(X) La insoportable vecindad… Los ninis meones del botellón, el carrilano y el empacho ideológico

Los meones ninis del botellón en la estatua de Lorca

“Esos ninis, hijos de papá, sin cultura, educación y ni tan siquiera una ideología que les permita intercambiar los cromos de la conversación”

Esta mañana en las manos del poeta hay un casco de litrona. Seguro que quien, junto a la paloma lo colocó, creyó que hacía gracia. Estaría empachado de alcohol, y me temo que tras la resaca, su mente tratará hoy de equilibrar razonamientos y teorías para justificar lo injustificable, si es que puede, claro está, recordar su barbarismo.
 
 
 
También lo ha visto Antonio Manuel, el carrilano portugués, que es otro de los anónimos paseantes de Santa Ana en este otoño a punto de acabar. Nos saludamos todos los días con respeto y fumamos la mayoría de las veces en silencio un cigarrillo. De vez en cuando le invito a un café. Su compañía tan solo me ha fallado un par de mañanas en las que le tuvieron que ingresar en urgencias. Hoy tiene buena cara. Aparenta más de sesenta pero sus cicatrices en la frente delatan la dureza de la vida en la calle. Hoy, como siempre sonriente, me ha dicho mirando a Lorca: “Estas son las consecuencias del botellón. A estos zánganos borrachos les daba yo mis problemas para que pensaran en cosas serias”.
 
 
 
– Usted debe ver aquí muchas cosas durante las noches de los fines de semana ¿Se han metido con usted alguna vez?
 
 
 
– Mejor no le cuento las peores, me dice… Pero claro que sí… La otra noche me mearon encima tres que de verdad se lo digo, estoy seguro no lo hicieron para humillarme… Iban ciegos y aprovecharon el hueco ese del portal de la calle Príncipe, ya sabe usted cual, y ni vieron que yo dormía allí… 
 
 
 
Me sorprende  el retalito de bondad que Antonio Manuel guarda en su cerebro y que seguro le procura algo de bienestar en su penoso modo de vida. Debe ser, me imagino, algo así como un parche de seguridad que le permite sobrevivir en las antípodas de esos españoles, despreocupados porque incluso tienen un buen sueldo en su puesto de trabajo en esta sociedad del bienestar acuciada por el paro,  y que por diferentes motivos, tienen el cerebro empachado con el egoísmo y la ideología del odio. Conozco a unos cuantos y me dan mucha más pena que este hombre que, de vez en cuando, me cuenta alguna batallita real de la dura cotidianidad durante las noches en esta plaza de Santa Ana, en el barrio de las Letras de Madrid.
 
 
 
Una plaza  mas del botellón que, en horario nocturno habitan los jóvenes de escalón mas bajo que los empachados de ideología. Esos ninis, hijos de papá, sin cultura, educación y ni tan siquiera una ideología que les permita intercambiar los cromos de la conversación. Borrachuzos, meones, violentos, que me hacen intuir un futuro complicado más allá de la crisis, el paro, o esos empachos ideológicos que en la actualidad alimenta el Poder y el surrealismo político de la confrontación que nos invade.
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Manuel Artero Rueda

Manuel Artero Rueda ha dedicado toda su vida profesional a la televisión en la empresa pública RTVE donde, en los últimos veinte años, y después de haber trabajado como ayudante de producción y realización. ha realizado su oficio de periodista como reportero en el programa Informe Semanal, para el que ha realizado mas de trescientos reportajes. Licenciado por la Universidad Complutense, es autor del libro "El reportaje para televisión un guiño a la noticia" , un práctico temario con el que ha impartido clases tanto en el Instituto Oficial de RTVE como en el máster de periodismo de la Universidad Rey Juan Carlos. Desde el ERE inventado por Zapatero para TVE, dedica su esfuerzo y trabajo esta "La Paseata" un sencillo blog personal que con el paso de los últimos años, se ha convertido en una modesta revista electrónica en la que colaboran un grupo de amigos a los que une el amor a España.

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