Llevo muchos años publicando y predicando en el desierto, que los pueblos, la ciudadanía es la culpable de lo que les ocurre. Especialmente en los Estados democráticos, donde la posibilidad de opinar y votar es su garantía constitucional. Todo lo contrario de los países con regímenes totalitarios donde la posibilidad de contrastar ideas y opiniones es casi imposible. Y podemos referirnos sin pudor a España, concretamente a Cataluña.

Si a pesar de ser la región más protegida y mimada,no solo por el anterior régimen franquista sino en la actualidad, y tiene una calificación económico-financiera peor que Nigeria, lo lógico es pensar que los que viven en esa Comunidad Autónoma son los culpables. Tanto gobernantes como gobernados.
Si han aupado a la alcaldía de Barcelona a una antisistema y enfangada en el submundo okupa, también es de lógica culpar a los allí instalados.
Si Barcelona, otrora paradigma europeo y español de cultura y señorío, convertida en la actualidad en foco de cutrerío, chabacanería y violencia, no quepa la menor duda que todos tienen su responsabilidad. No digamos en el tema separatista, donde solo los afectos a esta innoble y perversa empresa son los únicos que salen a la calle a dar la batalla, mientras los que se sienten también españoles, salvo honrosos ejemplos, se quedan cómodamente en casa, a verlas venir.

En definitiva, que los catalanes que desean lo mejor para su tierra, tienen la obligación de manifestarse de todas las maneras posibles y con contundencia. Eso si. bien respaldados por el resto de compatriotas, ya que el Gobierno ni está ni se le espera. Ya nos vale¡





