
«Dice hoy Sánchez (no sé en cuál de sus encarnaciones) que con la ultraderecha no hay que ir ni a la vuelta de la esquina»
Dice hoy Sánchez (no sé en cuál de sus encarnaciones) que «con la ultraderecha no hay que ir ni a la vuelta de la esquina». Es un típico ejemplo de sustitución de la realidad por las palabras, algo muy del gusto de los estafadores políticos como él.
La palabra «ultraderecha», como la palabra «ultraizquierda» no es más una referencia relativa: algo situado más a la derecha o la izquierda de otra cosa. Y, por tanto, no tiene connotación positiva o negativa per se.
Con quien no se puede, en democracia, «ir ni a la vuelta de la esquina», es con quien justifica o practica la violencia o con quien actúa al margen de la legalidad. Es decir, con aquellos con los que Sánchez no solo ha ido hasta la vuelta de la esquina, sino hasta la Moncloa.
Y da igual que esos filoviolentos o protodelincuentes estén a la derecha o a la izquierda de otros. Si alguien se define como de extremo centro, pero defiende ignorar las leyes, es con ese alguien con quien no se puede «ir ni a la vuelta de la esquina».
Con todos los demás, con los que respetan la ley vigente, podrás discrepar en más o menos cosas, sean de la ideología que sean. Pero es obviamente imposible que discrepes de ellos EN TODO: de entrada, al menos coincides con ellos en el respeto a las reglas del juego.
