«Cómo los profesionales del poder se eternizan en nuestras vidas, mientras el pueblo pierde su democracia».
El Tiempo y la Casta: Crónica de una sombra compartida. Por Antonio Ibarra

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«Cómo los profesionales del poder se eternizan en nuestras vidas, mientras el pueblo pierde su democracia».

«Nunca y digo nunca, hay que poner la mano en el fuego por nadie, ni decir, de esta agua no beberé, o que esté cura no es mi padre. Ustedes me entienden…»

«Se nos llama con frecuencia desde los medios y desde la clase política para tocar nuestra fibra sensible y decirnos que debemos ser más humanitarios y solidarios con la inmigración irregular».

«Mientras lo contamos, fíjense en las caras pues estas en política, no son el reflejo del alma sino de su hijaputez».

«El poder omnímodo corrompe la política, el poder absoluto mata la democracia, así viene ocurriendo desde que este fulano ocupó el poder».

«Con su paso al lado creo que Mazón ya ha cumplido, más aún si lo comparamos con los del bando del Frente Popular, los cuales parecen ajenos a sus responsabilidades políticas».

«Súmate a quienes pretenden regenerar España. Haz frente al mal con decencia, con valor, con esperanza. Porque el mal sólo triunfa cuando los buenos se rinden».

«Lo cierto es que ver a la gentecilla del Gobierno y sus respectivos grupos parlamentarios celebrando lo que sea nos escuece».

«Cuán lastimosos resultan Sánchez y los sanchistas a petición propia o por obligación cuando se defienden a base de frases como la del Fiscal General ante los jueces del Supremo».

«Crónica del hartazgo frente a la casta política y sus mentiras: Un grito ciudadano contra el secuestro institucional y el engaño sistemático».

«Presionar al Tribunal Supremo, tener en el bolsillo al Constitucional, prostituir la Fiscalía, y hacer lo mismo con la Abogacía General del Estado, no es respetar, sino manipular».

«La historia no se puede fragmentar a gusto del mamarracho de turno, ni falsificarla, ni tan siquiera reducirla a una vulgar patraña para consumo de idiotas».

«Su sentencia más bien se trata del penúltimo ejercicio de un geta y un sinvergüenza. Su abominable afirmación es una injerencia impresentable, es decir, lo normal en un populista».

«Estamos ante un dispositivo obligatorio, con conectividad permanente y fiscalidad máxima, que duplica funciones ya existentes y desplaza costes al ciudadano».