Los milagros existen  … Aunque no lo haya habido para Charlie Gard, el bebé británico

aunque no lo haya habido para Charlie Gard, el bebé británico
aunque no lo haya habido para Charlie Gard, el bebé británico

 

Creo en los milagros porque sé existen, y no por una cuestión de fe, o porque mi natural empuje a la hora de pelear, hasta la extenuación, por causas imposibles, me hayan demostrado su existencia, no, es que alguno he vivido. Por ésto, entiendo muy bien a Chris y Connie Gard, los padres de Charlie. No se tiene piel ni vida suficientes para dejártelos por un hijo. Y, cuando se llega hasta aquí, ¿cómo no acariciar, hasta el último aliento, la esperanza de un milagro para tu bebé? Algunos recordarán a Floribeth Mora, la costarricense diagnosticada con un aneurisma cerebral irreversible, desahuciada y en estado terminal que, ante la estupefacción de los médicos que le atendían, se recobró en pocas horas y por completo, tras haber rogado por la intercesión del papa, Juan Pablo ll. Tan es así, que ésta fue la prueba definitiva para la canonización del mismo. Los médicos fueron entrevistados, (yo misma vi aquellas entrevistas), y no pudieron dar una explicación posible a esa recuperación, salvo la de ser un verdadero milagro.

 

“Finalmente, el bebé Charlie ha muerto. Tras una gran polémica de todo tipo, moral, ética y profesional”

 

Pero….finalmente, el bebé Charlie ha muerto. Tras una gran polémica de todo tipo, moral, ética y profesional, se ha decidido eliminar todas las posibles ayudas para alargar “inútilmente” la vida de Charlie, el bebé que padecía una extraña enfermedad llamada Síndrome de Agotamiento Mitocondrial, por la que el organismo no genera la energía suficiente para hacer funcionar los músculos, con lo cual es incompatible con la vida.

 

He estado pendiente de esta noticia, como muchos a los que nos ha impregnado la carga emocional y el sufrimiento de unos padres tan luchadores por salvar la vida de su pequeño que iba a cumplir un añito este 4 de agosto. -Los años de los bebés los solemos medir por el mimoso término de “añitos”, como todo lo que se mide alrededor de ellos, que nos inclina a hacerlo con parámetros de ternura y protección.

 

Esta idea me enreda en el pensamiento de que el bebé humano es el ser, dentro de la Naturaleza, con menos autonomía y capacidad de autoprotección. Sin embargo, los bebés del resto del reino animal, mal que bien, se van defendiendo por sí mismos. Pero el bebé humano, como no tenga quien lo proteja, alimente, y cuide desde el primer minuto de su vida, muere sin remisión. (Por cierto, hay una conocida serie de 6 libros, “Los Hijos de la Tierra”, de Jean M. Auel, -para mí, apasionante-, en donde algunos pasajes del primero, “El Clan del oso cavernario”, se pone de relieve esta relación de dependencia de los bebés humanos en relación con los demás).

 

Max, siempre atento a mis diatribas, me da un codazo -de los suyos-, ya que percibe que me voy del hilo que me trae aquí; lleva razón, porque yo iba a otra cosa.

 

Los pobrecitos Chris y Connie se han agarrado, hasta casi el último segundo, a la ínfima dosis de esperanza de que un experimento innovador norteamericano (of course) diera con el milagro que ellos ansiaban. Y digo “hasta casi el último segundo” porque, en mi condición de creyente convencida, pienso que ese último segundo está en las manos de Dios. Pero éste es otro debate como dicen en las tertulias.

 

Yo iba, -decía-, al mal gesto, en mi opinión, de que no les hayan permitido ejercer su derecho y último deseo de pasar esas preciosas horas en la intimidad con su bebé, diciéndole y transmitiéndole esos sentimientos y palabras que sólo pueden transmitir los corazones para los que nunca habrá una desconexión posible. Después de tanta lucha y tanto dolor, es lo menos que merecía tener. Creo yo.

 

“Primero, les prohíben intentar la búsqueda del milagro, para el que no tenían dinero, pero lo buscaron”

 

Primero, les prohíben intentar la búsqueda del milagro, para el que no tenían dinero, pero lo buscaron. Y también el que, una vez obtenido, lo pudieran llevar a EEUU, en donde parecía haber atisbos de un tratamiento experimental. Y, finalmente, tampoco les han permitido llevárselo a morir en casa, en su entorno. ¿No parece que es pasarse mucho en querer suplantar el buen hacer de Dios?

 

Bien está que sean los expertos los que decidan cuando hay que evitar más esfuerzos inútiles al paciente, pero que sean también estos mismos los que decidan sobre sentimientos tan sublimes, y derechos tan humanos, me parece un contradios, y, desde luego, fuera de sus prerrogativas. Si, algunos jueces se ven y se desean para interpretar las leyes escritas, ¿cómo se atreven con los sentimientos? Quizás, sea por esto que el TEDH (Tribunal Europeo de Derechos Humanos) se ha desentendido del asunto. ¿Habrá por ahí algún derecho más humano que éste, me pregunto? Y, como guinda del pastel, el Great Ormond Street Hospital, de Londres, decide que, “por motivos prácticos”, el bebé va a morir en un centro de cuidados paliativos, obviando así el deseo de los padres.

 

“Y, finalmente, tampoco les han permitido llevárselo a morir en casa, en su entorno”

 

<¿¿¿Sólo prácticos????> Me pregunta Max, muy socarrón y perspicaz. Y sigue: <¿La practicidad está, ya, por encima de los sentimientos? Humnnn…, me malicio que éstos ratas no se han querido gastar ni un euro más de esos muchos que van a necesitar para pagar la deuda del Brexit. ¡Huuuuy, qué deriva tan turbia! “Los british”, además de tacañazos, son unos caraduras y unos tocapel….. ¡chssssssss!; que, con el dinero que se ahorran, a nuestras expensas, con las operaciones de caderas de sus súbditos en la generosa Sanidad española, ya podrían haberse estirado un poco con Connie y Chris, echándoles un cable, porque todo lo les han echado han sido amarras>.

 

Veo a Max desparecer a una velocidad inusual, y, volviendo a los pocos minutos, hecho un héroe, bandera en ristre y pecho en alto, va y dice muy engolado: <¡Exijo al gobierno británico que nos devuelva el dinero de las caderas españolas, y Gibraltar, YA! ¡Que ha estado muy feo, también, eso de dejar fuera de concurso a las empresas españolas que aspiraban a la construcción del AVE en su reino, apenas hubieron dejado nuestros reyes la isla. ¡Muy feo, Sra. May !>

 

Max, más rojo de ira que nunca y, viendo que empiezo a rebufar, me hace un oportuno guiño, y me dice: <¡hale, Belencita! que, en ayunas y con el corazón en la epidermis, no se debe decir más que “buenos días”>. Sabio, Max.

 

 

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Belén López Delgado

Belén López Delgado

Soy una apasionada de la aviación y de la escritura. Quise ser piloto pero me faltaron medios económicos, y me tuve que conformar con ser azafata. Poco después descubrí que es mucho mas divertido y gratificante estar en una cabina de pasajeros que aburridos frente a un montón de relojitos. Encontré ante mí un mundo deslumbrante para aprender de otras gentes y otros países, que me absorbieron toda la dedicación a ese libro en ciernes que me habría encantado escribir. Valoro y defiendo, hasta donde me es posible, la Coherencia. Tengo para mí que es una de las cosas más difíciles de mantener en nuestra esencia y existencia humana. Y Max, ese personaje, que suele acompañar casi todos mis escritos, lo visualizo como un diminuto demonillo, de color rojo; un ser travieso, descarado y adorable que forma parte de mi otro yo; ese yo que, libre de pudor y diplomacia, se atreve a decir abiertamente lo que estoy pensando.

Un comentario sobre “Los milagros existen  … Aunque no lo haya habido para Charlie Gard, el bebé británico

  • mercedes ibañez huete
    el 1 agosto 2017 a las 19:21
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    Extremecedora y espléndida reflexión Belén. Un abrazo amiga <3

    Respuesta

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