
«En otros tiempos esto se llamaba caciquismo, una práctica injusta que parecía estar al borde de la extinción»
Con la firmeza y consideración que siempre he tenido a mi amistad y fidelidad con Manuel Artero y La Paseata, excelente periódico digital que siempre dice con honestidad y valentía todo aquello que pretende perjudicar a España, escribo esta breve reflexión de la vida política española.
Es explicable la actitud conformista y en muchos casos borreguil de los miles de beneficiados con el amiguismo impuesto por Pedro Sánchez que, siguiendo el pésimo ejemplo clientelar, durante treinta años de la Junta de Andalucía, ha premiado sin ningún rigor académico y profesional a todos aquellos que han apoyado sin rechistar todas las mentiras socialistas. Hay que tener mucho cuajo para soportarlas sin inmutarse, pero han tenido su injusta recompensa. Peor para ellos y su conciencia.En otros tiempos esto se llamaba caciquismo, una práctica injusta que parecía estar al borde de la extinción. Ya vemos que no gracias a los socialistas-comunistas. Una práctica impopular que lleva sistemáticamente a la ruina de la sociedad. Si, los agradecidos tienen las tragaderas muy grandes, tan abiertas que se lo tragan todo, incluso las clamorosas mentiras de comunistas y socialistas.
«Alguien dijo que los peores son aquellos que pudiendo remediar las tropelías, no hace nada por evitarlas. Aprendamos de una vez»
Pero lo que se me escapa de mis cortas entendederas es el comportamiento del resto de la población que no creyéndose las continuas falacias, se comportan como si nada pasara. Son esa mayoría que solo esperan los resultados electorales, dándose cuatro años de mansedumbre vacacional. Salvo excepciones, les da igual lo que ocurra. Les parece poco importante la doble vara de medir según la realice la izquierda o la derecha. No importa el plagio de doctorado del presidente del Gobierno, ni que hayan mentido muchos altos cargos socialistas en sus curriculum vitae, como por ejemplo el de la mujer de Sánchez que se inventó una licenciatura inexistente para conseguir un trabajo muy bien remunerado. Todavía funciona para muchos su gran mentira: ser la supremacía moral del mundo. Alguien dijo que los peores son aquellos que pudiendo remediar las tropelías, no hace nada por evitarlas. Aprendamos de una vez.
