
En los años 50, etapa dura y de hambre, conocida como posguerra, ya habían pasado once años desde la guerra civil. Mis padres, que durante ella, eran todavía niños, solo habían vivido desde la lejanía, que dan la inocencia y los mundos mágicos, las tragedias mas o menos cercanas de los demás. Lo que si vieron los dos y eso les marcó sus recuerdos, fueron muchos muertos en la cunetas, y aunque los adultos, trataran de ocultarlos a su vista era, a veces imposible.
Pasaron sus estrecheces y privaciones, pero sobre todo y ya en los cuarenta y primeros cincuenta, tuvieron que penar con los recortes de todo tipo de una economía que se recuperaba lentamente. Recuerdo que mi madre me contaba que solo tenía un par de zapatos y, que si por un casual llovía, no podía ir al colegio si se le mojaban el día anterior. Mi padre ya de estudiante en Madrid, en una pensión, contaba que las raciones de comida eran de verdadera hambre. Las rodajas de embutido, que le daba su casera, eran tan finas que veía a sus compañeros a través.

Ahora la gente joven se queja por estupideces, por eso la frase de nuestros padres “ si hubieras pasado una guerra verías “, no les viene mal. Lo hemos tenido todo, hasta libertad. No obstante la juventud puede con todo y mal que bien pasaron los años. La pensión de mi padre, estaba situada encima de la casa de los padres de mi madre y era del todo lógico que los chicos de la pensión salieran con las chicas de los que vivían en la comunidad.
Así se conocieron mis padres, sabían que venían de mundos y bandos distintos. También sabían que ninguno de ellos había elegido estar donde estuvo y poco a poco la reconciliación de los jóvenes y la alegría de estar vivos fue alejando los horrores que vivieron sus mayores. Nunca, y digo nunca, en casa de mis abuelos, de ninguno de ellos, ni paternos, ni maternos, se habló de la guerra y del odio a los enemigos, por lo menos delante de sus hijos o de sus nietos. ¿ Qué culpa teníamos de la sinrazón del enfrentamiento de los dos socialismos, el Nazi y el comunista ? Ninguna culpa. La mayor parte de la gente quería vivir, ser feliz y olvidar. Dejar a un lado toda la mierda por la que tuvieron que pasar por las ideas cruzadas de los dirigentes. Aquel Madrid pobre pero alegre, de serenos y portales, con llaves monstruosas, sirvió de marco al matrimonio de mis padres, que viniendo de bandos diferentes acabaron unidos por el amor. En otra entrega como vivimos los años del franquismo los que nacimos antes del Setenta y ocho.
