Extraños paralelismos en la angustia. Por José Crespo

El fusilamiento de Torrijos.

«La verdad es que veo cierto paralelismo en la amargura del momento con el fusilamiento de Torrijos en la playa de Málaga»

La verdad es que veo cierto paralelismo en la amargura del momento con el fusilamiento de Torrijos en la playa de Málaga. El fusilamiento de José María de Torrijos y sus 48 compañeros ocurrió el 11 de diciembre de 1831 en la playa de San Andrés en Málaga, bajo el reinado absolutista de Fernando VII. Tras ser traicionados y capturados, fueron ejecutados sin juicio previo, convirtiéndose en símbolos de la lucha liberal.

Antonio Gisbert inmortalizó este hecho en un famoso cuadro realista de 1888, caracterizado por su serena solemnidad, que muestra a los condenados momentos antes de la ejecución. En el primer plano, el cuadro muestra los cadáveres de los ya ejecutados, lo que da a la escena una gran intensidad dramática y un enfoque realista.

Uno representa en parte la pelea de los españoles contra las tropas de Francia, así como la represión que los invasores usarán a modo de escarmiento aunque el cuadro que lo representa de manera fidedigna es la pintura de los fusilamientos del 3 de mayo, de Goya.

Recordemos que el General Torrijos, liberal «exaltado», conspirador compulsivo, se negó a ir a la América española a luchar contra los separatistas, perteneció a sociedades secretas y al parecer adoptó el nombre masónico de Aristogitón, conocido tiranicida de la Atenas del s. IV a.C. Torrijos se levantó en armas contra el régimen establecido y fracasó ganándose el fusilamiento, previo juicio como les sucedió en momentos posteriores  a Fermín Galán y Ángel García Hernández tras la sublevación de Jaca el 14 de diciembre de 1930, al general Manuel Goded Llopis fusilado el 12 de agosto de 1936 en el Castillo de Montjuïc, y al también general Joaquín Fanjul Goñi en 17 de agosto de 1936, o por orden del Rey como le ocurrió a Torrijos, que no tuvo el juicio que merecía pero que no hubiera cambiado su destino.

Consideremos que las biografías circulantes sobre este personaje de la imagen, fusilado en 1831, en las que se le mitifica como «héroe de la libertad» desde 1837, no son totalmente ciertas pues no fue todo trigo limpio.

La otra imagen, la de estos días, nos representa el dolor de una muerte sin sentido reflejada en los restos del tren y sus 45 cadáveres, fruto de la carencia de mantenimiento y la corrupción política, muertos que nos representan a todos nosotros, y al lado los espectadores que usan al Rey como tapadera frente al origen del crimen que no es otro que el latrocinio y la corrupción que acabo de mencionar, representada en los rostros de los políticos estafadores junto a unos monarcas fuera de lugar. Contemplar una y otra imagen comparten la angustia del espectador.

Una brutal metáfora de esta España que agoniza.

Lo dramático de la imagen es que ese tren somos nosotros, los españoles, en ese encuadre con un tren descarrilado, al que se dice haber dotado de lo mejor, cuando es un aprendiz de gigante con pies de barro, con la clase política dirigente y la penosa monarquía, que se presta a ello y se deja utilizar, posando delante de los traidores, con tal frialdad como si estuvieran inaugurando una rotonda o un intercambiador, la pena es que al final no es una anécdota y ni mucho menos un error de comunicación. Es todo un símbolo de la España que se hunde más y más en la ciénaga de la corrupción.

Es, muy probable, que la instantánea sea una de las imágenes más reveladoras de la agonía de la España actual que nos ha tocado vivir. Una brutal metáfora de esta España que agoniza ante los autores del crimen. Ahí estamos representados todos nosotros llegando tarde al trabajo, perdiendo la vida por su culpa, destrozadas las ilusiones de familias enteras, truncadas las posibilidades de éxitos y oportunidades, se trata de sencillos compatriotas atrapados en servicios públicos que no funcionan, son compatriotas pagando impuestos para recibir servicios de tercera y saber que el dinero se va en corrupción, putas y amiguetes, son compatriotas lanzados al abismo por delincuentes, españoles entregados a la muerte por la manifiesta incompetencia de una clase política empeñada en cumplir una sola ley, la ley del olivo… permanecer.

Son la prueba evidente de que nuestra patria está gobernada por patanes que viven otra vida al margen de la nuestra. Una clase política que no hace uso del transporte público, que no hace eternas espera en las urgencias hospitalarias, que no tiene que buscar y pagar un alquiler, que no teme el despido, que se prepara una buena pensión de retiro y que no vive con la incertidumbre del día de mañana. Una clase política que vive, gracias a nuestros impuestos, blindada, protegida, en un mundo irreal y desconectada de nosotros, y al que acude para hacerse la foto y decidir el futuro de una nación agonizante que no se dignan a pisar y a la que sólo miran de reojo. La foto duele, produce bochorno, vergüenza y angustia, mucha angustia.

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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