La senda iluminada de Fernando Vizcaíno Casas (I). Por Diego Pardos 

Centenario de Vizcaíno Casas 

 (El 23 de febrero de 2024 se publicó este artículo en la revista Centinela. Ahora, con ocasión del centenario del nacimiento del escritor y en su homenaje, me ha parecido bien rescatarlo para La Paseata, con la debida actualización de fechas.) 
Vizcaíno Casas con Nieves Herrero. Foto del autor.

 Fernando Vizcaíno Casas (Valencia,1926-Madrid, 2003). Periodista, escritor y abogado. Fue el autor preferido del lector de “derechas” durante la Transición y el Felipismo. Calificado de “facha” -entre otras lindezas- él mismo se definía como “una persona absolutamente liberal”, pues entendía por “liberal al señor que respeta las ideas ajenas y exige que le respeten las suyas”. Maestro de la ironía, su integridad no le hizo cambiar -como alguno de sus personajes- de “camisa vieja a chaqueta nueva”, en unos tiempos en los cuales ello significaba, como es notorio, ir a la moda. Y no tuvo, además, inconveniente en reconocer que él era “un hombre del 23-F”. 

Centenario de Vizcaíno Casas

 Todavía en vida del autor. En un puesto de libros viejos. En una ciudad mediterránea. Dejé pasar la oportunidad de comprar La senda iluminada, una comedia premiada en el certamen teatral universitario del Colegio Mayor “Pedro Cerbuna”. Se estrenaría en el Principal de Zaragoza el 27 de marzo de 1949. Sin embargo “el éxito de la literatura es siempre fugaz” -le advertiría Alberto Insúa a los pocos meses de su debut-. “Entonces, pecado de juventud, no le hice caso”,  nos confiesa Vizcaíno. Y claro, volvió a insistir con el género dramático pues siguieron Los derrotados El baile de los muñecos (1950), El tercer hombro (1951), El escultor de sus sueños (1952), Puesta de sol y El fiscal (1956), El sucesor (1963) y Psicoanálisis de una boda (1965). 

 El hijo del paragüero 

 “Ya estamos, señora, frente a Vizcaíno. Mire qué paraguas, mire usted qué bolsos: hoy no hay en Valencia nada más allá…”, se decía en la famosa mazurca publicitaria de ese convulso año de 1934. En efecto, su padre era comerciante, dueño del célebre establecimiento Paraguas Vizcaíno, “para niños de dos a noventa años”. Mirado como era para las fechas, hubo de nacer su único hijo precisamente un 23 de febrero, bien que de 1926, en la plaza de Castelar de Valencia. Vivió su infancia, por tanto, con la inquietud propia de aquellas familias burguesas, testigos del advenimiento de la II República y del traslado del gobierno a la capital levantina durante la guerra civil. En la que es para mí su mejor novela, Zona Roja (1986), vierte sus recuerdos de aquella época, algunos de los cuales ya había esbozado en Chicas de servir (1985) y que completó con La sangre también es roja (1996). 

Pero “el hijo del paragüero”, como así se proclamaba con orgullo en un artículo de 1980 en Las Provincias, que había estudiado en la posguerra Peritaje Mercantil y parecía seguro sucesor del negocio, está dispuesto a dar un disgusto a don Fernando Vizcaíno Íñigo, pues comienza la carrera de Derecho y la alterna con sus primeros pinitos como cronista cinematográfico y entrevistador, además de tomar el aperitivo en Lara, donde también sacaba a alguna muchacha a bailar el fox o el bolero. Vamos, la vida bohemia y alegre de la cual desconfiaba su padre, que prefería llevar una rutina ordenada con sus paraguas y el vermú en Casa Balanzá. 

Donde se demuestra que Diego Pardos contaba con las bendiciones de Vizcaíno Casas.

Madrid 

 Y sucede lo inevitable. Es el año 1951 cuando se da de alta en el Colegio de Abogados de Madrid y comienza a ejercer. Pronto se especializa en el derecho cinematográfico, y lleva los pleitos de las celebridades en la Magistratura del Trabajo. Para un autor teatral, periodista y escritor imagino que no podía haber mejor práctica forense. ¿No saldrían de todas sus experiencias multitudes de anécdotas y conversaciones interesantes? No hay más que leer El revés del derecho (1973) o Café y copa con los famosos (1975). Porque muchos famosos fueron los que trataron con afecto a don Fernando (y eso en el país, según se dice, de la envidia). Basta repasar los nombres de quienes presentaron sus libros, entre ellos Luis EscobarChicho Ibáñez Serrador, José Luis Balbín, Antonio Mingote o Natalia Figueroa, entre otros. 

Profesionalmente ya no volverá a Valencia. Hasta su muerte en 2003 trabaja como abogado laboralista, al tiempo que escribe artículos y columnas para periódicos tan opuestos como El Alcázar o Interviú y va agrandando su lista de libros y obras (más de sesenta) con temas que van desde el Derecho al Cine, del Teatro al guion cinematográfico, de la Novela al anecdotario, de la entrevista a la crónica nostálgica o la biografía histórica. Y hasta se estrena como actor, en varias películas de Rafael Gil, basadas en sus novelas. 

 

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020). Escribo, algunas veces, en el Diario de Teruel.

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