
«Occidente asediado desde un nuevo Telón de Acero, con rubias espías rusas y enfrente, en la quinta columna una heroína de Mallorca (¡Miss Argudo!)»
¡Miss Argudo!… “Un huracán de odios, de fiebre, de pasión y de lujuria se ha desatado sobre la ciudad apacible…”. El mundo del espionaje es fascinante. Desde los tiempos de la Pimpinela Escarlata hasta Dina Bousselham, cuyos rumores apuntaban a tan antiguo oficio, muchas “mataharis” se han sacrificado en aras de un noble ideal. Han enmorado, han traicionado, han asesinado, se han convertido en agentes dobles o triples. La Guerra Fría y la cinematografía pusieron de moda el género (por otro lado siempre atractivo) que llega hasta nuestros días: basta recordar el destape (con perdón) que se hizo de Tatiana Zdanoka, la eurodiputada letona de quien se sospecha que trabajó para la Rusia de Putin.
Ahora salta la noticia de que otra espía comunista pudo utilizar sus artes amatorias para engatusar a un marino español, destinado en Nortwood. Se trata de Janina White (que encima fue candidata en Londres por el Partido Conservador), una anglopolaca de ascendencia soviética que utilizó la red Tinder para atrapar (presuntamente) a nuestro capitán de corbeta. Da la noticia The Objective y facilita unas fotografías de la señora.
Uno está a la espera de que descubran al personal de los servicios secretos jorobando a nuestros tradicionales enemigos, aunque sólo sea por certificar que existen (no nuestros enemigos, que eso está claro, sino la Cuesta de las Perdices).
Mientras tanto, nos tenemos que conformar con un espectáculo jocoso, el de la penetración en la entraña del comunismo ibérico de una periodista cuya misión es dinamitar el principal de sus círculos, postulándose como candidata en pugna terrible con la mismísima Irene Montero, la cual anuncia «que se someterá a unas primarias abiertas “a todo el mundo” para su candidatura a las generales de Podemos» (El Mundo, 12-09-2026).
La jugada es inteligente y las promesas son de aúpa: Cenas de Navidad para autónomos; creación del ministerio del Amor; disolución del partido o al menos su cambio de nombre por el de “Podremos”… Y creo que también anuncia la prohibición de las batucadas en este programa dinámico y espontáneo. No le van a la zaga los lemas, escritos por arribistas que aspiran a ser jefes de prensa o de gabinete (vulgo secretarios) de la futura diputada o ministra o presidente: “Irene no pudo, vota por Argudo”; “A favor de lo bueno y en contra de lo malo”; “Por el fin de los vayapordelantismos”; “Que trabajen los demás”; “Si el fascio te da jaqueca, ¡dale tu voto a Rebeca!”; “Vota insulto, vota Argudo”. Por mi parte puedo aportar gustosamente este refrán: “Si se presenta la Argudo, Irene lo tiene crudo”. Y este otro: “Porque si gana Rebeca, ya no tendrás la boca seca”.
De modo que así estamos: Occidente asediado desde un nuevo Telón de Acero, con rubias espías rusas y enfrente, en la quinta columna una heroína de Mallorca (¡Miss Argudo!) dispuesta a tomar al asalto la taberna Garibaldi, aprovechando su vara alta en el ABC y su amistad con Jiménez Losantos.
Todo el mundo ama a Rebeka (antes Rebeca) menos Luz Sánchez- Mellado y Loquillo (que ama a Isabel), pero quien esto escribe no le dará su voto y apostará por la Montero. Porque si gana la Argudo luego querrá ocupar el chalé de Galapagar (para beber cerveza sentada en el orillo de la piscina) y sospecho que sus últimas intenciones son las de quitarle el marido a doña Irene. Y eso sí que no.

