Señor Marqués, el ocaso. Por Julio Moreno López

Señor Marqués, el ocaso.

 

Señor Marqués, el ocaso”. (“Memorias del Marqués de Sotoancho”. Alfonso Ussía). 

No sé si han tenido ocasión de leer los libros del Marqués de Sotoancho, de Alfonso Ussía. Si no es así, ya están tardando. Sin duda, la genialidad de Alfonso Ussía es algo que no se puede dejar pasar y que, además, aporta el plus inapreciable de alguien que dominó la ironía y la capacidad de reírse de casi todo, empezando por sí mismo.  Alguien que sabe reírse de sí mismo es, de por sí, una rara avis en este mundo de narcisistas y egocéntricos en que se ha convertido este país, como si nunca nos hubiéramos limpiado el culo con páginas del periódico de ayer. Y dotado, además, de una visión global para no solo situar, sino también situarse, para saber el terreno que pisa y ser consciente de que no habrá, no habremos, hecho algo tan importante para creernos mejores que el resto. 

 

Puestos ya en situación, esto del ocaso viene muy al caso, en estos tiempos terribles del inhóspito siglo XXI. Sin duda, los nacidos en el siglo XX vivimos el ocaso de muchas de las cosas que hemos dado por sentadas a lo largo de nuestra larga pero fugaz existencia. Para empezar, por orden de cercanía, vivimos el ocaso de las buenas costumbres y el respeto, en un sentido genérico y general. Las nuevas generaciones, al albur de la neoeducación y los neovalores, no reconocen autoridad alguna ni protocolo. No muestran respeto por los mayores, por los maestros, por los agentes del orden ni por nadie en absoluto. Pero claro, en un país donde un ministrable, o un ministro entrante, se permite acudir a recibir su cartera con pantalones vaqueros y, de tal guisa, ir después a jurar su cargo ante su Majestad el Rey; en un país donde los diputados, que antes acudían a las Cortes generales vestidos como mandaban los cánones, acuden ahora en camiseta o se permiten, ellas, dar el pecho en su escaño, cuando existen lugares adecuados para hacerlo, ¿Qué mensaje estamos dando?. 

«¿Cómo permitimos que siga gobernando alguien que ha demostrado un desprecio absoluto por los pilares de esta supuesta democracia?» 

Enlazando con esto, vivimos el ocaso, también, del sistema democrático. No es que a mí me importe una mierda la democracia, faltaría más, pero si hemos convenido que es el menos malo de los sistemas, ¿Cómo permitimos que siga gobernando alguien que ha demostrado un desprecio absoluto por los pilares de esta supuesta democracia? Un personaje que se encuentra en el centro de un entramado en el que sus cercanos, algunos por parentesco y otros por confianza y subordinación están cayendo uno tras otro en imputaciones de delitos que, si bien son presuntos, son evidentes, y que se permite mirar hacia otro lado y lavarse las manos como Poncio Pilato 

 

Una democracia en la que un ministro y secretario de organización del PSOE ya está condenado, ha perdido la presunción de inocencia y ya es un delincuente con ficha. Una democracia en la que, presuntamente pero a todas luces, la corrupción no ha sido una consecuencia del poder, sino una premisa previa para alcanzarlo. Una democracia que se ha subvertido, para que no gobierne el más votado, pactando con los que tienen las manos manchadas de sangre y con aquellos que buscan la destrucción de España como base estructural de su programa político. 

 

Vivimos, además, el ocaso de la cordura, del sentido común, en el que la asignación de cuotas de todo tipo malvende puestos y presupuestos para contentar a los colectivos más variopintos y minoritarios, desfavoreciendo a los que los merecerían por méritos, fomentando y transmitiendo la impresión a las nuevas generaciones de que vale más ser un subvencionado de carnet que escalar, como antes era común, con esfuerzo y trabajo. El ocaso, por tanto, de lo único que, evidenciada la degradación de lo público, podría salvarnos; el emprendimiento y la creación de empleo de calidad, para que no nos vendan que vienen a pagarnos las pensiones aquellos a los que en realidad estamos manteniendo con unos recursos públicos que salen de lo privado, aunque como evidenció Carmen Calvo, los socialistas quieran hacernos creer que el dinero público no es de nadie; pero lo pagamos todos. 

 

Y el ocaso, escalofriante e imparable, de lo que fue un país unido. Un país que sostuvo un imperio, un país en el que no se ponía el sol, que ha dejado de ser uno grande y libre para convertirse en muchos, pequeños y dependientes, de un gobierno central que ha descentralizado todo, salvo cuando hace falta pasta, que es cuando se acuerdan de España ciertas Comunidades Autónomas, a las que habría que decir que, mal que les pese, miren en su carnet de identidad, a ver que pone en la nacionalidad; y dependientes de una Europa que no ha pasado nunca de ser el mercado común que la originó y que regala dinero envenenado, como quien regala peces pero te quita la caña y los barcos para pescarlos. 

 

Así pues, y sucumbiendo a otro ocaso, el del idioma más bello jamás creado por el ser humano, el idioma de Cervantes, de Cela, de los Machado y de Lorca, queridos boomers, millennials, centennials o como quieran llamarnos, solo tenemos dos opciones. Quedarnos sentados ante la ventana, observando el ocaso como Sotoancho, o coger al toro por los cuernos, con dos cojones, haciendo que nuestros difuntos padres se enorgullezcan de nosotros, donde quiera que estén, si es que están en algún sitio y, si no, que cuando nuestros hijos nos juzguen en el futuro, lejano pero inmediato, no digan que nos dejamos tocar los huevos y el orgullo y no hicimos nada para evitarlo. Y eso, teniendo en cuenta que nuestros críticos más feroces serán, precisamente, ellos. 

 

Ya llega 2027, ya está llamando a la puerta. No podemos hacer más que acudir a las urnas, eso a lo que tanto miedo tiene la izquierda de este país pero que no va a poder evitar. Por más que, como ya he dicho, la democracia me importe una puñetera mierda. Una pobre oportunidad, sucia y degradada, pero oportunidad al fin. 

Julio Moreno Sociedad Civil

Julio Moreno Lopez

Nací en Madrid en el año 1970. Aunque mi título universitario indica que soy ingeniero informático por la Universidad Pontificia de Salamanca, nunca ejercí como tal. Enamorado del mundo del periodismo y de la literatura, colaboro en diversos medios escritos y en alguna que otra emisora de radio. Ahora, miembro de este proyecto tan bonito de La Paseata. Además, soy autor del libro “Errores y faltas” Y del blog del mismo nombre. En Twitter @elvillano1970.

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