No creo en la democracia. Por Julio Moreno López

No creo en la democracia.

 Solo es humo y nada más. Se parece tanto al veneno de medusa, que roza y quema, en un instante fugaz. Una montaña rusa, la gloria enferma de los que quieren reinar”. (“Mi pequeño Chernóbil”. Leiva). 

 No sé ustedes, pero yo, de un tiempo a esta parte, no salgo de mi estupefacción. No porque sea un ingenuo, o un hombre al que la sorpresa asalta a la menos ocasión; simplemente, no me da tiempo. No me he recuperado de la inverosimilitud de hoy, cuando llega la de mañana, subiendo el listón, desafiando a cualquier lógica, cruzando todas las líneas que creíamos insuperables. 

 

La palabra de esta semana es Hodio. Además, así, con H. la H es muda, pero la imbecilidad no. Miren, si mi profesor de lengua del colegio San Martín, don Antonio, para más señas “el Miliki” hubiera visto esto, se nos hubieran quitado las ganas de broma. Del guantazo que te daba, la H salía por la ventana, para no volver.  

 

Parece una simple forma de llamar la atención, esta costumbre que tiene la izquierda de este país de manipular el lenguaje, pero la realidad es que es otra manera de querer desacreditar todo lo que huele a tradición. No olvidemos que los miembros y las “miembras” del gobierno, como dijo María Jesús Montero, en su mayoría, han pasado por la universidad, aunque no lo parezca. No así sus votantes, que en su mayoría ignoran si odio va con H o sin H. 

 

Más allá de lo triste de estos eslóganes baratos, ahora resulta que Pedro Sánchez y su recua de ministros y ministrables han decidido, de repente, que hay que regular el odio en las redes sociales, pero solo en las redes sociales, porque ayer mismo Mar Espinar, portavoz del PSOE en la Asamblea de Madrid inauguró esta nueva etapa Flower Power del presidente Sánchez llamando a Ayuso “ridícula, desalmada y mala persona”, además de mandarla a chupar botas a los Estados Unidos, sin billete de vuelta. Una extraña forma de seguir los dictados de su líder, en esta nueva era de claveles en los fusiles. Debe de ser que como Pedro Sánchez se escapó a Fuenlabrada a visitar unos murales, en lugar de mostrar sus respetos a las víctimas del 11-M, no le llegó el rumor de la nueva consigna. Posiblemente, porque los insultos a voz en grito de la gente de Fuenlabrada, poco susceptible además de ser peligrosos ultraderechistas, apagaron el mensaje de Pedro. 

 

La realidad, la verdad de todo esto, es que vivimos, como ayer dijo Pedro Almodóvar, el peor momento de la democracia. Fíjense hasta que punto andan despistados los votantes del señor Sánchez. Porque aquí ya no se trata de derecha e izquierda, de votantes del PSOE y votantes del PP, como toda la vida. Ahora, los que deciden los destinos fatales de las dos Españas no son los votantes del partido socialista; son los votantes de Sánchez, que es algo muy diferente. Los votantes de Sánchez son una especie aparte, una raza nacida de la involución del demócrata, que se nutre de aquello que antes se les echaba a los cerdos, de las sobras, de la basura, del excremento que su líder reparte, mientras reniega de él. La máquina del fango asentada en Ferraz. El aparato que reparte inmundicia como una mierda arrojada a un ventilador. 

 

Y van a seguir haciéndolo, porque ya han comprobado que nada les pasa factura. Los Ábalos, los Koldo, los Chaves, los Griñán, los Zarrías, Alvarez, Fernández, Viera, Aguayo y un sinfín de condenados o futuros condenados más, por casos que se vienen repitiendo desde el inicio de la democracia. Nada desencanta al votante de Sánchez, que se permite, además, renegar de Felipe González que, les guste o no, posicionó al partido socialista y lo saco de su posición residual. 

 

El problema es que, ante todo esto, el líder de la oposición, el señor Feijóo, habla, pero habla bajito, no vaya a ser que alguien le escuche y luego tenga que responder, ya saben; “Serás esclavo de tus palabras y yo señor de mi silencio”, debe pensar el gallego, al que no le sirve de nada que se las pongan en bandeja, como a Felipe II.  

 

Y el otro invitado de piedra a este entierro, Abascal, con todo su porte, con toda su barba y todo su fachaleco, está demostrando ser un pusilánime y un cobarde, que no quiere gobernar, no vaya a ser que tenga que hacer algo y se equivoque. No hay que olvidar que, a fin de cuentas, no deja de ser un esqueje del PP, del que además ha copiado su forma de llevar el partido, anulando a los mejores no vaya a ser que le hagan sombra. Y esto no lo digo por Ortega Smith, por si hay dudas. 

 

Por eso, yo no creo en la democracia. La democracia exige que el votante tenga capacidad objetiva de voto y que el político asuma su rol de servidor público; y en este país de demagogos, de egocéntricos, de pusilánimes y de ignorantes, además con mala leche, no estamos capacitados. Esto no va a funcionar, nos pongamos como nos pongamos. 

 

A no ser que llegue alguien como don Antonio, que nos dé una ostia, con o sin H, que nos quite la tontería. Ya nos la estamos ganando. 

 

 

@socivil_jm 

Julio Moreno Lopez

Nací en Madrid en el año 1970. Aunque mi título universitario indica que soy ingeniero informático por la Universidad Pontificia de Salamanca, nunca ejercí como tal. Enamorado del mundo del periodismo y de la literatura, colaboro en diversos medios escritos y en alguna que otra emisora de radio. Ahora, miembro de este proyecto tan bonito de La Paseata. Además, soy autor del libro “Errores y faltas” Y del blog del mismo nombre. En Twitter @elvillano1970.

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