La huella (Ficción paleontológica en el probador de un centro comercial)

LA HUELLA
No podía ser pero ahí estaba la huella, delante de sus ojos, como una aparición de un pasado muy lejano

 

 

Emperador Jones andaba todavía en dudas sobre la veracidad de su descubrimiento al mirar al suelo. No podía ser pero ahí estaba la huella, delante de sus ojos, como una aparición de un pasado muy lejano que se localizaba en los albores de la Tierra.

 

Primero pensó en icnitas de dinosaurios, pero no. Los saurópodos y terópodos variaban en el número y forma de los dedos. Tampoco un Trilobites o un Nummulites, moluscos al fin y al cabo. Volvió a repasar su cuaderno de campo y entonces tuvo una revelación que desentrañaba el arcano, como una respuesta que llegaba desde los más recónditos escondrijos de la noche de los tiempos.

 

“La zona de estudio era el probador de un centro comercial. El tiempo era un día caluroso de verano. No podía ser otro que aquel que llevaba buscando desde hace años. No podía ser sino la huella de un Pinrelites”

 

Se había situado en el contexto. La zona de estudio era el probador de un centro comercial. El tiempo era un día caluroso de verano. No podía ser otro que aquel que llevaba buscando desde hace años. No podía ser sino la huella de un Pinrelites.
Se trataba de un homínido que marcaba su territorio con el sudor pedial. La grasilla de la chancleta, previamente descalzada, pasaba al miembro inferior y dejaba su impronta en el terreno. Así, otros mamíferos del Pleistoceno sabían que no debían encaminar sus pasos hacia allá, so pena de morir intoxicados y asfixiados por las toxinas de aquel horroroso fluido tan penetrante. Armas terribles para un pasado cuasi apocalíptico donde solo sobrevivían los más resistentes.

 

El Emperador respiró hondo a través de su mascara antigás —no podía ser alcanzado por los efluvios del hallazgo— y sonrió satisfecho mientras tomaba la foto. Ya tenía algo para presentar el lunes en el Museo de Fósiles Hispánicos. Recogió sus pertenencias y se alejó contento mientras recordaba aquella canción de Loquillo y los Trogloditas que venía al pelo para el caso: “No bailes rock and roll en El Corte Inglés…O acabarán oliéndote los pies.”

 

 

 

No era el Corte Inglés, pero alguien había estado cantando por las extremidades en aquel probador inhóspito. Para Jones fue una recompensa científica, pero aquellos desgraciados que se atrevieran a entrar sin ir la debida preparación estaban inevitablemente condenados a la extinción. Cuidaos del Pinrelites.

Share on Facebook0Tweet about this on TwitterShare on Google+0Pin on Pinterest0Email this to someone
Guillermo Emperador

Guillermo Emperador

Español, bajito, republicano y alopécico. Profesor de la escuela del maestro Ciruela, boticario y bloguero en Libertad Digital con el espantoso nick de “chinito”. Ahora autoascendido a Emperador de la tierra de las Mil Naciones (España, obviamente). Tengo un blog, una coneja y muchos amigos en la Llanura de Palmaria. Nunca pensé en escribir pero la vida es un camino que lleva por derroteros extraños.

Deja un comentario