
«Aquel encuentro le hizo comprender que dentro de cada pequeño ser, también puede habitar el Universo entero»
Kira, como así se llamaba la niña, observaba el descuidado jardín. De repente vio una abeja revolotear entre los pétalos de una flor. Al cabo de un rato la abeja comenzó a hacer piruetas, y sin temor se posó en uno de los dedos de la pequeña para llamar su atención. Esto le hizo ver que en cada flor que polinizaba, sembraba magia a su alrededor.
Kira y la abeja, a la que llamó Lita, hicieron un pacto para salvar el jardín de la indiferencia. Lita enseñó a Kira el lenguaje de la naturaleza, con la esperanza de que pudiera transmitírselo a otros niños.
Poco a poco el jardín empezó a recuperar su belleza. Kira no solo vio renacer las flores, si no que también sintió como su corazón crecía.
Aquel encuentro le hizo comprender que dentro de cada pequeño ser, también puede habitar el Universo entero.
@ Manuel Sanz Real

