Agostamiento en agosto. Por Julio Moreno 

Agostamiento en agosto.

 

“Distraerse significa casi siempre cambiar de aburrimiento”. (Charles Régismanset)

 Bueno, pues una vez más ha llegado el mes de agosto. Es este un mes, la verdad, que me genera sentimientos encontrados. De una parte, gran parte del año discurre entre el anhelo de llegar a él, la promesa de largos días de asueto, playa, ocio y chanclas perpetuas; de otra parte, está la llegada en sí, que te sitúa ante la realidad de que no es agosto lo que anhelabas, sino la imagen idílica e irreal que tu mente se ha empeñado en proyectar durante el invierno. Una vez llegado agosto, como diría Groucho Marx, todo me recuerda a agosto, menos agosto. 

 

Es cierto que el ser humano en general, y yo en particular, nos caracterizamos por no encontrarnos nunca a gusto con la situación real que nos toca vivir. A mí, al menos, antes me ocurría, durante mi juventud y adolescencia, que por muy propicia que fuera mi situación nunca disfrutaba de ella, porque en todo momento estaba pensando en lo que venía después. Era como si mi mente fuera siempre varios pasos por delante de mi cuerpo. Puede que fuera como en la canción de Modestia Aparte, que dice y aunque tengo lo que quise, hoy no quiero lo que tengo o, como dice Jorge Drexler en su canción Movimiento, siempre miramos el rio pensando en la otra ribera. Sin duda, un desasosiego constante, o yo al menos lo recuerdo así. 

 

Ahora, por el contrario, no me ocurre; no estoy pensando en lo que vendrá después, pero se sigue manteniendo, en la mayoría de ocasiones, esa sensación extraña de no estar donde quiero estar, con el agravante de que, en realidad, no sé dónde quiero estar. Volviendo a la música, como dice Álvaro Urquijo, no sé bien que estoy buscando, pero me voy alejando. 

 

El tedio es una desgracia de las personas felices”. (Hugh Seymour Walpole). 

 

Curiosa frase, esta del genial novelista inglés. Pero yo, como casi siempre, disiento. El aburrimiento puede ser una ventaja de las personas felices, carentes de problemas en los que ocupar su mente. Yo mismo puedo aburrirme sin remordimiento durante horas; sin embargo, el tedio, implica la incomodidad con tu propio aburrimiento, el aburrimiento pesado de quien no quiere aburrirse, pero se ve abocado a ello. Y esto me trae de nuevo al mes de agosto, ya que no deja de ser paradójico que un mes que es mayoritariamente ocioso, al menos en occidente, haya dado lugar a la palabra agostarse, que, según la RAE significa “secarse, marchitarse o perder vitalidad”.  Es cierto que este término, en principio, se aplicaba a las plantas, por la relación de agosto con el calor y la falta de agua, pero no es menos cierto que, aplicado a las personas, sirve para definir a aquellos que, por uno u otro motivo, han perdido su vitalidad y sus ganas de vivir. 

 

“El tedio es una enfermedad del entendimiento que no acontece sino a los ociosos”. (Concepción Arenal). 

 

Puede que esté en lo cierto Concepción y que ese sea el motivo por el cual, durante nuestro asueto veraniego nos vemos obligados a buscar actividades con las que llenar el ocio, como actividades físicas o deportivas que no realizamos nunca, o intelectuales, como leer ese libro que no has cogido en todo el año, pese a tenerlo entre tus objetivos, pintar o escribir un libro o un articulito como este. Como decía Carlos Ruiz Zafón, novelista que, si no han leído, les recomiendo encarecidamente siempre he dicho que el ocio ablanda el espíritu. Hay que mantener el cerebro ocupado. Y si no se tiene cerebro, al menos las manos. Otra genialidad esta frase que logra abarcar a todo el género humano.  

Es así. No se ustedes, pero yo, cada día estoy más convencido de que mucha gente tiene el cerebro justo para llegar vivo a mañana, y además se empeñan en demostrarlo. Fue Jesús Quintero, el genial comunicador quien dijo que antes la incultura y la ignorancia se vivían como una vergüenza, mientras que ahora hay personas que presumen de no haber leído un libro en su vida”. Claro que, en un mundo que endiosa a artistas como Bad Bunny, es normal que ocurra esto, o a lo mejor precisamente se idolatra a este tipo, y sus congéneres, porque hay una generación que presume de su ignorancia y, además, la demuestra. 

 

“La ignorancia es mucho más rápida que la inteligencia. La inteligencia se detiene cada rato a examinar; la ignorancia pasa sobre los accidentes del terreno que son las nociones, a gran velocidad, y jamás hay nada que le llame la atención. Así llega rápidamente a cualquier parte, especialmente a las conclusiones”. (Alejandro Dolina). 

 

No se ustedes, pero yo, después de leer a Dolina, empiezo a entenderlo todo. 

 

A pesar de mi agostamiento. 

 

@socivil_jm 

Julio Moreno Lopez

Nací en Madrid en el año 1970. Aunque mi título universitario indica que soy ingeniero informático por la Universidad Pontificia de Salamanca, nunca ejercí como tal. Enamorado del mundo del periodismo y de la literatura, colaboro en diversos medios escritos y en alguna que otra emisora de radio. Ahora, miembro de este proyecto tan bonito de La Paseata. Además, soy autor del libro “Errores y faltas” Y del blog del mismo nombre. En Twitter @elvillano1970.

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