
«Así estamos. En la española Cataluña, ya no se respeta al vecino, se le juzga y condena antes de notificarle nada»
Sale el Sol en Cataluña cada día, y esperanzado trato de recordar sus maravillosos amaneceres y presiento que los ha borrado del cielo la táctica política del enfrentamiento de los golpistas. Hoy en la bella capital donde me abrazo con muchos amigos cada vez que voy compruebo con tristeza que además echaré de menos los churros y el café con leche en la cafetería preferida de la plaza Urquinaona, esta mañana tomada en la barra por seres increpantes y de lazo amarillo, los catalazombis.
Así estamos. En la española Cataluña, ya no se respeta al vecino, se le juzga antes de notificarle nada, no se paran para dejar pasar, ni tan siquiera a un educado peatón como un servidor, que desea cruzar con sus bastones por el paso cebra, no, porque luzco la bandera española en la solapa y, al no pensar de la misma manera que la manada, no merezco nada. Estos son los «demócratas», estos son los que colocan cruces en las playas, cortan el tráfico sea de vehículos o de trenes, apoyan una sin razón y se contaminan de su propio ambiente, nos contaminan, y no son capaces de respirar educación. ¡Qué se le va a hacer! era la frase que nos decíamos antes de vernos desprotegidos de la mano del otro componente de la partida, el Estado. ¡Pero todo tiene un límite!
