, como «ventanas a lo divino», evitando estatuas tridimensionales por su asociación con la posibilidad y riesgo de caer en el paganismo y la idolatría, mientras que la Iglesia Católica, aunque también usa iconos, incorpora estatuas y figuras, pero como ayudas para la oración y contemplación, viendo en ellas una forma de representar la Fe en tres dimensiones. Esta distinción, fundamentada en el Segundo Concilio de Nicea, resalta la diferente expresión artística y teológica entre ambas tradiciones cristianas.

Ese posible riesgo de caída en la idolatría era lo que temía la Ortodoxía y que vemos en ciertos lugares de España en la adoración del objeto, de la imagen alejándonos de su auténtico significado que es la oración y contemplación hacia lo trascendente.

Dos formas de santiguarse

La otra discusión teológica tiene que ver con la forma de persignarse o santiguarse, si después del Hijo hacerlo hacia la izquierda o hacia el hombro derecho. Los Ortodoxos sostenían que era al revés de derecha a izquierda.

Con estas disputas teológicas sumadas de las políticas desembocaron en el año 1054 cuando el Papa León IX terminó excomulgando al Patriarca de Constantinopla Miguel I Cerulario y viceversa.

Además de esas principales diferencias teológicas con la Iglesia Católica Romana como la primacía papal​​​ y la cláusula filioque’ tenemos que la Iglesia Ortodoxa siempre ha mantenido la posición de colegialidad de los obispos. La estructura administrativa de la Iglesia Ortodoxa se aproxima más a una confederación en cuanto a estructura, sin que la centralización funcione como una constante.

Sobre las Iglesias Católicas Orientales, en una reunión celebrada en el Monasterio de Nuestra Señora de Balamand, Líbano en junio de 1993, la Comisión Internacional Conjunta para el Diálogo Teológico entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa​ declaró que estas iniciativas que «condujeron a la unión de ciertas comunidades con la Sede de Roma y trajeron consigo, como consecuencia, la ruptura de la comunión con sus Iglesias Madres de Oriente. … tuvieron lugar no sin la interferencia de intereses extraeclesiales».

Algunas Iglesias Ortodoxas no exigen el bautismo en el caso de un converso ya bautizado en la Iglesia Católica. La mayoría de las Iglesias Ortodoxas permiten los matrimonios entre miembros de la Iglesia Católica y de la Iglesia Ortodoxa.

Tampoco podemos dejar de mencionar el dogma de la Inmaculada Concepción de María (dogma católico vs. no reconocido). El dogma de la Inmaculada Concepción de María fue proclamado el 8 de diciembre de 1854 por el Papa Pío IX, a través de la bula apostólica Ineffabilis Deus, estableciendo que la Virgen fue preservada desde el primer instante de su concepción de toda mancha de pecado original.  El Catolicismo Romano define la Inmaculada Concepción como un dogma de Fe: María fue concebida sin pecado original desde el primer instante de su existencia, por una preservación especial de Dios. La Iglesia Católica Ortodoxa, aunque honra profundamente a María como la Madre de Dios y la más Santa, no acepta este dogma porque cree que María fue santificada en el momento de la Anunciación, no desde su concepción, y que todos participan de las consecuencias del pecado de Adán, no de su culpa, por lo que no la separa de la humanidad. 

También el concepto del Purgatorio (creencia católica vs. rechazo ortodoxo). El concepto del Purgatorio es un estado de purificación final para las almas elegidas antes de entrar al Cielo, definido formalmente por la Iglesia Católica en el Concilio de Florencia (1439) y reafirmado en el Concilio de Trento (1546) como dogma de fe, basándose en antiguas tradiciones y textos bíblicos como 1 Corintios 3:11-15 y Mateo 12:32. No es un lugar físico eterno como el Infierno, sino un proceso temporal de expiación interna para alcanzar la santidad necesaria para la visión de Dios, siendo sus dolores no eternos y distintos al castigo de los condenados.

También separan prácticas como el celibato sacerdotal y el uso de iconos versus estatuas. Ambas comparten la creencia en la Trinidad, la Eucaristía y la sucesión apostólica, pero difieren en la jurisdicción y dogmas marianos específicos.

Considerando el tiempo transcurrido, todo lo que nos une, sobre la mano la Palabra de Dios en los Santos Evangelios, de forma egoísta sabiendo que la unión hace la fuerza y ante el panorama de enemigos que acosan a la Cristiandad… ¿no es momento para la reconciliación y reunificación?

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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