La Torre de Babel en España. Por Amando de Miguel

La Torre de Babel en España. Portada de El Mundo el 12.04.23: 50 minutos de interrogatorio «policial» y «muy agresivo» a la enfermera andaluza, sólo en catalán y con un enviado por el Govern.

«Se trata de una sutil forma de racismo. Tanto es, así, que, en Cataluña es muy difícil recibir la enseñanza obligatoria en español»

Definitivamente, la lengua española o castellana (la ambivalencia está, ya, en la Gramática de Nebrija) se expande en el mundo, pero, se encoge en España. Puede que parezca algo irracional; mas, es real. En las regiones donde, también, se habla otra lengua (Galicia, Vasconia, Navarra, Cataluña, Valencia, Baleares) se extrema el ímpetu político para ampliarlas, con el consiguiente retroceso de la lengua común. La razón (si se puede decir, así) es que los partidos nacionalistas o separatistas necesitan cualquier ocasión para medrar más. Lo mejor es fomentar la lengua privativa de la respectiva región. Lo que, en la práctica, se traduce en el intento de arrinconar al castellano. Se trata de una sutil forma de racismo. Tanto es, así, que, en Cataluña, con la mitad del vecindario castellanohablante es muy difícil recibir la enseñanza obligatoria en español. La explicación está en el hecho de que los catalanoparlantes son, siempre, los que mandan. A pesar de lo cual, se puede certificar la paradoja de que, nunca como hoy, ha sido más elevada la proporción de catalanes que pueden expresarse en castellano.  Empero, se cerró la posibilidad de muchos estudiantes universitarios (”los erasmus”), que llegaban, de otros países, a Barcelona para perfeccionar el aprendizaje del español. Esa función se ha realzado en Salamanca, por ejemplo.

Hay otro fenómeno que actúa sobre el deterioro del castellano en España. Simplemente, en todo el país, ha decaído el cultivo de la lengua y la literatura en la enseñanza obligatoria. A ello ha contribuido, paradójicamente, la generalización de las comunicaciones “digitales” (se manejan, normalmente, con los dedos de las manos). No se espere que cada uno de los “mensajes” usuales contengan más de media docena de frases. Resulta, así, una comunicación entrecortada, telegráfica. En tales escritos no se acepta la lógica proporcionada por la coma y, no digamos, el punto y coma o los dos puntos. Habría que volver a la consideración de que la enseñanza de la lengua y la literatura no fuera una materia exclusiva de “Letras”, sino que llegara a todo el estudiantado.

La exigencia de conocer mejor el idioma común se deriva de este hecho: cada vez es mayor el número de textos que hay que leer. Por eso mismo, se impone refinar un poco más las normas de escritura. Al principio, parecerán un tanto estrictas, hasta escrupulosas; sin embargo, acabarán por imponerse por razones pragmáticas.

Recientemente, los académicos de la Lengua y afines se han reunido en Cádiz para tratar del caos lingüístico, aquí, señalado. También, puede ser que el cónclave se haya reducido a disfrutar de unas buenas vacaciones a mesa mantel con el recuerdo de las chirigotas y comparsas de los famosos carnavales. Más rentable habría sido que el conciliábulo se hubiera propuesto  poner al día las normas de escritura en el orbe “digital”. De eso, no ha llegado ninguna noticia. Preocupa, por ejemplo, la supresión de las correspondientes tildes en muchos de esos escritos. Dicen que es cosa práctica; pero, para mí, que es una nueva fuente de confusión. Por cierto, entrando en la pequeña polémica, mi parecer es que, tanto el adverbio “solo” como los pronombres demostrativos (”estos, esos, aquellos”) no deben llevar tilde. Tampoco, es malo que convivan diversas opiniones sobre el particular. Esto de la lengua no es una ciencia exacta, sino una realidad viva.

Amando de Miguel para La Gaceta de la Iberosfera.

Amando de Miguel

Este que ves aquí, tan circunspecto, es Amando de Miguel, español, octogenario, sociólogo y escritor, aproximadamente en ese orden. He publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. He dado cientos de conferencias. He profesado en varias universidades españolas y norteamericanas. He colaborado en todo tipo de medios de comunicación. Y me considero ideológicamente independiente, y así me va. Mis gustos: escribir y leer, música clásica, chocolate con churros. Mis rechazos: la ideología de género, los grafitis, los nacionalismos, la música como ruidos y gritos (hoy prevalente).

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