
«No sé si el año nuevo 2019 va a ser bueno o malo, no soy adivino. De hecho, puedo afirmar que da lo mismo. Esto es así porque nada separa el día de hoy del de mañana, salvo las fiestas, los besos, abrazos y los deseos de que tengas un buen año»
No sé si el año nuevo va a ser bueno o malo, no soy adivino. De hecho, puedo afirmar que da lo mismo. Esto es así porque nada separa el día de hoy del de mañana, salvo las fiestas, los besos, abrazos y los deseos de que tengas un buen año. Personas que odian o rechazan la Navidad, serán hoy hermanos de paso de año, absurdo. Algunos incluso dejaran de matarse un ratito para celebrar, no sé que, con champán o lo que tengan a mano.
Para que mierda quieren algunos celebrar un año nuevo, ¿para seguir poniendo bombas?¿Para machacar a los otros? ¿Para ser independiente de Damasco o de Madrid? ¿Para que sus becerriles gritos se oigan por encima de los demás? ¿Para violar, atracar, robar, o medrar a costa de otros?¿Para no cumplir con sus obligaciones como meros seres humanos?¿Para no legislar una ley necesaria o innecesaria, qué más da? ¿Para decir que qué malo es Trump, o Aznar, o cualquier otro humano, del lado diestro? ¿Para chotearse de los demás a placer y reír a mandíbula batiente?
– Oiga, que dice mi mujer que estas fiestas son un coñazo.
– ¿Por qué?
– Vaya usted a saber, porque viene la familia y hay que estar contento.
– Pues sí, en eso tienes razón, tú.
Ve por un cordero lechal, por un cochinillo o un pavo, déjate lo que no tienes en el bolsillo que las uvas hay que comer. ¿cuáles? Las dulces y blancas, las moradas almibaradas, las de la ira, las de la mentira y la traición. No, las de este año, esas que muchos no podrán comer por el precio. Es que ha habido escasez, ya sabes, mala cosecha. ¡Vaya mala pata! Será por lo de la competitividad. Y ¿solo mala cosecha?, jatemate creí que había sido peor.
Malos cerebros diría yo. Ya no crecen como antes tan vivos y brillantes. Y a nosotros ¿qué nos cuentan, no valen aceitunas rellenas, o galletitas «Chorreo» o cualquiera otras? No mire usted, no todas valen, algunas campanadas se nos atragantaran cuando maldigamos las horas absurdas del mundo sin rumbo y a la deriva que nos aguarda y que cada año está más cerca. Pero con ser esto malo, ni siquiera pueda compararse a nuestra reacción de total histeria o desidia, según se mire, flotando al son que nos imponen los bárbaros que se avecinan.
Y la culpa… ¿Quién tiene la culpa sino el puto machismo del que no se libra ningún hombre por el mero hecho de serlo?Santa Hembrina, madre del sectarismo, cuídanos hoy a las ¿hembras? como nosotros supimos cuidar de nuestras mascotas. Mándanos por Skipe el mosaico de información inculto, móvil por demás, y para saberlo vacío de respuestas humanas.
– Pero ¿qué dice? Para mi que este es un facha.
– Sí probablemente lo sea, más de uno lo es.
– Pero… ¿Qué opción les queda?, les han obligado a defender sus intereses.
– Son unos putos egoístas.
– Puede que sí, pero admitir a medio mundo, extraño a tu cultura, y dejar que se la impongan, pasa de castaño oscuro, vamos de una mierda.. Donde quedó aquello de la belleza de la democracia, que flotaba entre florecillas campestres, al son de trinos de pajaritos, casi todos Canarios, para que íbamos a pedir menos. “Circula por una calle en una dirección, luego volverás por la otra” “¿por qué?”, “porque yo lo digo”. ¿Bajo qué iluminación?
– La navideña no, por supuesto.
– Y unos huevos muy grandes, dirás…
– De huevos nada, que son lentejas… la que yo ponga de museo de arte contemporáneo fría y azul, vamos vestida de tul, y sectarismo. Vuelven con las orejas gachas, por el otro camino, que ya no hay libertad ni para caminar. Menos para ninguna campanada celebrar. ¿dónde estará hoy mi abuelo que vestido con capa al la Puerta del Sol iba desde niño? El sí celebraba la vida nueva, la savia esperanzadora de un futuro abierto a todo. En dictadura sí, él que había sido Republicano. Pero tenía futuro sí, alejándose de todo lo que fuera volver al horror. El tenía algo que celebrar, la paz a pesar de las heridas y la muerte de un hermano, El sí tenía que entrar en los nuevos años con alegría para huir del horror de la sangre y de los cadáveres de las cunetas. Crearse un mundo nuevo, el único, a partir de lo poco que había y de los muertos.
«Pero hoy, me pregunto, cuanto tardaremos en dejar que otros humanos, venidos de otros mundos que no son el nuestro, repitan la experiencia y tiñan de sangre el suelo y las cunetas»
Pero hoy, me pregunto, cuanto tardaremos en dejar que otros humanos, venidos de otros mundos que no son el nuestro, repitan la experiencia y tiñan de sangre el suelo y las cunetas. ¿Creéis que vale la pena celebrarlo? Yo esperaba el año nuevo como un gilipollas cualquiera, pero hoy ya no hay años nuevos, solo años pasados, antiguos, cansados en medio de una nada que va hacia la nada de la destrucción, por lo menos en Europa, si algún político singular no lo remedia. Solo eso nos salvará de un año nuevo peor al anterior, como viene sucediendo. Ya no cacarean las gallinas en los corrales del portal de Belén, cacarean tonterías idiotizantes desde la televisión y la radio para consumo de memos que todavía creen en que el año que viene será mejor. Qué el año les pille confesados. Quizás todo se deba a que estamos un poco deprimidos, pero las emociones cuando se expresan, pueden compartirse e incluso se puede discrepar de ellas. Es lo que tiene el que todavía no hayamos perdido la libertad.
