
«Olvidamos pronto pero desde los noventa colea en España le Ley del menor. Yo lo recuerdo como si fuera ayer»
Olvidamos pronto pero desde los noventa colea en España le Ley del menor. Yo lo recuerdo como si fuera ayer. Me encuentro en las marismas de San Fernando con todo el pueblo de manifestación en contra de la Ley del menor. Acaba de comenzar el mes de Junio del 2000 y hace calor aunque el sol se calza su vestido de rojo de atardecer atlántico. Callada, indignada, solemne, la gente, casi todo el pueblo, en apoyo de unos padres que acaban de perder a su hija Clara de dieciséis años, asesinada por dos amigas, Iría y Raquel, que le han clavado 32 puñaladas mortales para probar que se siente al matar.
Le seguí la pista muy de cerca al crimen y nunca olvidaré a ese padre noble y buena educación, que no podía dormir al saber que, mas tarde o mas temprano, se encontraría al comprar el pan, cualquier mañana, a las asesinas de su hija.
Un mes antes, en Abril, estuve en Santiago el Menor (Murcia) , donde otro joven de 16 años, José Rabadán, salió una noche de su habitación con una Katana en la mano (espada japonesa), se acercó al dormitorio de sus padres, y de un certero espadazo segó el cuello de su madre, luego mató a su padre y a continuación rebanó a su hermana. Dos días después del asesinato, tuve el honor de hablar con un inspector de la Policía Nacional de España que investigaba el caso. Un auténtico y experimentado investigador que de una manera callada y anónima había resuelto ya varios e importantes crímenes. No olvidaré una de las frases que me dedicó: «Por mi oficio he visto muchas cosas, pero nunca podré olvidar la sangre desparrama por todo el piso de ochenta metros cuadrados».
Hoy que conocemos que los menores violadores de un niño de nueve años no serán castigados porque, por la Ley del Menor, son inimputables y recuerdo que los socialistas de Zapatero no han querido en ocho años ni mencionar la «Ley del menor». Lo mismo que el don Tancredo Rajoy . Y lo recuerdo porque al respecto, los responsables políticos aseguran siempre ante los medios que no es conveniente legislar en caliente. Ya, pero ni en caliente ni en frío y que se lo digan a Antonio del Castillo, el padre de Marta, que también declaraba el no comprender que un asesino de 13 años pueda dormir en su casa unas horas después de haber acuchillado a uno de sus profesores en el instituto. Y, claro, parece que la norma legal que premia, sobre todo, la siguen dándole vueltas de los menores de edad en los casos que menciono ha dado resultado. Los españoles sabemos, mas o menos que Iría, Raquel, o José Rabadán sehhan rehabilitado y han podido emprender una nueva vida después de sus crímenes. Gracias a los beneficios penitenciarios y atención y cuidados profesionales de la Ley del menor estos tres seres, al parecer, han podido rehacer sus vidas, por lo qe todos no podemos nada más que alegrarnos, pero ¿Y el padre de Clara ? ¿Se ha encontrado en la panadería del barrio de San Fernando donde vive, a una de las dos asesinas de su hija?
El problema debe ser el de los asesinos que ni tan siquiera con los privilegios con que cuentan por matar, torturar o violar con menos de dieciocho años, no se rehabilitan. Ahí esta el caso de «el Rafita» y Sandra Palo. Una vergüenza para la justicia española que a todos indigna, ya en libertad aunque los psicólogos han afirmado por activa y por pasiva del peligro de reincidir.
Por eso hoy que, algunos de mis vecinos siguen dándole vueltas a lo del brote psicótico no entienden como el niño de trece años que mató en Barcelona es un oficialmente inimputado. La pregunta sigue abierta, aunque muchos quieran ocultarla: ¿Qué pasa con la Ley del Menor?


Quien tiene la culpa es el Poder Legislativo no el Poder Judicial.