La izquierda gana la batalla de las palabras y trata siempre de ganar la calle

en época de Aznar fue cuando se puso en gallego el indicador de salida de Madrid en la Autopista A6
En época de Aznar fue cuando se puso en gallego el indicador de salida de Madrid en la Autopista A6. La izquierda gana la batalla de las palabras

 

 

“Escuchamos siempre que el que gana la batalla de las palabras acaba ganando la de las ideas y en eso anda la izquierda en su reiterada perversión del lenguaje”

 

Escuchamos siempre que el que gana la batalla de las palabras acaba ganando la de las ideas y en eso anda la izquierda en su reiterada perversión del lenguaje, que va imponiendo términos que acaban haciéndose de uso común. La izquierda lo lleva en su ADN pero hubo también impulsos desde el otro bando o no se presentó batalla en el lugar y momento oportuno y el resultado no podía ser otro.

Hace algo más de un año traté este asunto del “lenguaje inclusivo” que la terminología progre ha ido dejando -gobiernos socialistas mediante-, haciendo femeninos nombres y adjetivos genéricos que convenían a la causa “feminista/regionalista”, pero hubo también cierta colaboración desde una querida región española que ayudó no poco a que se “normalizara” el nombre en gallego de la capital del Noroeste peninsular y ayudando a que se extendiera esa tendencia tan negativa.

Incluso hubo una demanda por conservar “La Coruña” frente a “A Coruña” -que recogía el Estatuto-, interpuesta en 1993 por la Mesa por la Normalización Lingüística (MNL) contra el entonces Alcalde Francisco Vázquez, que éste perdió en el Supremo y, si no recuerdo mal, en época de Aznar fue cuando se puso en gallego el indicador de salida de Madrid en la Autopista A6 que llevaba hasta allí. Lo mismo pasó con Orense o Gerona o Lérida o Vitoria o Bilbao…, iniciando una escalada progresiva de despropósitos que llevaron del bilingüismo inicial al más absoluto monolingüismo retrógrado en ciudades y pueblos de las regiones con lengua o dialecto propio, hasta el punto de no reconocer en muchos casos el nombre por el que las conocíamos en español, originando una aún mayor laguna en el ya poco saber sobre la toponimia española, característico de las nuevas generaciones posteriores a la reforma educativa de 1970 y no digamos entre las víctimas de la LOGSE. No deja de ser aberrante escuchar día sí y día también, en los informativos nacionales de medios públicos y privados, decir “Yirona” -lo escribo como suena porque no parece que lo digan con “ll”- u “Ontiñén”, por citar sólo dos, cuando dicen Nueva York y no “New York” o Londres y no “London”, por ejemplo. Menos mal que algunos -eso sí, extranjeros- llaman a las cosas por su nombre, como ocurrió el martes en el Círculo Ecuestre de Barcelona, cuando un empresario alemán le espetó al nacionalista presidente del “gallinero” catalán, Torrent (e), que “donde deberían estar todos es en prisión”.

Como dijo Francis Bacon: “No hay nada que haga más daño a una nación como que la gente astuta pase por inteligente

En definitiva, entre la victoria de las palabras que degeneran el lenguaje en la calle, donde se va imponiendo -y la RAE acaba adoptando en muchos casos de manera poco entendible-, y la doble vara de medir en la particular interpretación de la “libertad de expresión” -siempre que sea la de la izquierda progresista, claro-, ganan por goleada y me temo que con un resultado difícil de superar si hubiera alguna vez un “partido de vuelta”. Como dijo Francis Bacon: “No hay nada que haga más daño a una nación como que la gente astuta pase por inteligente” y astutos, en todo caso -y si acaso-, es lo más que hay en la izquierda política actual de las tres últimas décadas.

Lo mismo que la batalla de las palabras, intentan ganarnos la de las calles
Lo mismo que la batalla de las palabras, intentan ganarnos la de las calles

“La izquierda siempre dispuesta a “defender” los derechos del ciudadano, ha querido monopolizar ese movimiento poniéndose al frente del colectivo a través de una autodenominada Coordinadora Estatal por la defensa del Sistema Público de Pensiones”

Lo mismo que la batalla de las palabras, intentan ganarnos la de las calles. Sin retroceder demasiado hasta la concentración/ocupación de la Puerta del Sol, en 2011, o a movimientos “rodea el Congreso” y demás expresiones “democráticas” del derecho a expresar su descontento de la izquierda -que, por cierto, siempre acaba con destrozos de material urbano y heridos, más entre los “salvajes” miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado que entre los “pacíficos” reivindicadores de sus “derechos”- en las últimas semanas hemos visto que, “aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid”, es decir, que algunos pensionistas han manifestado su descontento con la ridícula subida del 0’25% de las pensiones -lo estamos muchos, pero no creo que sea ese el camino-, esa izquierda siempre dispuesta a “defender” los derechos del ciudadano, ha querido monopolizar ese movimiento poniéndose al frente del colectivo a través de una autodenominada “Coordinadora Estatal por la defensa del Sistema Público de Pensiones”, cuya portavoz es Victoria Portas, curiosamente una “jubilada” de Pontevedra de 41 años, ”brillante” administrativa -con todo el respeto al colectivo que, como todos, tendrá gente muy buena y válida- y destacada activista sindicalista perteneciente a En Marea -franquicia gallega de Podemos-, a cuyo Consello optó en las primarias de Enero de 2017, que comparte ese “honor” con otros dos acreditados “defensores de los derechos humanos”, Leopoldo Pelayo, portavoz de la Plataforma en Madrid, militante del PC y representante del Frente Cívico de Julio Anguita, Somos Mayoría, y activista en Marchas por la Dignidad, que replica mucho en Twitter a Podemos e IU y Ovidio Bustillo, exreligioso y pionero objetor de conciencia, miembro de Yayoflautas Madrid y antiguo editor de la revista Oveja Negra (Combatiendo al capital), cuyo ideario y contenidos se pueden ver en “san Google”. Cómo no, a la manifestación del 22 de Febrero se unieron, entre otros, Errejón y su compañero de filas, el “aseado” Rodríguez que con sus “rastas” dejó estupefacto a Rajoy cuando apareció de esa guisa en el congreso, Garzón (IU) y Simancas (PSOE), para que no quedaran dudas de quién estaba detrás de este “espontáneo” movimiento de la tercera edad. Por cierto, nadie se acuerda ya de que quien congeló las pensiones en 2011 fue ZParo y de que el primero en recomendar un plan privado para complementar la pensión pública fue Pedro Solbes, tercero y último Ministro de Economía con Felipe González y primero con Rodríguez, que tiene el dudoso “honor” de haber dejado arruinada España en sus dos etapas ministeriales.

También, el jueves, vimos en todo su “esplendor” la celebración del Día Internacional de la Mujer, para el que nuestras “avanzadas” progres convocaron su “huelga de mujeres” -discriminación positiva de nuevo, faltaría más- que apoyaron todos los sindicatos, medios y partidos de izquierda, curiosamente dirigidos por hombres, en los que no existe ninguna “dirigenta” -que dirían ellas-, y publicaron un manifiesto -panfleto sería mucho más apropiado decir, que tuve la santa paciencia de leer.

La concejala de Educación e Igualdad, Begoña Monllor, de Compromis
La concejala de Educación e Igualdad, Begoña Monllor, de Compromis, durante la concentración del 8 de marzo, en la que exhibió un cartel con un lema que atenta contra el respeto a las creencias religiosas

“En ese sentido circuló un comentario de Cristina Almeida sobre que no le gustaban estos piropos porque, decía, “Yo, como mujer quiero ir tranquila por la calle”

En ese sentido circuló un comentario de Cristina Almeida sobre que no le gustaban estos piropos porque, decía, “Yo, como mujer quiero ir tranquila por la calle” -dejo a la imaginación del lector lo que me suscitó-. Decían también que “Somos las que reproducen la vida” -cierto que llevan la mayor carga de la gestación, pero algo tendrá que ver su odiado sexo (que no género) masculino, aunque sea ‘in vitro’- y como prueba de que se les “coarta su libertad” en este campo, vemos que España ocupa el puesto 203 de natalidad, de una lista de 225 países, con una tasa de 9’2 nacidos por 1.000 habitantes y un índice de reposición de 1’32 hijos por mujer -frente al 2’1 en el que se sitúa el nivel de reemplazo generacional que garantiza la renovación poblacional-, que sería de 1’27 si excluimos los de madre extranjera. Exigen también “que la defensa de la vida se sitúe en el centro de la economía y de la política”, lo que resulta contradictorio siendo España uno de los tres países europeos con mayor número de abortos, en torno a 100.000 por año. “Lindezas” en fin que unieron a no pocas de nuestras progres entre las que estuvo la “neutral” Susana Griso, que se “licuaba” el miércoles ante Carlos Solchaga, ministro de Economía con Felipe González que pasó a la historia del “estímulo” inversor, “España es el país en el que se puede hacer uno rico en menos tiempo”, y ¡zas!, aparecieron los “convolutos” del AVE, Roldán, BOE, Cruz Roja, FILESA,… Dejo esto con una última “reivindicación” que de no ser parte de esa barbaridad de nefasto manifiesto me hubiera provocado la carcajada: “Las mujeres tenemos un papel primordial en la lucha contra el cambio climático”, aunque parece, añado yo, no tanto del “calentamiento global”, que la meteorología les está echando por tierra. Me acordé entonces de la mayor contribución conocida de una gran pensadora de la izquierda, ahora incursa en el caso de los ERE de Andalucía, que en su etapa de ministra de Fomento y ante otra nevada intensa se fue a Siberia para “aprender” cómo afrontarla y cuando se paralizó por la nieve el aeropuerto de Madrid nos obsequió con un “descubrimiento” insospechado: “Es que Barajas es ‘mu’ grande”.

Como esperaba, las manifestaciones “pijoprogres” feministas no acabaron con la “osadía” de llegar ante las embajadas de los países islámicos o a la mezquita de la M-30 -o las respectivas de otras ciudades- en defensa de los derechos de sus congéneres de esos países, en los que las libertades que las “intelectuales” de izquierda reivindican son absolutamente inexistentes.

Frente a esto, un grupo de mujeres de nuestra sociedad, femeninas que no feministas, replicaron con otro Manifiesto -éste sí, con mayúscula, que también leí- en el que dejan claro que “defienden que la gran mayoría de mujeres en España son libres para elegir carrera profesional, trabajo y tipo de vida”, con datos tan elocuentes como que “En la actualidad, hay más mujeres que hombres en la universidad, que el fracaso escolar es mayoritariamente masculino, como el suicidio, y que la presencia femenina se hace cada vez más evidente en profesiones como la medicina, judicatura, Administración del Estado o los niveles más altos de la política” o que “España, es uno de los países más seguros del mundo para las mujeres, con un índice de violencia de pareja comparativamente inferior a nuestro entorno, incluidos los igualitaristas países nórdicos”, destacando que “Desde hace décadas ha habido ministras, alcaldesas, presidentas (tes-hasta aquí llegó el contagio de las palabras-) de comunidades autónomas, Senado, Congreso, comisarias europeas y vicepresidentas del Gobierno”, a lo que yo añado, por mérito en el caso de la mayoría de las que llegaron en el Partido Popular -no ver un Jaguar es grave- y por cuota en el de las que lo hicieron desde el “progresista” Partido Socialista. Pero es que “Para el que no tiene nada, la política es una tentación comprensible, porque es una manera de vivir con bastante facilidad”, dijo Miguel Delibes.

Se dio otro paso en ese -todavía incruento- “segundo 11-M”, que vengo denunciando y que trataré mañana, con el que la izquierda quiere volver a echar del Gobierno al PP, eso sí, con su inestimable ayuda.

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Antonio de la Torre

Antonio de la Torre

Aficionado a la política, decepcionado con mi corta experiencia en ese mundo, y preocupado con la situación de "España, S. A.". Modesto tertuliano y articulista de opinión. Comparto inquietudes y propuestas, tratando de ayudar a crear opinión para mejorar el pervertido sistema político que nos ningunea.

Un comentario sobre “La izquierda gana la batalla de las palabras y trata siempre de ganar la calle

  • José F. Feijóo Carrasco
    el 18 marzo 2018 a las 12:27
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    Aplaudo el bilinguismo, tanto en la escuela como en las relaciones sociales, no que el monolinguismo sea impuesto impuesto desde las instituciones con ánimo de quererse destacar del otro, descartando o aparcando el idioma nacional, que corresponde y pertenece a todo el mundo hispano. No podía ser de otro modo, cuantos más idiomas se sepan mejor se manejará uno en la empresa y en el mundo. Lo que ya no puedo aplaudir es que se empleo el idioma autonómico como arma arrojadiza e imponiéndolo, incluso multando a aquellos que, o bien no lo escriben o bien no rotulan en ese idioma.
    Lo del cambio de denominación de ciudades y pueblos es, no solo perjudicial para los extranjeros que nos visitan, si no por los propios españoles que no entiendan el idioma de esa región determinada; en concreto, los desorienta y confunde.
    El que escribe tiene por costumbre denominar a los nombres, sean personas, animales o cosas, por el idioma español, si es que en ese idioma está hablando o escribiendo; es decir, a nadie se le ocurre, llamarle London a Londres o Deutschland a Alemania, cuando se está hablando en español; sería una estupidez. Por tanto, usemos el idioma en que estemos hablando para denominar a todo aquello a que nos estamos refiriendo y dejémonos de idioteces.
    En cuanto a las maniobras de la izquierda, son de sobra conocidas; es decir, todo lo contrario de lo que un Gobierno del PP decida; y por supuesto, echar a la gente a la calle, que se le da muy bien. El PP debiera de plantear lo contrario de lo que quiera hacer para que el PS diga lo que en realidad el primero desea llevar a cabo.
    Lo de Cristina Almeida es de traca; apostaría mi pensión de un mes, a que en su vida la piropearon, aunque fuera desde lejos. ¡Menudo choteo en Tuitter cuando pronunció esas palabras y se conocieron!

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