Españoles olvidados: Horna. Por José Crespo

Españoles olvidados: Horna. «Batalla entre los buques de guerra holandeses y españoles». Museo Naval de Madrid.

«Felipe IV invistió a Miguel de Horna, cuyas naves fueron conocidas como «las Reinas del Mar», como caballero de la Orden de Santiago en 1640″

El 18 de febrero de 1637 está estrechamente vinculado a la figura del marino español Miguel de Horna, un destacado soldado en el contexto de la Guerra de los Ochenta Años y concretamente ligado a la batalla y tremenda victoria olvidada de Lizard Point.

El pamplonés Miguel de Horna fue un aguerrido comandante español de la escuadra de Dunquerque, capitán de tierra y mar, que desempeñó un destacado papel durante la Guerra de los Ochenta Años o Guerra de Flandes. Comenzó su carrera bajo el mando del almirante de Flandes, Juan Claros de Guzmán, marqués de Fuentes, que había sustituido en el puesto a Francisco de Ribera en 1535. Tomó el mando práctico de la escuadra de Dunkerque cuando el almirante hispano-flamenco Jacob Collaert cayó prisionero de los holandeses en 1636.

El 18 de febrero de 1637, Horna lideró una importante victoria naval contra una flota anglo-neerlandesa en la Batalla de Lizard Point (cabo Lizard) en la costa de Cornualles, capturando un buen número de buques enemigos. Miguel de Horna, apodado por algunos como el «terror» de los holandeses en ese contexto, continuó sus campañas navales tras el 18 de febrero, infligiendo grandes daños a la economía comercial holandesa.

En ese mismo mes y año, como dato curioso, el día 26, en Ciudad de México, el Claustro de la Real y Pontificia Universidad de México otorgó licencia a un catedrático para enseñar astrología. También con esa misma fecha estalló la «burbuja de los tulipanes» en los Países Bajos, con la caída drástica de precios. El hecho podemos contemplarlo en la obra «Batalla entre los buques de guerra holandeses y españoles» un hermoso óleo que podemos disfrutar en el Museo Naval de Madrid.

Miguel de Horna, comandante general de la Armada de Flandes, interceptó un importante convoy mercante anglo-neerlandés de 44 buques escoltados por seis buques de guerra, destruyendo o capturando a 20 de ellos, y regresando a salvo a su base en Dunkerque. A principios del año de 1636, el experimentado corsario dunkerqués Jacob Collaert, comandante de la Armada de Flandes, fue derrotado por cinco buques de guerra de la flota holandesa de bloqueo bajo el mando del capitán Johan Evertsen. Su galeón y otro buque fueron hundidos después de un prolongado enfrentamiento frente a la costa francesa, cerca de Dieppe y fue capturado junto con 200 de sus hombres. Después de un intercambio de prisioneros fue liberado, pero falleció de enfermedad poco después en La Coruña como consecuencia de dolencias fruto de su cautiverio.

El bravo navarro Miguel de Horna lo reemplazó en el cargo. Horna también demostró ser un hábil comandante, ya que destruyó tres convoyes enemigos muy principales en menos de dos años, obteniendo la victoria para la Monarquía Hispánica en las acciones de Lizard Point, Mardyck y Channel.

Miguel de Horna zarpó de Dunkerque el 18 de febrero en misión de control de la navegación en el Canal de la Mancha al mando de una escuadra de cinco barcos y dos fragatas, para atacar la flota pesquera holandesa y actuar sobre sus rutas comerciales. Sus capitanes fueron el vasco Antonio de Anciondo, los flamencos Marcus van Oben y Cornelis Meyne y los castellanos Antonio Díaz y Salvador Rodríguez.

Después de capturar una nave mercante mientras estaba bajo un recio fuego de las baterías costeras enemigas de Calais, la fuerza española cruzó el Canal de la Mancha. Allí observaron un convoy anglo-neerlandés de 28 mercantes holandeses y 16 mercantes ingleses, escoltados por seis buques de guerra holandeses. Nada más avistar el objetivo frente a Lizard Point, en la costa de Cornualles, las naves españolas se lanzaron rápidamente en orden de ataque y asalto, tras aproximarse al convoy bajo un intenso fuego enemigo procedente de los buques de guerra de escolta. Poco después de que la escolta fuera atacada por la fuerza española, el buque insignia neerlandés quedó completamente inutilizado por el intenso fuego de cañones y mosquetería proveniente del buque insignia de Horna. La nave de Antonio Díaz logró abordarlo y capturar su bandera pero el asalto finalmente fue rechazado. Un segundo intento del barco de Horna, que transcurrió durante una eterna media hora, también falló pero con la ayuda de un tercer barco español bajo el mando de Cornelis Meyne, finalmente fue capturado. Aunque los comerciantes utilizaron sus propios cañones de su seguridad inmediata para ayudar a los buques de guerra holandeses, tres de ellos se hundieron, los otros dos se rindieron y fueron capturados.

Una vez ocurrido todo esto, las naves del convoy se dispersaron e intentaron escapar individualmente cada una a su suerte aprovechando la intensa humareda consecuencia del cañoneo durante la batalla y al amparo de la oscuridad de la noche. Sin embargo, 14 de ellos fueron capturados cayendo prisioneros en manos españolas, siendo conducidos como botín de guerra a Dunkerque con los tres buques de guerra capturados.

Horna regresó triunfante a Dunkerque escoltando 17 naves completamente cargadas con municiones y suministros, evitando al almirante neerlandés, Philips van Dorp, que había sido enviado para interceptarlo con 20 buques de guerra. Dorp intentó sin éxito bloquear a la flota española en el puerto, pero Horna pudo continuar sus campañas sin ninguna cortapisa. En el mes de julio de ese año emboscó a dos convoyes holandeses de Burdeos, capturando 12 barcos cargados, entre otras cosas, con 125 valiosos caballos. Además un convoy que navegaba desde Venecia hacia Ámsterdam también fue capturado, así como catorce barcos de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales y ocho que llevaban presentes para el rey Luis XIII de Francia.

En otro evento posterior, el 18 de febrero de 1639, cuando fue atacado por una flota holandesa de 17 barcos, Horna logró prestar auxilio a un convoy español para que pudiera zafarse del enemigo y escapar, a pesar de su inferioridad numérica. En 1639 sufrió, sin embargo, el gran desastre de la batalla naval de Las Dunas. También en 1639, el arzobispo de Burdeos Henri d’Escoubleau de Sourdis había bloqueado todos los puertos norteños de España, pero Horna, al mando de una docena de fragatas, destrozó el bloqueo francés, apresando once buques enemigos y a trescientos soldados valones, que encarceló en La Coruña. Felipe IV lo invistió como caballero de la Orden de Santiago en 1640, justo el año en el que encontraría la muerte en La Coruña. Este era y fue el gran Miguel de Horna, cuyas naves fueron conocidas como «las Reinas del Mar».

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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