
Documento esta mañana los retazos de mi personal conocimiento respeto a la Universidad. Esos pequeños hilos de una madeja inútil que, me temo, solo nos lleva a un enredo sin futuro. Como a esos estudiantes a los que la otra mañana vi agruparse en la calle Atocha de Madrid camino a su jornada de reivindicación en contra de la actual Ley de la Enseñanza, nacida para el fracaso en el tan angosto como miserable nido de la miseria intelectual de la educación española.
«La imagen de la situación nacional del estado vegetativo de la Universidad en España»
Ahí está hoy la inigualable profesora de estética que apoya sin reparos el gasto de las innumerables guías de lenguaje no sexista que pagamos todos los españoles, porque ella es «guai», moderna y además, gusta de visitar El Louvre cada trimestre y así poder pajearse a gusto y, a costa de todos los españoles, en su hotel cinco estrellas fantaseando con el feminismo y el origen del mundo del genial Courbet.

O Carrillo otro doctor in honoris cuasa y mi profesor de Sociología en la Complutense, al que conocí como un sindicalista agregado, todo un revolucionario del pensamiento y que en la actualidad es catedrático, después de muchos años, eso sí, de un íntimo trato en Cuba gracias a su ideología y clara apuesta por los derechos humanos, aunque para ello haya que sudar un poco. El canoso de buena y burguesa familia no escribió nunca, ni tan siquiera, un vademecum de su saber, pero ahí está, a punto de jubilarse y después de haber prestado todo su apoyo a la podemita Carmena en las últimas elecciones municipales, esta mañana me dice que quizás deje la Complutense por un carguito de confianza en el Ayuntamiento de Madrid.
Y ya conocen de la historia del joven Errejón en la Universidad de Granada o los escraches de la pija Maestre y el macho alfa Iglesias en la facultad de Políticas. Retazos simplemente de la imagen que acompaña a estas líneas en las que Conde, Ferrán, Rato y Pujol comunican al mundo su interés en el conocimiento y los retos para el futuro desde su privilegiado estrado universitario. Un terrible engaño que pagaremos, y caro, en el futuro.
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Señor Artero, no me sea usted artero, que el del Honoris (?) causa era el papá, el difunto Marqués de Paracuellos.
El hijo, ya sabe como se llega a catedrático ahora en España: Cuando Franco, para ser ministro había que ser catedrático primero. Con éstos, para ser catedrático, el mejor camino es ser ministro primero.
Gracias por sus comentarios y esté usted seguro que gracias a ellos, un servidor confía en su conocimiento acerca de la diferencia entre nombres y adjetivos.