
«A propósito de la suelta indiscriminada de los criminales etarras por parte de la extrema corrupción, y del nazionalismo supremacista vasco»
El título de este artículo está inspirado en un deseo personal que nunca vi cumplido, ver a los criminales etarras caminando hacia el cadalso mirando fijamente el instrumento justiciero que les iba a ser aplicado.
Siempre estuve a favor de la pena de muerte para los criminales etarras, y para todo aquel que, por puro placer, o por odio irracional, asesinara indiscriminadamente, con premeditación, y alevosía agravada. Si desde el principio se hubiese hecho justicia, o las sentencias se hubiesen cumplido tal y como se dictaron, ningún presidente corrupto hubiese podido mangonear la justicia por puro interés personal, como Sánchez.

En septiembre de 1975 ajusticiaron a cinco terroristas, lo recuerdo perfectamente. Era otro gobierno, no contemplativo, no laxo, no permisivo, no tibio, no equidistante. Por tanto, a nadie debería extrañar que aquellos cinco terroristas acabasen siendo fusilados tras asesinar de la forma más cruel e inhumana a varios servidores públicos.
Hablaron, y hablan, de la inutilidad de aquellos fusilamientos, los que nunca defendieron los derechos humanos de las víctimas. Diríase que los criminales tenían derecho a matarlos, y los muertos a ser asesinados por ellos. Otra interpretación no cabe, ni los señalados se dignaron a dar otra. Hoy día siguen exhibiendo su catadura moral como cómplices necesarios en el blanqueamiento de, sus, criminales. La equidistancia es el burladero en el que se refugian los cobardes, también los cómplices necesarios, los granujas y los beneficiados.

Ya en democracia, después de una amnistía general, cientos de terroristas con las manos empapadas en sangre dedicaron su libertad a seguir asesinando españoles. Los criminales vascos llamaban lucha armada al tiro en la nuca, y al desmembramiento de sus víctimas mediante sus bombas.
ETA dijo que había que socializar la muerte, y a ese fin se entregaron sabiendo que, si los detenían no les pasaría nada, y además tendrían a su servicio a los granujas que justificarían sus acciones criminales, como por desgracia así fue.
De los tibios nunca supimos nada, entre ellos los medios de izquierdas, al parecer asesinar en democracia les seguía pareciendo honorable. Hoy día los podemos ver en perfecta comandita, afables sonrientes y complacidos, entre criminales convictos, el jefe máximo de ETA y sus lacayos, y la extrema corrupción en pleno.
Asesinaron con saña y odio reconcentrado, según ETA eran ejecuciones, a cientos de hombres mujeres y niños, incluso mujeres embarazadas, el silencio de la izquierda era estruendoso ante aquella matanza. Socializar el terror, empezaba a estar bien visto, incluso algunos extremistas lo empezaron a denominar, progresismo.

Volaron casas cuartel, hipermercados, vehículos, autobuses con personas en su interior, ¿también trenes? Los años de plomo marcaron nuestras vidas, por entonces ningún español estaba libre de ser asesinado por estos canallas. ¿Recuerdan la masacre de Hipercor?
Cometieron vandalismo, estragos, atracos, extorsiones, chantajes, amenazas, y todo tipo de delitos, también dinamitaron los derechos humanos de los que tanto hablan hoy día. Delitos por los que muchos de ellos, nunca fueron juzgados. Escaparon del garrote vil ratas como Txapote, Parot y demás roedores de cloaca.
Hoy día estos hijos de puta pasean tranquilos y sonrientes por las calles vascas, altaneros y orgullosos de haber matado a cientos de españoles, a la vez que las singulares autoridades vascas los miman y protegen como singulares hijos de puta que son. La singularidad vasca impone sus deseos, deseos que siempre coincidieron con sus singulares criminales.
El nazionalismo criminal vasco solo engañó a los estúpidos, a los convencidos, y a sus militantes, a los españoles no. Eran los suyos, sus putos cagaris, criminales en serie de la peor ralea, a ese grado de bajeza han llegado quienes miran con repulsiva displicencia a quienes les pagan las pensiones, el resto de españoles.
El triunfo de ETA marcó el ocaso de la justicia española, convertida en filfa en manos del corrupto Sánchez. Existen jueces y fiscales que cumplen dignamente con su cometido, otros van al dictado del dictador, esperando que la atención del tirano recaiga sobre sus silentes figuras.
La JUSTICIA no se interpreta a gusto de ningún político corrupto, ni del siervo circunstancial que atienda sus deseos. La JUSTICIA se aplica y punto, lo demás es empeñar la toga en el monte de piedad de Ferraz. Cuando la JUSTICIA se pone al servicio del tirano, deja de ser JUSTICIA.
Se dijo que la democracia pudo con ETA, rigurosamente falso. Se hizo un pacto por las libertades y contra el terrorismo, traicionado por la izquierda extrema de Zapatero. Incluso un gobernante catalán pactó con el jefe de ETA para que no cometieran atentados en Cataluña, por aquello de no encharcar sus calles con sangre de españoles. Lo hizo José Luis Carod-Rovira, conseller en cap. (ERC) del socialista Pascual Maragall. Del pozo de la inmundicia nada bueno puede extraerse, del catalán menos.
Años después se legisló para excarcelar etarras, a condición de colaborar con la justicia en la aclaración de más de 360 asesinatos, de nada sirvió. Las leyes no obligan a las ratas, en la España actual se las beneficia judicial y políticamente desde el gobierno, también se las entrevista en TVE, y se las elogia públicamente como defensoras de la democracia, como dijo un delegado de gobierno en ejercicio. Blanco y en botella.
La poltrona del tirano tenía un precio, la traición a la memoria de miles de españoles cuyas vidas fueron destrozadas por el nazionalismo vasco. Escupir sobre la memoria de los asesinados ha sido su acto más heroico, los muertos no votan, pero los vivos nunca olvidarán quién escupió sobre sus tumbas, me refiero a ti, Pedro Sánchez.
Hasta aquí parte de la historia negra del nazionalismo asesino, blanqueado por la extrema corrupción. A tales principios tales consecuencias, un jefe de gobierno apoyado por etarras. ¿Se puede ahondar más en la indignidad? Sánchez nos demuestra a diario que se puede eso, y más.
Desde entonces se han venido poniendo todos los medios para que los etarras vayan saliendo en fila india de las prisiones, sin que la ley haya podido castigarlos, conforme a la ley que ellos mismos aprobaron.
En España un asesinato cometido por ETA se castigaba de media con un año y unos meses de cárcel, ahora ni eso. Clama a todos los cielos ver cómo semana tras semana el gobierno peneuvetarra, amparado por el de Sánchez, libera groseramente a sus criminales. ¿Pago por sus servicios? Piensen mal y acertarán, el resultado está a la vista de todos.
En democracia nunca hubo justicia libre e independiente, la poca que hubo pronto fue depurada, ejemplos sobran, ejemplaridad ninguna. La hez política se acostumbró a los funerales, incluso algunos farsantes portaron ataúdes a hombros, ahora se ciscan en los muertos, y compadrean con los criminales. Lo llaman progresismo, también justicia creativa, yo lo llamo traición a los muertos y colaboración con banda armada.
ETA ha ganado, se siente fuerte, gobierna y legisla desde Madrid, impone sus reglas, se siente orgullosa de sus matanzas. Pero no se preocupen, ustedes sigan con sus vidas como si no pasara nada, pues pese a todo lo anterior, aquí nunca pasa nada.
NI OLVIDO NI PERDÓN
¡VIVA LA LIBERTAD!
¡¡VIVA ESPAÑA!!

