La Iglesia oficial Católica Romana colaboradora en la profanación del Valle de los Caídos. Por José Crespo

La profanación del Valle de los Caídos.

«Las Escrituras nos enseñan que la posición jerárquica no garantiza la salvación y que un liderazgo negligente, o impío conlleva a un juicio más estricto»

Durante la última Guerra Civil Española (1936-1939), la Iglesia Católica sufrió una intensa persecución en la zona controlada por los republicanos, persecución marcada por una violencia anticlerical extrema que provocó el martirio y asesinato de miles de miembros del clero y también el saqueo, expolio y destrucción programada del patrimonio histórico religioso. Este fenómeno, con exactitud denominado ‘martirio’ por la propia Iglesia Católica, que ha generado santos y beatos, se vio impulsado por un anticlericalismo exacerbado dentro de las organizaciones del Frente Popular, como el que hoy nos gobierna, incluyendo sectores socialistas, comunistas, separatistas y anarquistas.

Se estima que cerca de 7.000 religiosos, incluyendo 13 obispos, miles de sacerdotes y religiosos, fueron asesinados en la zona republicana.
La persecución incluyó torturas y mutilaciones, caracterizándose por una extrema crueldad, descrita, a la vista de las pruebas, como un proceso de eliminación sistemática de la institución religiosa.
Además de las vidas humanas, se produjo la quema y saqueo de miles de iglesias, conventos y edificios religiosos, superando la destrucción de patrimonio de periodos anteriores como fue el saqueo programada por la ocupación napoleónica.
La Iglesia Católica ha beatificado y canonizado a cientos de estas víctimas, reconociéndolas como mártires de la Fe.

El anticlericalismo fue el vínculo común entre las fuerzas de izquierda del Frente Popular que consideraban a la Iglesia como la responsable del atraso de España y aliada de las opresoras clases acomodadas.

No podemos olvidar el preludio del conflicto pues antes de la guerra, ya se habían producido episodios de enorme gravedad que anunciaban las intenciones de las izquierdas, como fue la brutal quema de conventos en 1931 y la violencia de 1934, que anticiparon la intensidad de la represión durante la contienda.

A día de hoy hemos escuchado soflamas al grito de «la iglesia que más iluminación es la que arde». También la llamada escritora Almudena Grandes, premiada con su nombre en la estación de Atocha, fue objeto de lógicas fuertes críticas debidas a la controversia de un artículo de opinión publicado en el diario El País el 24 de noviembre de 2008, titulado «La madre de todas las alegrías» en el contexto de un debate sobre la figura de Sor Maravillas de Jesús y los homenajes a religiosos asesinados en la Guerra Civil. Grandes tuvo el cuajó de escribir… «¿Imaginan el goce que sentiría al caer en manos de una patrulla de milicianos jóvenes, armados y -¡mmm!- sudorosos?»

Sectores socialistas, junto con anarquistas y comunistas, participaron activamente en aquella persecución que hoy se jalea y a la que se muestra simpatía, mostrando a la Iglesia como un enemigo a erradicar para la implantación de un nuevo orden social.

Ante tal situación, la jerarquía eclesiástica española fue protegida gracias al apoyo del bando nacional, sublevado ante tal iniquidad, y liderado por el general Franco, calificándose la guerra como auténtica «Cruzada» para defender la Fe, a la vista de la más que intensa persecución promovida por el bando republicano.

En la actual situación, la cúpula eclesiástica española parece olvidar que la Iglesia fue salvada por el bando Nacional del exterminio programado por el socialismo que según Largo Caballero, a imitación de lo ocurrido en Rusia, aspiraba a convertir España en una república soviética en la que ondease la bandera roja con la hoz y el martillo. Hoy esta figura es reivindicada sin rebozo por socialistas y sindicalistas.

A día de hoy, el pacto del socialista Bolaños con el pelele cardenal Cobo sobre la «resignificación de Cuelgamuros» que no sabe explicar y menos justificar, además de una iniquidad, es una insultante chapuza.
El Valle de los Caídos en ningún caso pertenece al Patrimonio del Estado sino a una Fundación que es la única que puede disponer de él.
Además, el templo al ser una Basílica Pontificia su eventual desacralización solo puede ser decretada por la Santa Sede no el cardenal Cobo por muy cardenal que sea.
De cualquier manera este acuerdo malintencionado y chapucero pone de manifiesto la inaceptable actitud de la jerarquía eclesiástica que, encima, por boca del Presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Uriarte, antiguo colaborador de Carrillo, quien de forma rastrera y cobarde hace votos por que la Comunidad Benedictina alcance a un pacto con el Gobierno «que beneficie a ambas partes».
Cobo se ha doblegado sin ser su cometido frente a los que solo actúan bajo las 3R, el rencor, la revancha y el resentimiento para reescribir e imponer su visión deformada y parcial bajo las 3M, la mentira, el miedo y la manipulación. Cobo ha olvidado que mientras que el color morado obispal denota autoridad pastoral el color rojo cardenalicio que ostenta simboliza el martirio y la preparación para defender la Iglesia.
Las escrituras, junto con la tradición y los comentarios de santos, no eximen a los líderes eclesiásticos (obispos, pastores, ancianos) de la posibilidad de condenación eterna si no viven conforme a la voluntad divina. De hecho, la Biblia sugiere que quienes ocupan cargos de autoridad tienen una mayor responsabilidad y, por ende, un juicio más severo.

Podemos acudir a varios textos.

En Mateo 23:13-33 (Jesús y los fariseos), Jesús pronuncia severos ayes o quejas contra los líderes religiosos de su época, llamándolos «guías ciegos» e hipócritas, preguntándoles cómo escaparán de la condenación del infierno (Gehena).

En Ezequiel 34:1-10, se lee la profecía contra los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos en lugar de cuidar al rebaño, indicando que Dios les demandará la sangre de las ovejas.

También San Juan Crisóstomo es famoso por su contundente afirmación, aunque a veces citada fuera de contexto, que refleja la severidad del juicio: «No creo que muchos obispos sean salvados, sino que los que perecen son mucho más numerosos».

Es conocida la frase «El camino al infierno está empedrado con las calaveras de los obispos» que a menudo es atribuida de forma errónea tanto a San Juan Crisóstomo como a San Agustín, y que aperece en su mención más antigua registrada por John Wesley (1737), citando una idea común y general sobre el mal clero.

En resumen, las Escrituras nos enseñan que la posición jerárquica no garantiza la salvación y que un liderazgo negligente, impío o buscador de ganancias deshonestas conlleva a un juicio más estricto.

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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