La Cultura de la Cancelación es el penúltimo instrumento de los sectarios para revestir su pensamiento único en contra de la libertad de expresión.
La Cultura (progre) de la Cancelación. Por Manuel J. Pérez Lorenzo

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La Cultura de la Cancelación es el penúltimo instrumento de los sectarios para revestir su pensamiento único en contra de la libertad de expresión.

Todo el tiempo se nos intenta imponer alternativas antagónicas entre sí que nos hacen apartarnos de alguna manera del otro.

«Page tirará palante como todos los adoctrinados de la Pesoe. Son unos listillos de medio pelo y vividores basura» Listillos de medio pelo: nos lanzan …

No sé el resto de los habitantes de España, pero yo estoy bastante aburrido de que esto se este convirtiendo en redil del gran Yoyó.

O “Estado del Bienestar” o “Estado anti-Robin Hood”, pesebre y cubil para esas cigarras jaraneras de la casta política.

Vivimos en la tierra del ocupa. Ocúpate tu de eso y de lo otro y de lo de más allá, que yo no quiero ser responsable. ¿Será este el país de los irresponsables?

Si haces el esfuerzo de estar en esta convocatoria civil sin importar de qué partido político eres o simpatizas, España y tu conciencia te lo agradecerán.

Ahora los bancos no solo te cobran por tener allí tu dinero, sino que quieren que trabajes tú por ellos, con la consecuencia de miles de puestos de trabajo perdidos.

Es el amo de la caja, cuestión diáfana e incuestionable, sólo negada por la tropa de cretinos a los que sólo les motiva el servilismo hacia su sostenedor.

Muchos siguen jugando con fuego y eso es muy peligroso, se nota que en sus casas no les enseñaron que los experimentos se hacen con gaseosa.

El primer proyecto de estos policías solidarios se centró en la atención a los niños africanos de Burkina Faso, con sus “mochilas solidarias”.

Resultan ridículos estos bandazos liderados por el progresismo’donde se juzgan a los antiguos por leyes del siglo XXI: Vandalismo e Hispanidad

Esos años, los 80’, fueron duros. Había muchos lobos que mataban muchos corderos, y entre asesinos y víctimas, solamente estábamos un puñado de txakurras.

Hoy vivimos las guerras desde nuestra cómoda posición de espectadores sentados ante el televisor. Como no nos espabilemos la próxima guerra la vamos a librar a garrotazos.