«En este teatro de la política moderna, los siete pecados capitales no solo se representan, sino que dominan la escena con descaro y absoluta desvergüenza».
La política y los siete pecados capitales: Un análisis satírico. Por Fernando M. Gracia

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«En este teatro de la política moderna, los siete pecados capitales no solo se representan, sino que dominan la escena con descaro y absoluta desvergüenza».

«Me causa una profunda disonancia cognitiva que se asimile progreso a teorías políticas de principios del siglo XX».

«Tras las cortinas de la diplomacia, las cortesías mutuas, las alianzas y los brindis, asoman los rencores, viejos como el mundo».

El problema no es la mentira permanente; el problema es que se demoniza la verdad, se intenta callar a los medios de comunicación libres.

«Mal muy mal van las universidades, si a sus alumnos se les utiliza como carne de cañón para lucimiento de sus revolucionarios en nómina».

«El Quinto Mono, el de la nariz tapada, es el mono que nos interesa, porque el fango que se ha inventado el PSOE, por sí mismo no tiene olor».

Este año, me siento como un gato al que cuando más cómodo está en su cojín, le cogen de las patas y le lanzan al aire para ver si cae de pie.

«Antes de rendirnos del todo, de desaparecer en las aguas cenagosas, podría caber una posibilidad si así lo deseamos, manteniendo a salvo la esperanza».

Nadie se nos montará encima si no doblamos la espalda, decía Martin Luther King describiendo el respeto por uno mismo y la autoestima.

«Mientras que para el común de los mortales la mentira es una aberración, la mentira exitosa es todo un logro sólo al alcance de unos pocos, los elegidos».

«¿Qué es eso de la nueva normalidad? ¿Qué quieren decir? ¿Es que hubo una normalidad anormal o para gentes consideradas no normales?»

«España, piel de toro, le niega a ojos vistas el futuro a una juventud desprotegida que apenas ocupa un lugar en el albero, reducido su papel al de monosabios».

«El Senado, pudiendo hacer otra cosa, vetó la Ley, con lo que habilitó su devolución al Congreso, que la aprobará definitivamente».

A la calle Núñez de Arce vino a recalar María Mola a la que los madrileños de entonces gustaba definir como sacerdotisa de Venus y clarividente profesional de las artes adivinatorias