Ignacia de Pano. Por Diego Pardos 

Ignacia de Pano.

«Ignacia de Pano, digo, que tiene un nombre tan bonito como el Congreso Ibérico del Maíz, se juega la vida con frecuencia en el eje ferroviario Barcelona-Madrid»

Ignacia de Pano, que según puede verse en internet (ese pozo de fango, esa sentina de bulos) es abogado en Barcelona y agricultora en Binéfar, provincia de Huesca, ha destacado dos columnas, ambas aparecidas en el diario El Mundo y que son sendos obituarios a la muerte del periodista Raúl del Pozo. Uno de ellos es el de Emilia Landaluce, que cuenta cómo se metió con él en un casino y el famoso escritor casi le robó cincuenta euros para jugar a la ruleta. Ganaron tres mil, repartidos al cincuenta por ciento. Cuando alguien se muere en España es obligado hablar bien del finado, y yo saltándome esa hipócrita y tácita norma he de afear ahora a don Raúl que no devolviera a Emilia sus cincuenta euros, afanados abusando de la inocente joven. Y que tratara de emborracharla con güisqui. 

 

Ignacia de Pano, que tiene en X una risueña foto de perfil asistiendo al Congreso Ibérico del Maíz, ha compartido también las palabras de Federico Jiménez Losantos -otro aragonés- donde y tras el título de “Raúl, en su cielo” evoca su amistad con Del Pozo y deja unas palabras líricas llenas de sentimiento, muy alejadas de sus diarias columnas romas, que son el resumen o el guion de los monólogos radiofónicos. Una glosa de las frías tierras del Tremedal y Molina de Aragón, cuya veleta también yo he contemplado a veces y cuya hojalata parece como que anunciara el frío con sones de trompeta de alguacil, si la memoria no me falla (que suele hacerlo). 

 

Ignacia de Pano, que está en una fotografía de fondo con una cosechadora atómica amarilla armada de misiles termonucleares, debió de acudir a ese congreso ibérico del maíz porque tiene un nombre bonito y como de novela de humor y por llevar la contraria así a otros entes, estamentos y reuniones epigrafiadas con las neolenguas que tanto nos irritan: “Mujeres, esfera pública y participación desde la interseccionalidad”, verbigracia. O esta del “Congreso Internacional sobre la infradenuncia de los Delitos de Odio”. Ya ven ustedes: interseccionalidad e infradenuncias, y de postre un plan del Gobierno para censurar, monitorizar o cancelar el odio (que ellos, tan modernos amantes de la gramática, lo escriben con hache, como harían con el amor por contrariar a Enrique Jardiel Poncela, ese carca). 

Amor se escribe sin hache.

Ignacia de Pano, digo, que tiene un nombre tan bonito como el Congreso Ibérico del Maíz, se juega la vida con frecuencia en el eje ferroviario Barcelona-Madrid y allí en el tren se encuentra a señoras con sostén (a la vista, aclaro) y nos lo cuenta para que sepamos lo chalada que está nuestra Españita, y el poco remedio que tiene. Yo valoro mucho estas crónicas de sujetadores porque pueden abrocharse con alguna columna en que he hablado de la pudorosa prenda y su relación con la política. Claro que eso fue hace mucho tiempo (dos años, que en el sanchismo son como los XXV Años de Paz de Franco, pero sin la Seat ni el INI) y yo por entonces hablaba de las ropas íntimas de nuestras fuerzas públicas y no de lo que están pensando ustedes, es decir en la lencería de Jessica. 

 

Casi al cierre de la edición, vuelvo a curiosear el tuiter de doña Ignacia y veo que ha publicado una estampa de su cabestrillo en solidaridad con la analista Sarah Pérez Santaolla, una de las hintelectuales que firmó un manifiesto contra el odio y que estos días ha de soportar la incomodidad de la prótesis que cuida de su delicado antebrazo. A este respecto una duda me inquieta: ¿dónde se comprarán estos productos? ¿En una tienda de ortopedia? ¿Acaso en una fina mercería? 

 

La muerte de Raúl del Pozo está sirviendo para que se escriba un buen ramo de no malas columnas sobre él, de modo que algún epitafio podría componer el linotipista en su tumba: “Mi muerte no fue en vano”. Aunque yo, que no tengo más que añadir al acontecimiento, mayormente por ignorancia o escaso talento, he preferido dedicar el presente artículo absurdo a una mujer de La Litera, con la esperanza de que nuestras vidas se unan en torno al Congreso Celtibérico de la Cebada, al Ibérico del Maíz o al Bético del Olivo. 

 

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020). Escribo, algunas veces, en el Diario de Teruel.

Artículos recomendados

Deja un comentario