Aquellos días de camino con sol brillante. La raíz y los vientos, por Rodolfo Arévalo

paseata esperanzadora
paseata esperanzadora de camino con sol brillante

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“Han pasado los años y compruebo que vivir no era nada extraordinario, solamente como dice Aute “un camino que hay que recorrer a través del dolor y el placer”

 

 

 

Recuerdo aquellos días en que la vida no importaba. Dábamos por descontado que la tendríamos siempre. Las metas eran muchas y los días, por muy desapacibles que fueran, eran azules y soleados en nuestro corazón. No sé si teníamos amigos o no, pero qué más daba; el ambiente de pandilla, pequeña pero pandilla, hacía que nos sintiéramos arropados. La simple posibilidad de un viaje a cualquier parte era motivo de excitación y alegría. Nos gustara o no el colegio o el instituto, el comienzo de las clase era una meta en si mismo. Era la aventura de comprar libros y forrarlos, hojear sus páginas impolutas que acabarían pintarrajeadas sin remordimiento. Daba igual todo, no había ningún momento que no se viviera con la esperanza del mañana.

Cuando veo a la gente joven que hay a mi alrededor, me asombro de su inocencia, de su risa, de su eterna alegría y despreocupación. Estamos más deshabitados de lo humano los padres que ellos mismos; tienen una cosa que nosotros cada vez tenemos menos; ilusiones y tiempo. Ya no hay muchos jóvenes que crean como antaño que van a comerse el mundo con patatas, creo yo, en eso los veo más realistas. Pero a pesar de todos los inconvenientes que puedan intuir en el futuro, les quedan muchas metas pequeñas o grandes. Recuerdo que a su edad me parecía tremendamente importante lo que fuera a ser de mi durante mi vida y que ésta era algo realmente importante y difícil de sobrevolar. ¡Cuantas cosas por hacer!, ¡cuantas para estar orgulloso!.

Han pasado los años y compruebo que vivir no era nada extraordinario, solamente como dice Aute “un camino que hay que recorrer a través del dolor y el placer”. El problema es que ese camino ha perdido su emoción, porque cada vez quedan menos cosas para sorprendernos; sobre todo de manera agradable; y muchas para recordarnos lo insufribles que pueden ser algunos humanos. Al ver el cielo azul del atardecer a veces he pensado en cómo sería todo si rompieras con tu pasado y te alejaras hacia el oeste siguiendo al sol. Llegarías a América del norte y allí podrías empezar una nueva vida sin rémoras, ni lacras pegadas a la espalda. Pero luego despiertas y la ilusión que te sugiere ese viaje a ninguna parte es eso, un ¿cómo sería mi vida si fuese otra?, carece de sentido preguntárselo, porque si fuera otra no sería ya la tuya. Quizás nunca pensarías como piensas, ni siquiera tendrías el bagaje de pensamientos, recuerdos y sentimientos que tienes por haber vivido la tuya.

“Ahora la piel es más gruesa, nos pesan más la heridas de ayer y de hoy, el camino se va estrechando y vemos que todo se nos hace más cuesta arriba”

Pero es bonito salirse de la realidad y hacer un camino imaginado. Siempre los caminos soñados son más bonitos que los caminos reales, porque tienen aquel resplandor lejano de los siempre luminosos días de la juventud, en ellos no hay todavía problemas gordos, no tienes nada que lamentar, ni cargas de las que liberarte. Entonces piensas: “Perdí la luz violenta de la mañana, aquella en la que los amigos eran el todo, aquella en la que el día estaba eternamente soleado”. “Perdí la capacidad de nadar en el aire del pasillo de mi casa, creyendo que realmente ocurría”. “Perdí la creencia en que viviría siempre en la seguridad de una familia”. “Perdí la confianza, poco a poco, en mucha gente en la que confiaba”. “Desde entonces la amistad es más difícil de conseguir, es más un acuerdo de intereses y un cierto afecto, que un “llámame que estoy aquí, para lo que quieras”. “Empiezan a pesar los fracasos y muchas ausencias, el temor de otras que nos acechan, agazapadas entre las balas que vienen por nosotros en forma de dolores físicos y mentales”.

Y no, no es que vivir sea peor, ni mejor que a los veinte años, pero ahora la piel es más gruesa, nos pesan más la heridas de ayer y de hoy, el camino se va estrechando y vemos que todo se nos hace más cuesta arriba por mucho empeño que pongamos. Entonces muchas mañanas te levantas y piensas en el camino que has recorrido y te das cuenta de que los años que han pasado por ti son muchos, más de los que te quedan por vivir. Y luego un día frio y desasosegador se va el último de tus predecesores y entonces comprendes que has quedado en primera línea frente a la muerte. Ya ha dejado de brillar el sol en la ventana de tu alma y ves el futuro tapizado de hojas muertas de otoño. Es duro pero habrá que irse acostumbrando. Por eso quiero acabar estas palabras deseando que para todos los lectores haya en el cielo un sol que brille en sus vidas.

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Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de la novela “El Bosque de Euxido” publicado en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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