
«Ábalos, con corbata azul dice que necesita un gobierno monocolor delante de un fondo rojo, a juego con sus ojos, aliñado con las palabras y eslóganes de la Pesoe»
Hay días en los que es imposible mentir con los ojos o la comisura de los labios, por muy mal que empiecen y uno se restriegue frente al espejo una buena dosis de relativismo antes de salir a la calle. Lo he comprobado al intentar sortear, junto a la Plaza de Neptuno al final de la calle Cervantes, un dispositivo policial con más de veinte secretas con el pinganillo en la oreja y, para ello, cruzar de acera frente al Palacio Neptuno, epicentro del despliegue policial. Todo ha sucedido después del instante en que, en mi recorrido, casi rozo a un famoso socialista, el tal Patxi López, el don nadie, y mis ojos imagino han expresado, con cándida sinceridad, mi aversión al vasco cobarde y en mi rictus alguno de los agentes secretos de su seguridad personal ha debido descubrir mis sucios pensamientos: «Vaya mierda de tío».
Y es que lo reconozco y lo asumo por experiencia: para los que de verdad son observadores, tanto los ojos como el rictus, además del denominado por los antropólogos lenguaje no verbal, representan señales inequívocas de la cualidad y defectos del ser humano.
El caso es que después de subir la cuesta de la calle Cervantes con aplomo, despacio y la frente muy alta para facilitar que el guardaespaldas me compruebe la edad, el nif y hasta mi historial en la seguridad social, al llegar a casa enchufo el televisor que me muestra la imagen de otro socialista, el señor José Luis Ábalos en plena soflama electoral. Ábalos, con corbata azul dice que necesita un gobierno monocolor delante de un fondo rojo aliñado con las palabras y eslóganes de la Pesoe.
Me llama la atención y se la presto. Habla, en plan mitin, de diálogo, de moderación, de encuentro en democracia y la necesaria convivencia par que los españoles podamos vivir en paz y progresía. Pero nadie le ha dicho que todo suena a mentira por el color de sus ojos rojos, quizás sencillamente reflejados por el fondo rojo de la parafernalia electoral, pero que a las claras, expresan su odio a la derecha y su poderosa crispación con media España a la que insulta con insolencia y esa violencia verbal y gestual que el guardaespaldas hace un rato me ha controlado. Todo un profesional al que debería escuchar con atención para aprender del lenguaje de la calle, de la vida y las esencias de la muerte, en la que al final todos nos encontraremos como lo iguales que somos, salvo en el poder y las mentiras.

