Por increíble que pudiera parecer, el progresismo hodierno es aceptado con gusto por las clases gobernantes, incluso, las pensantes.
El progresismo dominante: ruina y desolación. Por Amando de Miguel

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Por increíble que pudiera parecer, el progresismo hodierno es aceptado con gusto por las clases gobernantes, incluso, las pensantes.

La verdad es que establecer comparaciones entre dos realidades cercanas o emparentadas representa una buena vía para aproximarse a ellas.

Una, muy particular violencia tangencial corresponde al fenómeno de la okupación de ciertas viviendas, por lo general, de carácter humilde

En los últimos años, ya, se han demolido más de un centenar de presas. El proceso se ha hecho a la chita callando.

Se podría pensar que nada es más racional que la economía, pues todas las transacciones se reducen a la unidad contable de la moneda.

Por cualquier lado que se mire, la sociedad actual asiste a una notable degradación de las virtudes cívicas tradicionales.

El gran hallazgo reciente de la jerga política española es el verbo “topar”, la última expresión del intervencionismo del Gobierno dizque socialista.

España es, formalmente, una democracia; mas, con ribetes autoritarios o autocráticos. Seguramente, han sido heredados del pasado.

Muchos son los que no están contentos con su destino y anhelan otra nación y otro sexo, entre otras identidades.

El esquema mental del progresismo basal se parece mucho a lo que, hace un siglo, representó el orto de los fascismos.

El yolandismo representa la personificación de la extrema siniestra feminista con una túnica de querube. Es un comunismo que renta bien.

Lo absurdo y contrario a la lógica, el buen sentido y la razón es un rasgo de la conducta humana más corriente de lo que parece.

Se trata de una sutil forma de racismo. Tanto es, así, que, en Cataluña es muy difícil recibir la enseñanza obligatoria en español.

El carácter autodestructivo de la sociedad española puede ejemplificarse en un caso extremoso: el fenómeno de la plaga de pirómanos de bosques.