
«Que la palabra nazi sea manoseada por los yonkis del odio, nos muestra de que calaña están hechos los sicarios del gobierno más corrupto de todos los tiempos»
No pasa día sin que en los medios desinformativos del régimen sanchista oigamos a los personajillos que por allí desfilan, al paso de la oca, pronunciar la palabra, nazi. Lo hacen compulsivamente, como si compitieran entre ellos a ver quién es más despreciable, además creo firmemente que lo hacen aconsejados por un grupo de asesores borrachos.
Sería difícil imaginar que los que la pronuncian sepan qué significado tiene la palabra que usan como arma arrojadiza hacia la derecha, y qué connotaciones históricas posee. Más bien pienso que su probada estulticia les hace pronunciarla cuando su vocabulario se agota a la tercera palabra, e invariablemente la cuarta, nazi, emerge rebozada en su insuperable hijoputez.
Razonar con una zarigüeya sería imposible, hacerlo con un macarra blandito, vestido de gris sufrimiento, sería como enseñar modales a un dragón de Komodo hambriento. Como insufribles estúpidos que son, lo mejor será usar el sustantivo invariable, nazi, de la misma forma que ellos lo hacen, pero aderezándolo con un pellizquito de pimentón picante, una cucharadita de aceite de vitriolo, y cinco gramos de almizcle de serpiente cornuda, más que nada para que estos peleles actúen como en su propia madriguera, es decir, refocilándose entre ellos como auténticos posesos.
La palabra nazi no es un insulto en su origen, sino un término histórico y político que estos idiotas utilizan como ataque verbal contra el oponente político. Lo que tendrían que saber es que dicha palabra, nazi, está ligada a un genocidio en el que murieron asesinadas seis millones de personas de raza judía, además de más de sesenta millones de personas, por causa de una guerra en la que participaron, aparte del nazismo, otras ideologías criminales, como el fascismo del socialista Mussolini, el imperialismo japonés, o el socialcomunismo bolchevique, la más criminal de todas las ideologías, incluido el nazismo.
El socialcomunismo asesinó a más de 140 millones de personas, gran parte de ellas en países socialistas, en tiempos de paz. Gran “honor” el de esta doctrina sangrienta, en la que el socialcomunismo tuvo patente de corso para asesinar sin freno alguno allá donde gobernaba, en España lo hicieron, hasta que fueron derrotados y desalojados del poder. La historia nunca miente, a no ser que la escriba alguien pagado por el socialismo, con el dinero de todos.
Que esta palabra sea manoseada por los yonkis del odio, nos muestra de que calaña están hechos los sicarios del gobierno más corrupto de todos los tiempos. Esta basura criminal hiede a distancia, probablemente debido a las continuas ventosidades doctrinales que sin freno legal alguno emiten a la atmósfera.
El partido nazi (NSDAP) Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei, llevaba el apellido “socialista” y “obrero” en sus siglas, y en sus ideas primigenias aderezadas con las connotaciones criminales que se dieron y concurrieron poco tiempo después. Si Adolf Hitler dictó a Rudolf Hess su Mein Kampf, a Pedro Sánchez le escribieron su Manual de Resistencia, en el que lo único que aportó fue su firma. Pobre bagaje para quién dice tener el tarro de las esencias sociatas, al parecer pasadas de fecha. Nunca se me ocurrió comparar a un gran criminal con un personajillo histriónico, pero a veces conviene hostiar a quienes lo hacen continuamente con los demás.
Por cierto, por aquél entonces José Antonio Agirre Lekube flirteaba entusiasmado con las ideas nazis, pero eso es otra historia, que más pronto que tarde habrá que airear para alegría y solaz esparcimiento de la muchachada vascongada, y los renegados que los jalean.
Relativizar este vocablo tratando de acusar de nazi, a cualquier persona que no estuvo ligada a ese momento histórico, ni pertenece a cualquier asociación en la que el nazismo sea su principal opción política, es propio en mentes enfermizas, gentuza sin escrúpulos, y grandes hijos de la concha de su madre, cuyo único objetivo es acusar a alguien de algo que ni fue, ni podrá serlo jamás.
Para variar. El comunismo tal y como lo definió Largo Caballero cuando fracasó la revolución socialista en el año 1934, era la ideología perfecta para lograr los objetivos que el socialismo español no pudo conseguir por sí mismo, después de proclamarse la II República, como único método válido para lograr sus fines. De aquella inmundicia salió el apodo puesto a su secretario general, Largo Caballero, por sus oponentes dentro del PSOE, al que sin rubor alguno llamaron, el Lenin español. Como presentación de principios, es impagable.
Llamar nazi, al que no lo es, ni siquiera es un insulto, es una estupidez más propia de mentes cuya función cerebral quedó cortocircuitada cuando descubrieron, por accidente, que su mente estaba atrofiada por exceso de imbecilidad en grado 9, de 10. Yo también os quiero mucho.
Ahora bien, cuando hoy día, la palabra socialista va inmediatamente después de la de putero o ladronazo, yo diría que insulto tampoco lo es, a lo mejor decir “eres socialista” antes que putero o ladronazo, posiblemente sería peor que llamar nazi a quién no lo es.
La discusión entre ellos será larga y tendida, porque ser feminista porque se es socialista, según Ábalos, se ha demostrado que tampoco es muy recomendable para aquellas camaradas que aún creen en la revolución de los Capullos Rojos.
Acabo. Yo diría a estos fulleros, que cuando quieran ver el rostro de un verdadero nazi, se miren en un espejo, o en su defecto, que miren a su puto amo, o führer, que le imaginen con gorra Schirmmütze de gala, la Feldmütze también le caería perfecta, facha tiene, para completar el uniforme gris perla del perfecto dictador.
¡Malditos majaderos!
¡VIVA LA LIBERTAD!
¡¡VIVA POR SIEMPRE ESPAÑA!!
