Nadie explica a los ciudadanos que el número de pensiones es muy superior al de los pensionistas

A LA SEGURIDAD SOCIAL LE HAN ENDOSADO MUCHO GASTO QUE NO LE CORRESPONDE FINANCIAR
Nadie explica a los ciudadanos que el número de pensiones es muy superior al de los pensionistas

 

“A la seguridad Social le han endosado mucho gasto que no le corresponde financiar y nadie explica a los ciudadanos que el número de pensiones es muy superior al de los pensionistas”

 

 

Extracto dePensiones: mucho ruido, pocas nueces y excesivo alarmismo

De Carlos Sánchez. El Confidencial

 

 

 

“En 1985 el primer gobierno socialista lanzó la primera gran reforma de las pensiones (por entonces CCOO convocó la primera huelga general y supuso el inicio de la ruptura entre el PSOE y la UGT de Redondo), la cuantía de la pensión se calculaba únicamente sobre los dos últimos años cotizados (en 2022 serán los últimos 25 años), lo que incentivaba la compra artificial de pensiones durante los últimos años de vida laboral. Por entonces, incluso, se incrementó de 10 a 15 el número de años cotizados para cobrar una pensión contributiva.

Es decir, las reformas son la única salida, lo que frenaría tanta demagogia que se esgrime alrededor del futuro de las pensiones. Hasta el punto de que muchos ciudadanos están convencidos de que dentro de unos años o no cobrarán su pensión o será tan ridícula que apenas será equivalente a una renta de supervivencia. Probablemente, por la intoxicación de muchos sectores interesados y por algo que muchos economistas han denominado el prestigio del pesimismo, que no es otra cosa que vender humo cuando se habla de pensiones. Pero el edificio sigue ahí. En pie, aunque con algunos achaques.

Los problemas, en todo caso, tienen solución. Y ninguna es dramática. Se trata, simplemente, de poner racionalidad —a través del Pacto de Toledo— a un sistema que se ha ido perfeccionado con el tiempo, pero que aún arrastra viejos vicios, como que con cotizaciones se paguen decisiones de política económica como las tarifas planas o la integración en el sistema de regímenes altamente deficitarios (empleadas de hogar o autónomos). O que el sueldo de los funcionarios de la Seguridad Social (unos 2.300 millones de euros) se paguen, igualmente, con cotizaciones y no con impuestos. O que las numerosas reducciones en la cuota (con un coste estimado de más de 2.000 millones) sean consideradas bonificaciones para que se financien con impuestos. Aunque cueste creerlo, sigue sucedido algo parecido a los años 80, cuando la Seguridad Social pagaba los costes económicos de la reconversión industrial.

O lo que es verdaderamente inexplicable: que al estar topadas las bases de cotización, las rentas más elevadas no paguen por todo su salario, lo que desde luego no sucede en el IRPF. No es una cantidad pequeña: actualmente, la base salarial que no cotiza equivale a unos 26.775 millones, según CCOO, lo que supondría unos ingresos adicionales de algo más de 7.500 millones (aunque habría que restar los incrementos del gasto por el destope parcial de las pensiones máximas).

En definitiva, a la Seguridad Social se le han endosado en los últimos años —aunque es verdad que se ha avanzado en la separación de fuentes— mucho gasto que no le corresponde financiar, y por eso lo más urgente es actuar sobre los ingresos para salvaguardar ese patrimonio que es el sistema público de protección social.

Sobre todo, en un horizonte en el que factores como la longevidad van a ser determinantes. ¿O es que alguien pensó que la devaluación salarial no tendría externalidades negativas para el sistema público de pensiones?

El incremento de la esperanza de la vida no es ninguna tragedia para la Seguridad Social. Entre otras cosas, porque el gasto estimado en pensiones alrededor del año 2050 —se supone que el de máxima tensión financiera del sistema— se situará en el 13-14% del PIB, porcentajes que hoy tienen algunos países europeos en los que nadie piensa que el sistema vaya a quebrar. Precisamente, porque es financiable siempre que las cotizaciones sociales paguen lo que les corresponde y no corran con la juerga ajena. Sin duda, porque se oculta una realidad dolorosa que ningún gobierno quiere reconocer.

 

 

 

Los niveles de recaudación fiscal en España (alrededor del 38% del PIB) son incompatibles con la sostenibilidad a largo plazo de la Seguridad Social, a quien se le traslada de forma poco leal con el sistema una enorme presión financiera que debería ser asumida por el Estado en forma de impuestos. Es decir, se da la falsa imagen de que la presión fiscal es baja, pero luego se trasladan gastos a la Seguridad Social creando déficits artificiales. ¿O es que las pensiones de supervivencia (orfandad y viudedad), que no son de carácter contributivo, deben pagarse con cotizaciones y no con impuestos?

Esto, y no otra cosa, es lo que provoca cuantiosos déficits de la Seguridad Social utilizados para justificar un endurecimiento de las condiciones del sistema. El Gobierno, de hecho, en lugar de hacer un préstamo a la Seguridad Social podría haber realizado una trasferencia a fondo perdido para compensar los gastos impropios del sistema, lo que se hubiera traducido contablemente en ingresos no financieros del sistema alcanzando el equilibrio presupuestario.

 

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Rafael Gómez de Marcos

Rafael Gómez de Marcos

Enamorado de la vida, reivindico mi infancia, mi verdadera patria, tres pilares, El Capitán Trueno, The Beatles y Joan Manuel Serrat, me fascina la ópera, me encanta bailar bachata y considero que decir cine americano es una redundancia. TVE no vio en mí ningún talento tras más de treinta años de servicios, Talento que me concedió la Academia de las Artes y las Ciencias de la Televisión en reconocimiento a mi trayectoria profesional. Nunca he estado afiliado a ningún sindicato y jamás he militado en ningún partido.

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