En esta España nuestra no estaría nada mal recuperar un poquito de alegría por el trabajo, educación y bien estar

El Precio Justo de Carlos Lozano
El Precio Justo de Carlos Lozano

“Recuerdo una España, en la que la gente en general trabajaba bastante alegremente. Las personas parecían estar más o menos contentas con lo que hacían”

A veces me pregunto ¿dónde está aquel mundo de mi primera juventud? Me cuesta responder a la pregunta, porque la verdad es que no tiene nada que ver con éste de ahora. No sé si es que es porque me muevo en otro estrato social diferente al de entonces o que ese estrato social ha cambiado de nivel o de calidad. O ni siquiera eso, si no que pudiera ser, por pura lógica, que quién ha cambiado haya sido yo y no mi circunstancia.

Recuerdo una España, en la que la gente en general trabajaba bastante alegremente. Las personas parecían estar más o menos contentas con lo que hacían. Habría descontentos y envidiosos, como en cualquier otra época, pero se notaba menos. Solía ir hasta el centro de Madrid sin grandes trastornos, la mayor parte de las veces al carecer todavía de carné de conducir en metro, que era mi forma de transporte preferido, aunque a veces iba a ver a alguna novieta que tuve en autobús, pues alguna línea me venía que ni pintada. Recuerdo coger el cincuenta y nueve que me llevaba desde la calle de Ayala esquina a la entonces General Mola hasta el parque de las Avenidas. En alguna ocasión cogí algún autobús para ir hasta la Puerta del Sol. Pero no era lo habitual. Para llegar al conservatorio iba hasta la estación de metro de Ópera. Recuerdo que éste estaba situado detrás del teatro Real.

“Nadie tenía miedo de retrasar su llegada a casa por las noches, porque la posibilidad de sufrir un atraco o tener algún incidente desagradable eran mínimas”

Allí, en aquella plaza había un bar, que creo sigue allí. Se llamaba El Savoy y los estudiantes de música, muchos de nosotros, pasábamos allí algunas horas entre clases estudiando o más bien charlando con otros amigos. Recuerdo también, ya por las tardes alguna vez, haber ido con una ex no sé si novia, porque nunca lo supe o amiga a las Cuevas de Sésamo. Un bar al que se accedía por unas escaleras de obra y cuyas paredes eran de ladrillo rojo. Había un piano y a veces alguien tocaba. Nadie tenía miedo de retrasar su llegada a casa por las noches, porque la posibilidad de sufrir un atraco o tener algún incidente desagradable eran mínimas, salvo que te fueras a barrios muy alejados del centro de la ciudad.

No sé si será una sensación imaginada o no, pero la gente en general parecía más feliz y eso que se trataba de una dictadura. Quizás una ya muy relajada, casi final, pero el caso es que esa era la sensación. No recuerdo que hubiera sucesos indeseables aparte de los normales, un poco de tráfico, que empezaba a ser agobiante en el centro, pero ninguna otra cosa. Recuerdo que en el mes de Julio y ya el de Agosto eran los mejores del año para estar en Madrid. Algunos dirán que la temperatura era infernal, pero yo a eso contesto que tenías la calle para ti solo. Recuerdo que con un seiscientos que había pasado por diecisiete dueños, antes de mí, era el dueño del asfalto. Podía aparcar como en las películas americanas en bordillos en los que no había un solo coche más. Y bajarme al lado de las terrazas de verano de Castellana o del parque del Oeste, para quedar con amigos a tomar alguna copa o refresco. Todavía recuerdo cuando un cubata en aquellas terrazas costaba la cantidad de ciento cincuenta pesetas.

Años más tarde me sorprendí nuevamente, cuando en un bar de Valladolid, me pidieron setenta y cinco pesetas por uno. Pensé que se habían confundido y así se lo dije al camarero, que muy asombrado me dijo, ¿cuánto pagas tu por un Cubata?. Pero este tipo de precios y alegrías, quedaron colgando del tiempo en los recuerdos. Y no me extraña que en la actualidad la gente en general arrastre un rictus de dolor y desesperación ante los nuevos precios de las cosas. Podría pensarse que bueno, que todo lo que tiene que ver con el negocio de la hostelería es lógico que haya subido, no por nada es un pequeño lujo. Pero lamentablemente no, no es así porque, lo demás ha subido en relación. Cuando hace diez o veinte años llenabas un carro de la compra hasta los topes por el equivalente actual a ochenta euros, a día de hoy no pagas el mismo carro a menos de ciento sesenta o ciento setenta Euros. Que te quedas con cara de gilitontos, cuando la dependienta te da la cifra. Pero bueno hasta ahí todo normal.

“El choque de verdad se produce cuando un amigo americano vino a verme trabajar al programa de televisión que yo hacía como realizador. El Precio Justo de Carlos Lozano”

El choque de verdad se produce cuando un amigo americano vino a verme trabajar al programa de televisión que yo hacía como realizador. El Precio Justo de Carlos Lozano. Al acabar me pregunto cuanto te pagan por todo este estrés… grabábamos por bloques casi en directo cinco programas diarios. Cuando le dije el sueldo, me dijo ”aquí en España están locos, por hacer esto en Estados Unidos te pagarían por lo menos cinco a seis veces más”. No creo que esto fuera solo en mi profesión y en mi empresa, porque tenía un amigo Cubano que había montado una empresa en Miami y me decía: “sabes Rodolfo yo tengo verdadero miedo a que un trabajador suba y me diga Don José Ramón en vez de Pepe o Pepín, porque eso significa que me va a pedir aumento de sueldo, no una cantidad impagable, pero si tres o cuatro dólares más a la semana. Y se los tengo que subir, porque ya sé que en la competencia se los dan y es difícil encontrar trabajadores preparados”. ¡Igualito que aquí pensé!, dile eso a tu jefe y verás como te vas a tomar por la retambufa sin muchas alharacas.

Claro ahora entiendo cómo ha cambiado el país, véase un ejemplo: Antes cuando alguien decía menú por tres Euros o sea quinientas pesetas, te estaban hablando de primer plato, segundo plato, postre y café, incluida bebida y pan. Hoy cuando ves el mismo precio te están hablando de una hamburguesa con patatas y una Cocacola, todo lo que salga de ahí ya tira a más de diez Euros que es lo que cobran de menú en un restaurante pobre.

Otro ejemplo: hace unos años forzado por las circunstancias me vi obligado a cenar en un hotel de cuatro estrellas con mi familia, porque nos alojábamos allí era un hotel, era el único que había por la zona y la constructora no nos habían dado nuestra casa aún, estuvimos esperando un par de días. Pues bien, un día a la hora de cenar en vez de ir a un Burguer cualquiera, le dije a mi familia si comíamos por una vez en el elegante restaurante del hotel. No voy a relatar el número de despropósitos del camarero que nos atendió, como por ejemplo poner los platos por cualquier lado y no por la izquierda y casi arrojados más que ponerlos sobre la mesa, tardar ni se sabe en traer un vaso de agua para mi niña, pequeña en aquella época, etc… Lo que pensé es “si mi padre levantara la cabeza y viniera a cenar aquí, se levantaría y se marcharía dando un portazo” y hubiera sido lógico. Pero el pobre camarero no tenía la culpa de no haber sido enseñado por el dueño del restaurante en las artes de atender al cliente, porque sabe que si no vienen dos clientes todavía quedan cientos de persona que vendrán. Vamos que un poquito de alegría por el trabajo, educación y bien estar no estaría nada mal recuperar.

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Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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