Pasar factura a un gobierno tan numeroso como minúsculo en su categoría política, será un ejercicio divertido y saludable.
Anatomía de un fracaso. Por Antonio E.

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Pasar factura a un gobierno tan numeroso como minúsculo en su categoría política, será un ejercicio divertido y saludable.

Necesita ganar en su territorio para ser el futuro del PSOE. Está harto de ser el bufón del Comité Federal y quiere ser Lord Capador.

Tiñamos de azul, y verde en su defecto (si no te aguantas), el mapa de España, y expulsemos a esta tropa infame de las instituciones.

Es evidente que este gobierno está contaminado por un preocupante menosprecio al respeto institucional, fiel reflejo de quien lo preside.

– ¿Qué dice la gente? – No llega para irse de vacaciones – Tren gratis. ¿Algo más? – Menos Falcon- No, por ahí no paso. Qué fácil es gobernar.

Pues ayer anunció avales de hasta el 20% para las entradas de las hipotecas, de los mismos aunque hasta los 35 tacos, y siempre que lo soliciten en pareja.

La divergencia entre la virtualidad oficial y la triste realidad de nuestros días además de ser dramática es muy preocupante.

Al Sr. ministro se le subió la bilirrubina; tanto, que hubo que operarle de urgencia antes que fuera a ahogarse en ella misma.

Lo único que Sánchez te pide (sin decírtelo abiertamente, porque sería un delito), es que el 28M y en diciembre, lo votes a él, por su cara bonita.

Nos falta un empujón cultural y de criterio propio, para no dejarse dirigir por los aprovechados. Nos falta un hervor camino a normalidad dictatorial.

Cueva de los 40 ladrones, cuartel general de La banda de Sánchez. – Jajaja. Félix, eres un pringao. – Quería montar un pollo y lo conseguí.

Da igual lo que piensen personajes que no se conforman con llevar plumas de indio de región y quieren portar las del gran jefe indio.

Di 5 veces la vuelta al mundo, disfruté a tope del patrimonio del estado, comí y bebí como un obispo, me lo he cepillado todo… ¡Qué cabrón!

Esta gentuza por muchas descalificaciones legales que sufran, siempre reclaman tarjeta roja para los contrarios