Así están las cosas en Barcelona: A los ingresados en los hospitales públicos no les dan agua con las comidas. SI quieren tienen que pagarla o sacarla de las máquinas. Si un familiar quiere quedarse al lado del enfermo por la noche le cobrarán por la silla.
Pero a los vagos que ocupan edificios sin habitantes, como el local del banco en Gracia, se les paga no solo el alquiler, 65.000 euros al año, sino el resto de gastos, para evitar males públicos según el inútil de Trias.
Ahora sabemos que el Ayuntamiento de Inmaculada Colau ha pretendido comprarlo para que estén allí bien tranquilitos. Todo ello con el dinero de los ciudadanos que al mismo tiempo reclaman que les encuentren «una solución» para que dejen de destrozar bienes públicos y privados, que también deberán pagar ellos.
Mientras tenemos que oír a esa subnormal de la CUP hablando de la «brutalidad policial». Una brutalidad que se demuestra en el hecho de que los heridos en las reyertas son casi todos miembros de las fuerzas ¿del orden?
No he oído que nadie reclame el ejercicio de la autoridad, el restablecimiento del orden público ni la sanción de quienes cometen delitos como son la alteración del orden público o el daño a bienes públicos y privados.
En resumen, pura cobardía de unos y otros y un mensaje muy peligroso; si uno quiere algo que no le corresponde solo tiene que salir a la calle a destrozar todo lo que encuentre y rápidamente las «autoridades» se allanarán a sus exigencias «por el bien público»…


